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VIAJE AVIMUN A INDOCHINA
2005 (IV)
Por Antonio Bernardo
Fotos: Julio Martín, Antonio
Bernardo y Enrique Quirós
Día8, 12/10/05, miércoles. Halong
- tren hacia Hué
A las 4:30 Domingo se da un paseo por los camarotes para llamarnos
e ir a ver amanecer, me cuesta bastante levantarme pero me digo
que es el único día que voy a estar aquí
No amanece hasta las 5:30, pero hay mucha neblina y nubes, así
que no se ve el sol, volvemos para la cama y nos levantamos "de
verdad" a las 7:30 muy cansados (al menos los que hicimos el
experimento de intentar ver el amanecer).
El desayuno consiste en un zumo, huevo, quesitos, tostadas con mantequilla
y mermelada y café. A las 10:30 tenemos que dejar las habitaciones
para que las preparen para el siguiente grupo de giris, que entrará,
como nosotros ayer, a las 12:30.
Nada más desayunar nos llevan en la barca auxiliar (esta
es de motor porque hay otros barcos que la tienen a remo) a ver
un mar interior: pasamos, con la barca, por una especie de cueva
en la pared de un islote, que sale a una especie de gran lago todo
bordeado por el anillo interior del islote. El lugar es fantástico,
de nuevo me vienen a la cabeza historias de piratas y Robinsones.
Observo que no se puede desembarcar por ningún sitio, todo
es roca más o menos empinada.

Laguna interior con cueva de paso al fondo.
Todo está muy bien, pero no deja de ser ridículo
que vengamos por 15 minutos a este paraíso para verlo y marchar
inmediatamente, la dura vida del turista, todo lo que ve de turisteo
es fugaz e inasible, sólo queda la memoria, las sensaciones
y, claro, las fotos que luego enseñas vacilando de lo fantástico
que es donde estuviste cuando apenas lo oliste el tiempo suficiente
para sacar esa foto que enseñas con tanto orgullo.
El barco sigue de paseo por la bahía acercándose al
puerto. A las 11:00 nos dan la comida: gambas, tortas de calamar
frito, patatas fritas, carne cocida con verdura, pollo cocido con
verdura, repollo y de postre fruta. Cuando acabamos de comer ya
casi estamos en el puerto, a las 12:00 desembarcamos.
Al liquidar la cuenta de lo que tenemos que pagar en el barco, las
bebidas que habíamos tomado de más, ocurre que nos
rechazan las monedas, son muy nuevas y no saben que existen monedas
en su país, después de una explicación ya las
aceptan.
Una vez en tierra vemos un cielo negro que se acerca con pinta de
tormenta, incluso nos caen dos gotas antes de subir al autobús.
Tuvimos mucha suerte con el tiempo, tres días antes estuvo
cerrado y hoy no se va a ver nada. Montamos directamente en el bus
y nos vamos hacia Hanoi.
De camino nos quiere parar en una fábrica de cerámica,
pero nos oponemos, así que paramos un poco más allá
en un pueblecito (¿Hoi Dong?) muy normal que decidimos nosotros
mismos (aunque parezca que somos un grupo "normal" de
turistas los recorridos y paradas son de nuestra entera incumbencia,
algo que les cuesta entender a los guías que llevamos obligatoriamente
porque no consguimos conductores de autocar que hablaran inglés).
Dejamos el autobús en la carretera principal y entramos por
un camino asfaltado con casas a los lados, deben de estar en temporada
de recogida del arroz porque lo tienen secando en el suelo. Las
casas tienen una huerta - piscina, para cultivar arroz, también
tienen plátanos, carambolas
Al final llegamos a lo
que se supone que es el bar: una especie de cobertizo con una máquina
para hacer cañas que tiene que bombear para sacar esa cerveza
floja. Están encantados con nosotros. Tenemos un simpático
malentendido con parroquiano que está tomando una cerveza
en el chiringuito: saca dinero que nosotros creemos que es para
pagar las cervezas, por lo que le decimos, con todo nuestro carácter
español, que no, que pagamos nosotros, que está invitado,
pero él insiste, hasta que llega el guía y le pedimos
que le traduzca que lo invitamos, al final resulta que es el prestamista
del pueblo, el dinero era para dejárselo a la mujer del bar.
Total pagamos 36.000 D por 15 cervezas. De caernos bien pasó
a caernos un poco peor. Este hombre invita a Coque a fumar en una
extraña pipa consistente en una ancha caña de bambú
que al final le ponen un puñado de tabaco aromatizado, hay
que echar caladas muy grandes para sacar algo de humo.

Coque fumando la pipa de la paz.
En frente del bar hay una zona de juego infantil de la UNESCO, con
caballitos tirados manualmente. También hay un aula de informática
e Internet. Esta es una de las cosas buenas del socialismo, que
en una aldea remota pueden disfrutar de avances como el Internet.
Una vez en el autobús el guía nos cuenta que en el
campo todos son dueños de la casa, tienen el terreno y cuando
se casan la familia les hace la casa.

Abuelo y nieto en su casa del pueblo.
En Hanoi la vivienda es más cara, en el barrio antiguo una
casa cuesta a 2.500 $ el metro cuadrado, en otras zonas el precio
de un piso puede ser de 600 $ el metro cuadrado. Las rentas oscilan
de 30 $ una habitación a 2.000 $, un piso curioso puede ser
200 $.También nos cuenta que no hay gente pobre o sin techo,
todo el mundo tiene su casa, las familias son muy fuertes y unidas.
Hay seguridad social gratis para los niños hasta los 6 años,
los pobres también tienen médico gratis, el resto
paga. Le enseñanza primaria es obligatoria y gratuita, la
secundaria es barata, la universitaria es muy cara. Los que trabajan
para el gobierno o para una empresa importante tienen un seguro
que les cubre los gastos médicos. Sobre las drogas dice que
tienen problemas con Laos y Camboya por los tráficos ilegales;
tienen pena de muerte para los traficantes; para los drogodependientes
hay centros de rehabilitación por 2 años y una vigilancia
policial.
Al llegar a Hanoi cogemos rápidamente las maletas y nos dejan
una hora en la zona de la Ópera antes de ir al tren. En este
rato aprovechamos para hacer una pequeña merienda en una
cafetería - confitería de lujo (París Deli)
enfrente del teatro de la Ópera: un café y un pastel
y medio nos cuesta 60.000 D. Por esta zona están los mejores
restaurantes de la ciudad, con platos de hasta 30 $.
Esperando que llegue el autobús coincidimos con una excursión
de estudiantes locales, sobre todo chicas, allí Jimi hace
de relaciones públicas y luego hace el amago de subirse a
una moto con una chica, el guía se escandaliza y grita "tabú"
porque, dice, la chica se ofende, las vietnamitas son muy tímidas
(la verdad es que al principio estaba un poco seria pero luego se
reía), el caso es que, de esto nos enteramos días
más tarde, es normal que las prostitutas vayan en moto e
inviten a un chico a subir a su moto, igual pensó que Jimi
había creído que la chica era una prostituta.

Jimi haciendo amigas.
El guía nos avisa que en la estación no hagamos caso
a nadie que quiera ayudarnos con las maletas, porque pueden marchar
con ellas. Lo cierto es que no se nos acerca nadie. Al llegar a
la estación vemos que hay policía y nos piden el billete
antes de entrar al andén.
Nos toca el último vagón, camarotes - litera de cuatro.
Para ir a por las cervezas tenemos que atravesar todo el tren, en
ese camino vemos cuencos de sopa en las puertas de las cabinas de
viajeros locales. En los vagones de primera hace más bien
frío, están todos tapados con una manta. Es muy curioso
ver tantos rostros orientales durmiendo en mil inverosímiles
posturas. El vagón bar es muy pequeño, nos cobran
62.000 D por 7 latas de cerveza. Al llegar a nuestra zona encontramos
a todo el mundo revolucionado porque Edson sintió como un
ratón le pasaba por encima, claro, no encontramos al buscado
ratón. La higiene del sitio deja mucho que desear: en el
baño salieron setas - hongos por debajo de uno de los paneles
de la pared. La gente se pone un poco nerviosa con este asunto,
Pablo da un salto en la litera cuando el pie de Domingo le roza
la pierna al estar sentados hablando.

Hongos en el tren.
Es alucinante por donde pasa el tren en las zonas de ciudad, al
menos en Hanoi: las casas y negocios quedan a 3 metros máximo
de la vía, es como una calle más, sin vallas que lo
separen. Salimos puntuales a las 19:00.
Día 9, 13/10/05, jueves. Hué
La noche en tren fue como todas, un despertar continuo. Además,
lo del aire acondicionado es exagerado, te hielas, así que
tuvimos que taparlo con una manta.

Estíbaliz, Asier, María Ángeles y Edson en
el tren.
A las 6:15 nos llaman a la puerta para darnos una sopa de fideos
china, pero no nos llegan a traer nunca el agua caliente, así
que no la podemos tomar. En un extremo del vagón hay un depósito
con agua caliente, pero no nos atrevemos a tomarla.
Vamos saliendo de todos los departamentos al pasillo con cara de
sueño y desaliñados, hay mucha humedad. El paisaje
que vemos es de campos de arroz, que además de su agua natural
parecen inundados por las lluvias recientes. También pasamos
por zonas donde hay plantados eucaliptos. Por los pueblos el tren
pasa muy cerca de las casas, éstas suelen ser de planta baja
con un porche y un pequeño trozo de terreno. Se ve gente
caminando hacia los campos en bicicleta. Los pasos a nivel son con
barrera o sin ella y un simple señor con una banderita. El
cielo está cubierto y llueve un poco a ratos.
A las 8:15 llegamos a Hué, fueron 13 horas para hacer unos
650 km, a 50 km/h. Nos está esperando el guía junto
a otros que esperan a otros grupos y un montón de taxistas
buscando clientela, los taxis son todos pequeñas furgonetas.
En cinco minutos estamos en el hotel, parece cerca del centro. Nos
reciben con un zumo y una rosa.
A media mañana vamos a ver la ciudadela. El paseo por el
pueblo hasta allí nos resulta agradable, aunque hace mucho
bochorno, incluso nos empieza a llover un poco. Las calles están
más o menos bien urbanizadas, con los bajos llenos de negocios,
casas bajas, árboles en las calles y mucho tráfico
de motos y bicicletas.
Para entrar a la ciudadela hay que pasar por un rústico puente
que cruza el foso. Lo primero que se ve es la torre de la bandera,
que no es más que una mole de piedra con una bandera en lo
alto. La entrada es por una puerta muy oriental (la puerta del mediodía).
Compramos el billete de entrada por 55.000 D a un señor en
la puerta y cinco metros más allá otro nos lo pica.
La zona tiene rincones bonitos (el interior de los templos, del
palacio, las puertas, el teatro) pero está casi todo derruido
por la guerra. Tiene algo especial el pabellón de lectura
del emperador, aunque está muy deteriorado, pero su aspecto
y su jardín, casi romántico, tienen un punto para
la tranquilidad y la lectura. Todo esto estuvo abandonado hasta
el año 90 y se nota, ahora hay muchas obras para la reconstrucción
de los palacios y otras dependencias.

Entrada a la Ciudadela de Hue.
Al salir de la ciudadela vemos un grupo de gente vestida como si
fuesen para una boda, con trajes elegantes y de mucho colorido,
son trajes típicos de gala. Resulta que venía de visita
el príncipe heredero de Holanda. Según se bajan todos
los jerifaltes de los coches les hacen un pasillo y tocan música,
la actuación duró como mucho dos minutos, que fue
el tiempo que les llevó bajar del coche y adentrarse en la
ciudadela. Todo aquel montaje de aquella gente para un momento porque
un personaje sin oficio ni beneficio, nada más que haber
nacido en una familia y no en otra, viene de visita.

Montaje para la recepción.
Comemos en un sitio cercano de la ciudadela que viene reflejado
en todas las guías, el Lac Thanh. Cuando lo vemos casi no
entramos de lo cutre que parece, al final acabamos fiándonos
de lo que dicen las guías y entramos. Es un sitio pequeño,
más bien sucio. El dueño es sordomudo pero se comunica
muy bien por gestos, casi podíamos decir que habla más
que uno que hable. Lo cierto es que comimos bien y a un precio increíble:
104.000 D, o sea a 1,5 € por cabeza (éramos tres), y
eso con dos cervezas. Pedimos salteado de verduras y gambas con
salsa de cacahuete y papel de arroz (con el que haces una especie
de rollito y metes dentro la comida), una especie de frisuelo relleno
de carne y vegetales, habitas con calamares y rollo de primavera
relleno de ternera.
El comedor está en el primer piso, donde hay una pequeña
mesa como para 6 personas y luego otras dos mesas en las terrazas,
las paredes están todas escritas de recuerdos de turistas.
Al dueño le ayudan la que debe de ser su hija y otro chico.
Como este lugar tiene fama y va mucha gente le salieron dos imitadores,
uno a cada lado y con nombres muy parecidos, incluso en uno de ellos
también trabajan sordomudos. Al parecer es muy típico
del país imitar de forma descarada aquello que funciona.
Después de esta comida nos pasamos un rato sentados donde
un semáforo sacando fotos a discreción de las bicicletas
y motos que van cargadas a reventar y de los conductores y conductoras
tapados con las máscaras y los guantes hasta el hombro. ¡Por
fin pudimos sacar fotos tranquilamente!.

Ciclistas en Hue.
Seguidamente hacemos una visita al mercado de Dony Ba. Aquí
Carmen pregunta por el baño y la chica la lleva a través
de medio mercado hasta el sitio donde está. Carmen nos cuenta
que la trataron como a una reina, le limpiaron el baño antes
de entrar, se extrañaban que una turista fuese a un sitio
propio de ellos. En el paseo por el mercado vemos un poco de todo.
Muchos vendedores tienen los alimentos por el suelo, como suele
ser normal en estos mercados. Los pescados son todos muy frescos,
algunos los tienen vivos en recipientes con agua. También
venden ranas que despellejan vivas, luego siguen saltando por el
plato donde las ponen sin el pellejo. El mercado está bastante
bien provisto de todo tipo de alimentos de la tierra y el mar.

Vendedora de ranas.
Edson y María Ángeles nos cuentan luego que alquilaron
unos ciclos que les llevaron durante una hora por sitios muy bonitos:
templos, barcos vivienda
, pero al final les pidieron más
dinero de lo acordado, tuvieron un poco de follón.
Para cena Pilar nos propone ir a un restaurante que le recomendaron
en la oficina de turismo. Andamos y andamos, nos salimos del mapa
y no hay manera de encontrarlo, los números de las calles
parecen puestos a boleo. Al final acabamos en el restaurante de
un hotel de 4 estrellas, el Huong Giang. Aquí pagamos 80.000
D cada uno.
Jimi, Domingo, Coque y Pablo vieron una gran trifulca de tráfico
con pelea incluida, parecen muy tranquilos, y lo son en realidad,
pero cuando se ponen también saben dar de verdad. Acaban
cenando en un restaurante barco en el río, pero no les gustó,
tenían variada compañía como ratas, cucarachas
Día 10, 14/10/05, viernes. Hué
Hoy tenemos un despertar relajado, nos levantamos a las 8:00, muy
tarde para lo que acostumbramos. Estábamos todos muy cansados
de dormir poco, el calor y caminar.
El desayuno es quizás el mejor, con mucho y muy rico donde
elegir: creps de plátano, panqueques, varios tipos de fruta:
banana, plátano seco, mango, fruta del dragón, sandía,
guindas en almíbar
Hoy nos toca hacer un montón de visitas por los alrededores,
así que tenemos un autobús. En primer lugar vamos
a las pagoda To Dinh Tu Hieu, que está un poco fuera del
circuito turístico. A las diez de la mañana hay una
ceremonia donde los monjes cantan, tocan campanas y desfilan. Se
juntan los tres tipos de monjes que hay. Se puede distinguir la
categoría del monje por el color de su hábito, el
novicio es gris, el más avanzado marrón y el que está
más preparado amarillo.

Monja y monje budistas en la pagoda To Dinh Tu Hieu.
La pagoda está en un bosquecillo cuidado con jardines tipo
Zen y estanques, el lugar es encantador y muy acogedor. Visto así
apetece pasar una temporada de monje, aunque mejor que no te toque
cavar o hacer trabajos de esa índole, que también
vimos a otros monjes haciéndolos. Ana se sienta a hablar
con un monje y resulta que tenía él más curiosidad
por nosotros que el revés, la acribilló a preguntas:
la edad, de dónde éramos, qué habíamos
estudiado, por qué estábamos allí. Les extraña
que viniendo de un mundo rico y que lo tiene todo nos apetezca ir
hasta allí que viven de forma muy básica.

Ana charlando con los monjes.
A continuación visitamos la tumba de Tu Duc (55.000 D). Cuando
Hué era la capital del país los emperadores de la
dinastía Nguyen construyeron grandes mausoleos en los alrededores,
aunque menos uno ninguno está enterrado en la tumba que construyó,
por miedo al saqueo, incluso llegaban a decapitar a los que enterraban
al emperador. Esta tumba era de un emperador que tuvo muchas esposas
pero ningún hijo, se dedicaba a escribir poesía, aunque
parece que eso tampoco era lo suyo. El complejo de la tumba es muy
agradable, tiene un lago artificial, teatro, lugar para el harén,
palacio, embarcadero, isla, pabellón de solaz, un pequeño
monte, un bosquecillo, toda una impresionante residencia. No sólo
la utilizó como mausoleo, también pasaba allí
grandes temporadas de descanso, el lugar invita a la calma y reflexión.
Cuando acabamos esta visita subimos por un sendero cercano para
llegar a una colina con una panorámica estupenda sobre el
río Perfume. En lo alto hay tres casamatas americanas de
cuando la guerra. Podemos imaginarnos este tranquilo lugar lo que
tenía que haber sido en tiempo de la guerra, todo lleno de
militares
Se divisa una gran cantidad del río y sus
orillas, incluso tiene una vista sobre el valle de atrás.
Aquí quería hacer el gobierno nacional un complejo
de hoteles, pero por suerte el gobierno local se opuso y ahora es
una zona protegida.

Domingo con el río del Perfume al fondo.
En la carretera donde desemboca este camino hay unas casas y tenderetes
donde hacen sombreros cónicos típicos vietnamitas,
llamados "non la", éstos son de los buenos: tienen
dos capas de hoja de latania y en el medio una hoja de periódico
teñida y recortada con formas para que al trasluz se vea
una figura. Los venden a 1 $ y la chica que los está haciendo
nos explica que puede llegar a hacer dos al día. Las campesinas
de la zona también hacen estos sombreros cuando llueve y
no pueden salir de casa. También hacen sándalo, juntan
polvo o serrín de madera de sándalo con polvo de canela,
con un engrudo hacen una pasta que amasan como si fuera plastilina,
van untando palillos con esta masa que luego pasan por serrín
de madera normal. Venden los paquetes de sándalo por 15.000
D.
Seguimos a la tumba de Khai Dinh. Es el único que está
enterrado en ella y también es la última construida
(la acabaron en 1931). Tiene mucha influencia europea, tanto por
la estructura como por los materiales. Está en la ladera
de un monte, hay que subir una buena cantidad de escaleras hasta
llegar arriba. La sala donde está enterrado el emperador
parece un poco hortera. Tiene diseminados los símbolos de
los cuatro animales sagrados: el dragón que simboliza el
poder, al ave fénix que simboliza la belleza de las mujeres,
la tortuga que simboliza la longevidad y el unicornio que simboliza
la paz.

Artesana haciendo un "non la".
Nos llevan a comer a un complejo para giris: "Royal Park",
un comedor amplio y decorado como un teatro real, con un potente
aire acondicionado y un menú de 9 platos por 6 $, tenía
algo parecido a: gambas, gambas a la gabardina, especie de albóndiga
de carne, vegetales cocidos con carne, espaguetis, más vegetales
Está lleno de españoles, debe de haber tres grupos,
también hay turistas de otras nacionalidades.
Después de esta comida en abrevadero moderno para gente civilizada
vamos a ver la pagoda Thien Mu, sobre el río Perfume. Su
imagen, una torre octogonal de 7 pisos, está muy asociada
a Hué. Vemos a los monjes que viven allí cenando (o
al menos eso nos pareció) a las 16:45. De aquí proviene
el monje que se inmoló en Saigón a lo bonzo en 1963
para protestar contra el régimen del presidente Diem. Allí
guardan el coche, un Austin, con el que fue hasta Saigón.
Hoy Domingo, Jimi y Coque comieron en uno de los restaurantes locales,
de esos que tienen sillitas en la calle y donde pasan ellos el día.
Piden arroz con gambas y verduras, pero como no les quedaba lo suficiente
la dueña les quita de los platos de lo que debían
de ser sus hijas que estaban comiendo al lado del mostrador, también
pidieron noodles, que tampoco les quedaban, así que la solución
fue salir a pedírselos a un local cercano. Eso sí,
y a diferencia de lo que nos ocurrió en algunos hoteles,
no vieron ningún ratón, igual los ratones son un poco
más escogidos y no les gustaba esta comida. Pagaron por los
tres platos y tres cervezas 60.000 D.
A la noche, en el paseo después de la cena, nos encontramos
con varios barrenderos, todos muy equipados: casco, chaleco reflectante,
guantes y mascarilla, en España no van ni la mitad de equipados.
Realmente las calles se ven limpias. Observamos que el país
está más desarrollado de lo que en principio pensábamos.
Igualmente nos da la impresión de que la mujer está
bastante equiparada al hombre, se la ve independiente, al frente
de negocios y en cualquier trabajo.
Hoy Ana estaba un poco pachucha así que se quedó en
el hotel. Muy solícito Pablo va a comprarle la cena, como
no tenían nada en el restaurante frente al hotel uno de los
que están en recepción lo lleva en moto a un restaurante
abierto. Al venir se les pone una chica en moto a su altura e invita
a Pablo a ir con ella, Pablo un poco asustado da las gracias y le
explica que tiene que llevar la cena a su novia. Ocurre que aquí
la prostitución funciona así: las chicas van en moto
y te invitan a acompañarlas.
Día 11, 15/10/05, sábado. Hué
- Hoi An
Vamos en autobús hasta Hoi An, pasando por Danang, tardamos
unas tres horas en hacer 130 km. Los límites de velocidad
son de 30, 40 y 50 km/h y en autopistas, imagino que por el tráfico
de motocicletas, bicis, personas y animales, además hay bastante
policía controlando.
Paramos en Danang para ver el museo de escultura Cham (20.000 D).
Me recuerda mucho a los templos jainitas de la India, de hecho es
una cultura que deriva de los hinduistas. A mi gusto, como profano
y no muy interesado en la materia, no merece la pena, aunque dicen
que es la mejor colección de estas esculturas del mundo.

Escultura Museo Cham de Danang.
Aquí el guía vuelve a hacer gala de su capacidad de
embuste y vender, nos cuenta que hay un artesano local del mármol
que es equiparable a los grandes maestros italianos, que viene gente
de todo el mundo a verlo. Con esa tarjeta de presentación,
y no sé muy bien cómo, le dejamos que nos lleve. Resultó
ser una empresa que se dedica a hacer esculturas de piedra y mármol
para vender a los turistas, en la entrada a la nave tienen a tres
tipos desbastando dos grandes piedras, todo el resto es una gran
tienda exposición con grandes, grandísimas, medianas
y pequeñas figuras. No vemos a ningún artista trabajando
la piedra, y en cuanto a lo que exponen hay de todo, desde grandísimas
horteradas hasta alguna cosa pasable.
El paisaje es muy bonito, alterna llanura y montaña, pasamos
un par de puertos, mucha vegetación, todo muy tropical. También
se ven muchas casas típicas: de dos o tres pisos, con balconada
y corredor, estrechas y largas, bonitas, me recuerdan a las de los
indianos, sólo en ciertos aspectos, muchas tienen montado
debajo un chiringuito, almacén, taller o tienda.

Camino de Hoi An.
Hacia las 13 horas llegamos a Hoi An. El hotel está muy bien,
tiene una piscina en un patio interior, así que lo primero
que hacemos es pegarnos un chapuzón. Luego damos un paseo
por el pueblo, es un lugar muy bonito, agradable, como manejable
y también muy turístico, aunque veamos pocos turistas.
Nada más salir del hotel unas chicas nos entran para que
vayamos a su tienda, les decimos que no, y luego vemos que nos siguen,
en bicicleta, por todo el pueblo durante más de dos horas.
Coque se acerca a hablar con ellas, le dicen que quieren ser sus
amigas, que cuánto tiempo vamos a estar aquí
,
pero aún así no paran de seguirnos, hasta que llegamos
a la zona del mercado, entonces se acercan, incluso nos cogen por
el brazo, para decirnos que vayamos a su tienda.
Vamos a cenar al café Des Amis, un sitio de aspecto más
bien cutre, pero en el que se come de puta madre, muy recomendado
en algunas guías. El cocinero, Mr Nguyen Manh Kim, cocinaba
para los generales survietnamitas, luego estuvo en Europa, tiene
15 hermanos y todos viven en Europa. Tiene 64 años y volvió
a su tierra porque es tradición que el hijo mayor siga donde
sus padres, al menos eso es lo que nos contó cuando salió
a saludarnos. Cuando te sientas a comer te preguntan si quieres
carne, pescado o vegetariano, luego te sacan un montón de
platos, todos muy buenos. La cerveza es la más fría
que tomamos en todo el Vietnam. Al final tomamos un chupito de un
licor local de caña muy rico, con aroma de plátano
y muy suave.

Comiendo en el Café des Amis.
Día 12, 16/10/05, domingo. Hoi An
En el desayuno de hoy tenemos como invitado estrella a un ratón
que se pasea tranquilamente por el suelo del comedor. Decidimos
hacerle el mismo caso que le hacen los locales, ninguno, si anduvo
por encima de lo que comemos debe de querer decir que estamos inmunizados,
además de que no dejó mucho sabor u olor, así
que a seguir con lo nuestro.
Este pueblecito es casi todo museo, mejor dicho tiene muchos museos
y lugares visitables, así que te venden una entrada por 75.000
D que te permite visitar todas las calles de la ciudad vieja (aunque
no lo compres también las puedes visitar, pero eso es lo
que dice en la entrada), uno de los tres museos, una de las cuatro
casas viejas, una de las tres salas de reuniones, ir a un concierto
de música tradicional, visitar la tienda de artesanías,
el puente japonés y el templo de Quan Cong. Aunque la realidad
es que en algunos lugares no te piden la entrada y en otros aunque
ya la tengas cortada te dejan pasar igual.
Lo que más nos gustó de todo lo que vimos es la sala
de reuniones de la congregación china de Fujan (Phuc Kien),
la más antigua de todas. Todo muy a lo chino. Nos llamaron
la atención unas grandes espirales de incienso que tienen
colgadas del techo, que deben de ser ofrendas, muchas de ellas pagadas
por los turistas, hasta le ponen el nombre de quien las pagó.
Las casas antiguas tienen una pequeña tienda a la entrada
que ayuda a vivir mejor a sus actuales dueños. El templo
de Quan Cong es muy pequeño, según se entra tiene
un patio muy acogedor con un estanque, peces y una islita con un
árbol en el medio. Por la parte de atrás se entra
al museo de la historia y la cultura de Hoi An, tiene fotos de los
años 50 que muestran cómo se recuperó el pueblo,
además de campanas, cañones y otros objetos recuperados.

Altar templo.
La tienda de artesanía que incluye la entrada es eso: una
tienda de artesanía, con la peculiaridad que algunos artesanos
hacen allí mismo sus trabajos, nosotros tuvimos la mala suerte
de llegar en el momento en que estaban descansando porque era la
hora de comer. Tienen algunas cosas interesantes, pero nada del
otro mundo.
Coque pasa de visitar los museos, alquila una bicicleta por 10.000
D para todo el día y se va hasta la playa. Nos cuenta que
es muy grande, pero bastante tomada por hoteles con pinta de lujo.
Pasamos una tarde lluviosa, de tormenta tropical un poco larga,
en el hotel, primero en la piscina, disfrutando con el agua por
todos lados. Luego vamos a cenar a un lugar muy normalito, por 41.000
D cada uno. De la que volvemos al hotel compramos en un súper
mercado ron de caña como el que tomamos ayer por 20.000 D
la botella de 650 ml., tiene 29 grados de alcohol y llegamos al
acuerdo de que sabe a vainilla, plátano y caramelo.
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