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COLOMBIA (SEGUNDA ENTREGA). DEPARTAMENTO DE BOYACÁ


El día cuatro de octubre nos vamos en avión a Bogotá en cuyo aeropuerto está nuestro amigo Edwin esperándonos para hacer nuestra primera escala en esta enorme y complicada urbe de más de ocho millones de habitantes lo más cómoda posible. Nos trasladamos directamente a la estación de autobuses en unos taxis muy bien organizados y de precios más que razonables, ya que tienen un sistema para evitar abusos tan frecuentes en otras partes del mundo con los recién llegados que consiste en que antes de tomar el taxi se pasa por una cabina en la que se da la dirección y te entregan una prefactura por el importe de tu viaje, así no hay sorpresas ni recorridos "turísticos". Una medida de un país de los llamados en desarrollo que no estaría de más que viéramos en otros supuestamente desarrollados.

El río Magdalena desde el avión.
El río Magdalena desde el avión.

 

En la terminal de autobuses, principal medio de transporte de viajeros por el país, ya que el avión no está al alcance de todos y el ferrocarril desgraciadamente ha desaparecido en la práctica como en tantos otros lugares como medio de transporte habitual, los controles de seguridad son grandes pero ágiles, a los colombianos les piden la "cédula" (el D.N.I. local) y la introducen en unos terminales y a todos nos escanean los equipajes para entrar. Muy bien organizada la enorme terminal desde la que salen autobuses para todo el país y provista de cuanto pueda necesitar el viajero. No se siente ninguna intranquilidad típica de las estaciones de autobuses de tantos lugares en los que pululan buscavidas diversos, aunque vemos algún impacto de bala en un cristal.


Vista panorámica de la plaza mayor de Villa de Leyva. Si quieres ver esta foto panorámica a mayor tamaño la encuentras aquí (paciencia porque puede tardar en cargar).

 
Vídeo panorámico de la Plaza Mayor de Villa de Leyva.

Inicialmente habíamos pensado en seguir por el Caribe, pero luego decidimos dejarlo para el final del viaje pensando que aprovecharíamos así para descansar algún día por allí antes de volver a casa, por lo que nos fuimos a Bogotá y de ahí directamente a Villa de Leyva, una preciosa y tranquilísima villa de arquitectura colonial en el departamento de Boyacá, a unos ciento cincuenta kilómetros de Bogotá.

Hospital de Villa de Leyva.
Hospital de Villa de Leyva.

Habíamos reservado por teléfono, el medio más usual en el país para esta clase de gestiones, un alojamiento en una casa que habíamos visto por Internet y allá nos dirigimos a nuestra llegada al caer la tarde. La casa estaba muy bien pero demasiado alejada del pueblo como para ir andando, así que sobre la marcha decidimos volver a la plaza mayor, casi la única de ese nombre en toda Colombia, ya que suelen llamarse Plaza Bolívar, y buscarnos la vida. Aunque no solemos seguir las recomendaciones de la guía de Lonely Planet, sobre todo por evitar privarnos del contacto con la gente del lugar que ande de viaje y que no usa esas guías, como se trataba de Colombia, temporada baja y no era fin de semana, momento que aprovechan los bogotanos para llenar la localidad, nos aventuramos a indagar algunas de las propuestas que hacían de alojamiento económico, pero no nos convencieron, así que las chicas se dedicaron por su cuenta a explorar otras posibilidades y al final consiguieron alojamiento en un hotelito maravilloso en la plaza mayor misma (las fotos panorámicas están tomadas desde su terraza) a casi mitad del precio "oficial".

Patio del museo Luis Alberto Acuña
Patio del museo Luis Alberto Acuña.

Como el lugar es una maravilla y estábamos tan ricamente alojados nos quedamos hasta el día siete disfrutando de la localidad y los interesantísimos alrededores. Hasta el centro comercial, expresión que de ordinario nos hace huir en dirección opuesta, es un lugar acogedor, lleno de buen gusto y lugares con excelente cocina a los razonables precios a los que ya nos íbamos acostumbrando. En él recomendamos el restaurante "La gata" en el que unas encantadoras chicas preparan una deliciosa fondue, no vemos razón para comer permanentemente la comida más o menos típica ya que, aunque nutritiva la encontramos monótona y no demasiado atractiva, así que aprovechamos oportunidades como esa o como el del restaurante Zarina (aquí comida libanesa, mediterránea y vegetariana que también rompe con los tópicos) para disfrutar de la buena mesa.

Esqueleto púdico en el museo Luis Alberto Acuña
Esqueleto púdico en el museo Luis Alberto Acuña

Callejear por Villa de Leyva es retroceder unos cuantos siglos en el tiempo y recorrer sus calles empedradas con parsimonia y disfrutando de cada rincón y de la amable acogida de sus gentes con la ventaja de que todos los viajeros podemos comunicarnos sin muchos problemas con una lengua que no deja de ser, a pesar de sus pequeñas variaciones de acento y vocabulario la misma. En boca de los colombianos suena a nuestros oídos más dulce, musical y a menudo más rica y sin duda menos ruda que en nuestra propia boca. Como no estremecerse al escuchar a una muchacha preguntarle a uno "¿Qué le provoca, señor?", aunque luego sea la forma local de preguntar que se desea comer. En fin, disfrutando de las cosas importantes de la vida transcurren apacibles nuestros días en Villa de Leyva.

Bar-restaurante en la plaza mayo
Bar-restaurante en la plaza mayor.

 
Mercado semanal en Villa de Leyva

El único sobresalto llega cuando algunos de los viajeros optan por dar un paseo a caballo, cosa muy corriente en la zona, y al tratar de poner al trote a caballos acostumbrados a ir sólo al paso uno de ellos se alborota y el pobre Coque acaba con una coz en su pierna. Por fortuna no precisa más que de cuidados del botiquín de viaje y no le impiden seguir adelante.

Paseo a caballo.
Paseo a caballo.

Aprovechamos para hacer una excursión por la zona contratando para ello un minivan local en exclusiva para los seis que nos lleva todo el día a recorrer los lugares que decidimos por 150.000 COP (pesos colombianos), unos 50 euros (el peso colombiano se cambia por algo menos de 3.000 por euro). Nuestro chofer, Héctor, al que puedes localizar en la estación de autobuses ("terminal de transporte") pues trabaja en una de las líneas de busetas locales, nos lleva por polvorientos caminos y pistas, casi todas las vías fuera de las carreteras principales son así, en primer lugar a "El fósil", un pequeño museo creado, administrado y mantenido por la comunidad local y erigido sobre el mismo lugar en el que se encontraron fósiles de un ictiosaurio, una especie de cocodrilo prehistórico gigantesco, y otros muchos restos de interés.

El fósil.
El fósil.

Después vamos hasta el Parque Astronómico Muisca, también conocido por "El infiernillo", nombre que le pusieron los conquistadores para tratar de evitar que los nativos anduvieran por allí pues el clero de la conquista se escandalizaba de los monolitos fálicos que había en cantidad en el lugar, centro astronómico y de culto de los antiguos pobladores indígenas.

Parque astronómico Muisca
Parque astronómico Muisca. Si quieres ver esta foto panorámica a mayor tamaño la encuentras aquí (paciencia porque puede tardar en cargar).

 
Vídeo de la estación astronómica Muisca.

En el parque tuvimos la oportunidad de conocer a su director, Eduardo, un antropólogo de la Universidad Pedagógica de Bogotá, que trata de hacer algo más que ocuparse de la investigación y cuidado del parque, intentando que suponga un elemento de apoyo a la comunidad local. Un tipo magnífico que nos hizo recordar la excelente película hispanoargentina "Un lugar en el mundo", estamos seguros de que Eduardo lo ha encontrado. Habíamos quedado con él para cenar pero no apareció, suponemos que por algún problema con una reunión que tenía primero en otro lugar. En cualquier caso si alguien pasa por allí le agradeceremos que lo salude en nuestro nombre y recomendamos charlar con él un rato si es posible.

Peluquería y tienda.
Peluquería y tienda.

Anochecer en la Plaza Mayor.
Anochecer en la Plaza Mayor.

Y como curiosidad visitamos una de las pocas bodegas, con viñedo propio y todo, del país. Sí señor, en Colombia también hay vino. Las bodegas de Ain Krim, que produce blancos y tintos de las cepas Cabernet Souvignon, Sauvignon blanc y Chardonnay. Degustamos todos los caldos acompañados de unos quesos, ¡sin pan! (hay un pan delicioso en todo el país, pero sólo se consigue para el desayuno, la comida y la cena son sin pan por lo general) y estuvimos todos de acuerdo en que necesitan mejorar mucho ya que la calidad deja bastante que desear y los precios no son precisamente baratos (entre 10.000 y 25.000 pesos la botella en bodega).

Degustando vinos.
Degustando vinos.

Después de comer en un "Fábrica de longaniza y piqueteadero", o sea, en un sitio en el que hacen chorizos y se "pica", visitamos el monasterio dominico de Ecce Homo que data de 1.620.

Claustro del monasterio de Ecce Homo
Claustro del monasterio de Ecce Homo

A continuación, atravesando por unas pistas en fatal estado el llamado desierto de La Candelaria, que en realidad no es un desierto propiamente, sino que se llamó así al parecer por lo remoto y falto de población que estaba en su origen. Éste es un monasterio agustino aún en uso como seminario, aunque en la actualidad acoge a unos tres monjes y cinco novicios solamente, y al que según non dijeron deben ir al inicio de sus estudios y a enterrarse todos los agustinos de América, ya que al parecer es el primer monasterio del continente.

Monasterio de La Candelaria.
Monasterio de La Candelaria.

Y nuestra última visita, poco antes del atardecer, es para la pintoresca y "turística", suponiendo que haya turismo, claro, población de Ráquira, en realidad poco más que una plaza y una calle llena de tiendas a cual más colorida.

Juzgado de Ráquira.
Juzgado de Ráquira.

Tienda de Ráquira.
Tienda de Ráquira.

Tras estos apacibles días en Villa de Leyva y alrededores emprendimos viaje por carretera de nuevo hacia Bogotá, no sin antes negociar sin mucho esfuerzo a la baja el precio de los billetes del autobús que nos habría de llevar desde Tunja, la capital del distrito de Boyacá, hasta Santa Fe de Bogotá , que es como se llama la capital colombiana.

Recuerdo de muerto en la carretera
Recuerdo de muerto en la carretera, una de las principales causas de mortalidad.


Puesto militar en la carretera a Bogotá.

 
Vídeo de un tramo del viaje por la carretera que une Tunja, capital del departamento de Boyacá, con Santa Fe de Bogotá. Está presentado sin editar y fue tomado al azar como muestra del entorno no urbano por el que viajamos en el país.

 

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