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COLOMBIA VI
Por Antonio Bernardo (texto y fotos)
Excursión de dos días y una noche
al Cabo de la Vela
Esta excursión la hicimos desde Santa Marta, con la agencia
Vía Libre, lo negociamos por 210.000 pesos cada uno, en otros
sitios lo vimos por 200.000 y 250.000 pesos. Este precio incluye
el transporte, desayuno, comida, cena, dormir en hamaca, desayuno
y comida. El transporte es de puerta a puerta, te vienen a buscar
al hotel.A las 4:30 vienen a buscarnos al hotel en una buseta (una
furgoneta para personas de unas 10 plazas).

Compraventa.
Somos un total de 8 personas: la guía, el conductor, un francés
casado con una colombiana de Pereira (se conocieron por Internet,
se vino y se casaron), una chica de Bogotá y una mujer también
de Bogotá, más nosotros dos (Domingo y yo). A la hora
de trayecto paramos en Palomino a tomar un tinto (esto es, un café
solo), es un chiringuito que está en la misma carretera,
donde para bastante gente. La siguiente parada la hacemos en Riohacha,
ya son las 7:30. Aquí vemos la playa, que ya tiene gente
a estas horas, y un gran embarcadero para abastecer a los barcos
que trabajan en una plataforma petrolífera que hay cerca.
Aquí también desayunamos, hay de todo: tortuga, huevos,
chivo, tiburón, arepas, zumos, café
Hay mucha
gente comiendo platos fuertes de desayuno.

Sal
Seguimos una media hora hasta Urbilla, antigua capital de la tribu
indígena Wayuú. Aquí la guía se pasa
unos pocos pueblos, no para ni para dar una pequeña vuelta
por el lugar, nos pasean por el pequeño pueblo en la furgoneta,
cargan gasolina y nos vamos. Ya se ven muchos rostros indios y la
zona se nota más deprimida. Como estamos cerca de la frontera
con Venezuela hay mucho contrabando de gasolina, está lleno
de pequeños puestos que venden gasolina en garrafas.

Empujando.
Seguimos muy cerca de la explotación de sal de Manaure. Nos
llevan a ver el inmenso montón de sal y nos explican cómo
la consiguen: desecando unas piscinas de agua de mar.

Nativa.
Seguimos unos 40 km. por pista, que va paralela a la vía
del tren que han hecho sólo para sacar el carbón de
unas minas a cielo abierto cercanas (en Manantial), llega hasta
el puerto que está a la entrada del golfo de Portete. La
pista nos hace dar bastantes saltos en la furgoneta. Es una zona
cada vez más desértica, debe de haber muy pocos núcleos
de población, apenas se ve tránsito.
Mangosta.
Seguimos hasta llegar a una zona, en la costa, donde hay unos 15
molinos de aire para obtener energía eléctrica, que
nos enseñan como atracción turística. En este
punto dejamos la pista principal y nos metemos por un camino que
atraviesa esta especia de desierto por veredas en bastante mal estado,
ideal para un 4x4, pero no tanto para una furgoneta. Tanto es así
que llegamos a hundir las dos ruedas delanteras y estamos más
de media hora peleándonos para sacar la furgoneta del socavón,
poniendo tablas, levantándola con el gato y empujándola,
hasta que al final lo logramos. Hace bastante calor y sudamos para
sacar la furgoneta del bache.

Una compañera de viaje.
Hacia las 14:00 llegamos al Cabo de la Vela, directamente a la ranchería,
donde nos dan la comida y dejamos las cosas. El lugar está
casi en primera línea de playa, delante sólo tiene
los tenderetes que sirven de restaurante en temporada alta. Es un
chamizo de cañas, por supuesto, sin agua corriente ni luz,
tienen un generador y el agua dulce la recogen de la lluvia, usan
la del mar para los inodoros.

El autor de este reportaje.
Nos dan de comer perca frita con arroz, ensalada y patatas, está
todo muy bueno.
El pueblo no es mucho más allá que unos 20 ó
30 chamizos o rancherías como las llaman aquí. Es
una calle única, paralela a la playa, de tierra, apenas hay
vehículos, el transporte conjunto que tienen que son 4x4,
llegan cargados hasta los topes de gente y mercancías.

Atardecer.
La playa está bastante sucia de las tormentas que hubo los
últimos días, sacó muchas algas y peces muertos,
por lo demás está llena de conchas, el agua está
turbia.

Faro
Al atardecer vamos al faro, desde donde se contempla todo el cabo,
una gran extensión de color pardo, con una gran concha al
mar, con pocas rancherías, algunas dispersas. La mar está
tranquila y contemplamos una puesta de sol relajante.

El grupo
Al volver damos un paseo por el pueblo, con apenas dos farolas,
todo oscuro. Para la cena iban a poner langosta, pero debido a las
tormentas últimas no hay, así que nos conformamos
con un pargo frito, ensalada y patatas. De postre nos dan a probar
Chirrinchi, un aguardiente local, parecido a nuestro orujo, pero
el sabor no es muy bueno.

Descansando en las hamacas
Después de la cena nos hacen un fuego en la playa, a la orilla
del mar. Allí nos presentan a Toni, un wayuú local
que nos cuenta cosas sobre su cultura. Es un matriarcado, el Estado
tiene esta zona como una reserva, no hay policía y aplican
sus propias leyes, cuando tienen un problema llaman a un palabrero
(especie de abogado que "lleva la palabra" para mediar
en los conflictos) que conoce sus leyes y negocia entre las partes
para aplicarlas. Para casarse el hombre tiene que pagar una dote
(por ejemplo de 40 chivos), si no tiene le ayudan los familiares,
así la mujer es suya. Si ella le traicionara tendría
que irse y devolverle la mitad de la dote. Las que dan la herencia
son las mujeres, también son las herederas. Aunque en la
actualidad estas costumbres están cambiando.

Ciclotaxi
Hacia las 22:00 apagan los generadores y nos vamos a acostar, para
eso nos ponen en el mismo cobertizo donde comimos unas hamacas.
Es la primera vez que dormimos en hamaca, nos dicen que para que
no se doble mucho la espalda hay que dormir un poco de lado, en
diagonal, ensanchando la hamaca. Allí también duerme
con nosotros el hijo de la familia. También tienen habitaciones
a 20.000 pesos.

Todo en la camioneta
Hacia las 6:00 nos levantan, hace ya un rato que amaneció.
Fue toda una experiencia dormir al aire libre, sin mosquitos y en
una hamaca, hay que decir que dormimos regular, extrañando
mucho una buena cama.
Después del desayuno a base de café, nos podemos duchar,
cogiendo agua de lluvia de una gran vasija.
La guía y yo vamos a la zona donde salen los pescadores para
ver si traen alguna langosta, para comer, pero no hay nada. Los
pescadores están asociados en cooperativa, juntan el pescado
y lo venden a un mayorista que se lo lleva todos los días,
aquí no hay manera de conservarlo, sólo lo pueden
desecar. A estas horas la playa está muy tranquila y la temperatura
es muy soportable.
A continuación toca la excursión al Pilón de
Azúcar, una playa cercana. Como es época de lluvias
toda la planicie está mojada y con grandes lagunas por las
partes más hondas, de forma que la furgoneta no puede llegar
hasta allí (teníamos que haber venido con otra agencia
que hubiera asegurado un vehículo 4x4) y tenemos que hacer
una parte importante del recorrido andando, entre el agua, menos
mal que todavía no hace mucho calor, aunque a la vuelta sí
que sudamos.

Nativa
La zona es todo un desierto con alguna vegetación. La playa
del Pilón de Azúcar es muy bonita, sus aguas están
muy limpias y apetece un baño, pero
como es propio
de los viajes organizados: no hay tiempo para lo que quieres, hay
que cumplir el programa.
Después de esa visita ya iniciamos el camino de vuela, a
toda pastilla porque vamos retrasados y quieren ir a un pueblo cerca
de la frontera con Venezuela a hacer compras, está todo más
barato por el contrabando.
La ciudad fronteriza parece más sucia y desordenada, la zona
del mercado está muy ambientada. Vemos un puesto donde venden
cartucheras para pistolas usadas, se nota que debe de haber gente
armada.

India
El chófer nos había dicho que venir hasta este sitio
implicaba un sobrecoste de 10.000 pesos más por cabeza, pero
nosotros no pedimos venir, fue decisión de la agencia porque
la guía quería hacer unas compras. Aún así
el tipo nos pidió los pesos, parece ser que el resto de la
excursión le pagó, pero nosotros pasamos olímpicamente
del tipo, que no insistió. Vamos que quería aprovechar
el tirón para sacarse una buena propina.
El camino de vuelta lo hace a toda pastilla, estábamos un
poco preocupados por si nos dábamos la piña, menos
mal que llegamos si más contratiempo hacia las 18:00 horas.
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