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VIAJE AVIMUN A INDOCHINA 2005 (V)

Por Antonio Bernardo

Fotos: Antonio Bernardo y Enrique Quirós



Día 13, 17/10/05, lunes. Tren Hoi An - Ho Chi Min


Hoy no vimos al invitado extra de ayer, igual es porque madrugamos un poco más y aún no se habrá levantado.


A las 9 viene al autobús para llevarnos a Danang a coger el tren para HCM. Cuando estamos en la recepción esperando a que todo se arregle y bajen todas las maletas llega una empleada con dos botellas de agua, pregunta algo que no entendemos, al menos los que no sabemos inglés, así que seguimos a lo nuestro, hasta que resulta que es el agua de nuestra habitación. Anoche compramos agua para llevar hoy en el tren y en vez de meterla en la nevera la dejamos fuera y hoy cogimos las dos botellas que había en la nevera y dejamos allí estas otras, pero con tan mala suerte que son de distinta marca y a los del hotel no les gusta, así que hicimos el ridículo pareciendo que queríamos robar las botellas de agua del hotel, o darles el cambiazo. Como todavía no las habíamos abierto las descambiamos y ya la empleada se fue tranquila con sus botellas originales recuperadas.


El autobús tarda unos 45 minutos hasta la estación de tren de Danang. Allí todavía tenemos que esperar una hora a que abran el andén y llegue nuestro tren. Vamos en cabinas de cuatro literas.
Empezamos el viaje a las 11 horas y llegamos a HCM a las 5 horas, en total 18 horas de tren. Pasamos esas largas horas de tertulia por los departamentos, bebiendo cerveza y ron, picando algo de los víveres que traemos, protegiéndonos del aire acondicionado, leyendo, durmiendo y haciendo fotos. Como el ron se nos acaba pronto en una de las paradas se baja Jimi, que no tiene ni idea de idiomas que no sea el castellano, pero que es un experto en la comunicación por gestos y demás, a buscar más ron, para ello escenifica a un borracho y así va de puesto en puesto, siendo la atención de todos los locales que había en la estación, hasta que en uno sí tienen el ron, aunque este está un poco más fuerte y no sabe tan bien como el otro.

Arrozales
Arrozales comio de Ciudad Ho Chi Minh.


Al mediodía nos pasan, como en los aviones, con un carrito y bandejas de comida: una especie de acelga en agua verde, toffu, arroz blanco y verduras cocidas. Probamos algo pero es todo muy insípido, además de que su presentación lo hace muy poco apetecible. O sea, lo dejamos todo tal y como nos lo trajeron, una pena, pero cuando el cuerpo dice que no es que no, y echamos mano de las provisiones que habíamos comprado antes porque ya estábamos sobre aviso de lo poco apetecible de la comida de los trenes vietnamitas.

Comida del tren.
Comida del tren.


Día 14, 18/10/05, martes. Ho Chi Min


Llegamos a Saigón a las 5 de la madrugada. A las 5:30 ya estamos en el hotel, pero no podemos entrar en las habitaciones hasta las 12, así que vamos a buscar donde desayunar. Cuando llegamos al hotel estaba todo apagado, en la misma recepción dormían el recepcionista y los botones, que despertamos con nuestra llegada.


A estas horas está todo en silencio y cerrado, sin tráfico. Poco a poco, según se va haciendo de día, va despertando la gente, hay poco a poco más motos y se empiezan a abrir los negocios. A estas horas vemos a mucha gente en los parques haciendo gimnasia, estiramientos, jugando a una especie de paddel (para ello en todas las zonas de paseo hay pintados en el suelo como pequeñas campos de jugar al tenis), ejercicios con un palo… El juego parecido al paddel se hace con una especie de pelota que tiene una pluma y un pequeño muelle para rebotar, le dan con la mano, los pies, la cabeza y con lo que puedan, hay grupos que juegan con muchísima habilidad. Hay gente de todas las edades haciendo ejercicio, pero sobre todo gente mayor.

Hotel Rex
Hotel Rex al amanecer.


En el tiempo que nos llevó dar un paseo hasta el río se llenó la calle de motos y bicis, ya es difícil cruzar las avenidas.


A las 7 desayunamos en la cafetería Givral, en frente del hotel Rex, salimos a 70.000 D cada uno por un café, un zumo y un pastel.


Unos pocos nos vamos a que nos den un masaje en el Instituto Vietnamita de Masaje Tradicional, que es un servicio de una institución para ciegos. Las chicas que nos dan el masaje son ciegas. Por una hora de masaje nos cobran 30.000 D (10.000 más si es en una habitación con aire acondicionado, pero realmente no hace falta). Es un masaje relajante, con aceite, nada que ver con el tailandés.
Volvemos andando al hotel, de camino vemos la catedral, el palacio de la reunificación y correos. Las distancias parecen grandes en el mapa, pero luego te pones a andar y no es tanto, aunque un rato lo lleva.

Catedral de HCMC.
Catedral de HCMC.


Se nota que estamos en una gran ciudad, con mayor nivel económico, más agresiva, más moderna, tiendas europeas… A la par que vemos cosas muy asiáticas como una chica con una bolsa llena de escorpiones vivos o un motorista con una cobra en una jaula.



Después de un merecido descanso vamos un rato de compras. Vamos al mercado que hay al lado del hotel Rex. No es que haya demasiado que comprar: algo de artesanía de madera y poco más. Después quedamos en la terraza del Rex (el hotel más conocido de Vietnam en la época de la guerra contra la invasión estadounidense) en para tomar una cerveza. Kike y Carmen vienen flotando porque se acaban de dar un masaje californiano, vamos como el nuestro, en un salón de estética al lado del mercado. Por la cerveza en la terraza nos obran 33.000 D. Luego cenamos en el Tan Nam, muy cerca del hotel, muy bien, tocamos a 80.000 D cada uno.

Tertulia nocturna
Tertulia nocturna en la terraza del Rex.


Nuestro hotel es el Bong Sen Anex (¡ojo! tienen otro llamado Bong Sen a secas que parece ser que es peor), en una zona muy céntrica, cerca de la Ópera. A la noche, de la que entramos al volver de cenar, se juntan un montón de tipos en moto invitándonos a ir con ellos que nos van a llevar al mejor espectáculo de chicas de la ciudad. Se ve a tempranas horas de la noche cierta vida nocturna. A las 12 muchos locales ya cierran, imagino que quedarán los más golfos, que resultan estar en la calle de nuestro hotel y alrededores, aunque son bastante discretos.


Día 15, 19/10/05, miércoles. Ho Chi Min


Hoy toca una ronda de visitas por la ciudad. La primera es al Palacio de la Reunificación (15.000 D). Es un edificio de los años 60, feo a mi gusto (ya había uno desde 1868 pero se tiró y se rehizo varias veces). Está más bien desnudo, la sala de recepción del presidente es de un estilo frío, más bien soviético, con una gran alfombra con el símbolo chino de la suerte. La sala de recepción de embajadores tiene una decoración que más parece africana. Al lado están las dependencias privadas de los antiguos presidentes de Vietnam del sur, las habitaciones son sosas y frías aunque grandes.
El sótano es un refugio a prueba de bombas, allí estuvo el centro de comunicaciones y de mando americano. Todavía hay muchos viejos aparatos de radio y comunicaciones.

Despacho presidencial en el bunker
Despacho presidencial en el bunker del palacio.


No todos hicimos esta visita, unos fueron a ver la catedral y correos. El palacio de correos es muy bonito y bien merece la visita. La catedral también la merece para ver las estatuas de santos rodeadas de tubos fluorescentes de colores. Otro grupo se adelantó a la siguiente visita, el museo de los restos de la guerra, allí nos esperó hasta que desesperó, al final de nuestra visita hubo un pequeño motín con caras largas, enfados y esas cosas propias y típicas de cuando sientes que las cosas no salen como a ti te gustaría. Gajes del oficio de hacer un viaje rodeado de gente.


El museo de los restos de la guerra (10.000 D) no es muy grande ni tiene grandes cosas pero sí que merece la visita. En el exterior tiene varias armas pesadas, un helicóptero, dos aviones, tanques y otras menudencias por el estilo, todo armamento utilizado en la guerra contra los americanos. El interior consta de 7 salas que sobre todo tienen fotos de las atrocidades de la guerra. Hay fotos de americanos maltratando a vietnamitas (no muy distinto de lo que ocurre ahora en Irak, la historia no hace otra cosa que repetirse, y la guerra es matar por mucho que nos digan otras tonterías), se ven algunos con cabezas de vietnamitas separadas del cuerpo que las llevan colgando como auténticos trofeos de guerra. Hay fotos de la matanza de My Lai y del teniente que lo hizo, que luego fue senador y hasta el año 2001 no reconoció su crimen. Conservan en botellas de formol fetos deformes por los efectos de los herbicidas, también hay fotos de niños con importantes malformaciones congénitas debido a los productos químicos utilizados en la guerra. Todavía hoy nacen niños con malformaciones y hay unos miles que viven abandonados en instituciones caritativas, intentaron que los americanos se hicieran cargo del gasto que supone su atención pero éstos dicen que no está relacionado con los productos que tiraron (¿?). Se muestran también diversas armas de menor calibre, algunas de ellas fueron experimentales.

Fetos con malformaciones
Fetos con malformaciones en el Museo de Restos de la Guerra (antes llamado de Crímenes de Guerra).


En otra sala reconstruyeron las cárceles de confinamiento y tortura que utilizaron los survietnamitas en la isla de Con Son. Incluso hay una guillotina francesa que se usó durante la guerra. Es un museo horroroso e imprescindible a la vez, es una muestra de lo que nos ha tocado vivir.

Guillotina francesa.
Guillotina francesa.


A continuación, y después de unas palabras del Presidente acerca de los motivos de la pequeña sublevación de parte del grupo, exculpándose de toda responsabilidad al no ser un adivino, cosa por todos sabida, nos vamos a ver la pagoda del Emperador de Jade. Es un sitio con un encanto especial. A la entrada hay dos pequeños estanques, el de la derecha está lleno de tortugas de todos los tamaños, la gente las compra y las echa allí como ofrenda, la tortuga no solo es un símbolo de longevidad, también lo es de la educación y clase. En el interior hay maderas talladas antiguas, varios budas, figuras de emperadores y sus ayudantes y dos grandes estatuas de generales que vencieron al tigre blanco y al dragón.


El guía nos cuenta que la barriga de buda es porque está lleno de agua, la sonrisa porque ve a sus devotos hacer el bien, las orejas largas porque oye con atención a sus fieles, y así alguna cosa más que no logro recordar. La esvástica en el sentido de las agujas del reloj (la de Hitler es al revés) habla del proceso de la vida, que se nace, crece, enferma y muere, un proceso que conocemos pero que no podemos parar.


La pagoda tiene varias salas muy acogedoras por la luz de las velas, la madera, el humo y olor del sándalo y los rayos de sol que entran por los orificios del techo. En la última habitación hay imágenes de mujeres que representan características humanas. La gente entra, hace ofrendas y ora brevemente ante los diferentes altares.

pagoda del Emperador de Jade.
Devota en la pagoda del Emperador de Jade.


Para acabar las visitas con el autobús vamos al barrio chino, al mercado de Binh Tay. Es un gran mercado cubierto lleno de mayoristas de zapatos, telas, juguetes, comida… todo muy vistoso. Está más bien tranquilo a la hora a la que vamos (hacia las 12). En todos los puestos hay gran cantidad de mercancía en grandes paquetes que atiborran todo el espacio. Los vendedores se agrupan según el producto por calles.


Un pequeño grupo decidimos no volver en el bus y adentrarnos en el barrio chino hacia la zona de las herboristerías tradicionales. Así empezamos a caminar y caminar hasta que pensamos que ya teníamos que haber llegado. Mirando el mapa no vemos ninguna de las calles donde estamos, preguntamos y la gente no entiende de planos, caminamos por una transversal y luego nos metemos por un mercado de barrio hasta que llegamos a una zona sin salida. Observamos que todo el mundo nos mira y algunos sonríen. La zona se nota que es un poco extrarradio, tiene alguna calle sin asfaltar y casas de madera bajas. Después de un rato de desconcierto decidimos que estamos perdidos y sin idea de por dónde, así que volvemos sobre nuestros pasos. En este camino, al pasar por delante de un café Jimi se enrolla con la gente que está en la terraza y acabamos sentándonos con ellos. No tienen cerveza, pero envían a alguien a por ellas. Entre tanto nos ponen un café con hielo, que todos rechazan pero que yo tomo, primero quité todo el hielo que pude, estaba riquísimo, el mejor que probé en mucho tiempo, de intenso aroma, suave y dulce. Por esta zona nadie sabe inglés, pero aquí encontramos a un señor que entiende de mapas y nos dice que estamos en el lado contrario a donde imaginábamos, incluso estamos fuera del mapa. Nos despistó que en el mapa habían pintado la fachada del mercado al revés y nos guiamos por ella para adentrarnos en el barrio, ni se nos ocurrió mirar la brújula, de lo fácil que parecía.


Con todo este despiste estuvimos andando unas cuatro horas o más, casi sin parar, incluso nos acabó lloviendo. Al final pasamos por la zona de las herboristerías, que sí que huele la calle pero no es nada vistoso, además de que se nos está haciendo de noche y empezando a llover.


Para rematar el día y demostrarnos una vez más que el mundo es un pañuelo, encontramos a la pareja de Gijón que conocimos en la bahía de Halong.


Para cenar nos juntamos con otros miembros del grupo. Kike nos cuenta su experiencia de hoy con los masajes (últimamente se da uno cada día), hoy se lo dio de pies y también le sentó de maravilla. Cenamos en un restaurante tailandés cerca del hotel (Malee Thai, 37 Dong Du St., Ben Nghe Ward) por 100.000 D cada uno, simplemente estuvo bien.

masaje de pies
Ana y Domingo dedicados al masaje de pies.


Hoy nos enteramos por Internet de la gran notita nacional: que la recién estrenada princesa de las Asturias tuvo que ingresar en el hospital porque tuvo contracciones, al final no fue nada, una falsa alarma, ¡mira que si tiene un embarazo psicológico! y no tenemos descendiente real, ¡vaya lío que se puede montar!


Día 16, 20/10/05, jueves. Ho Chi Min


Hoy vamos en primer lugar el templo caodaista de Tay Ninh, a 96 km., tardamos unas 3 horas en llegar, con una pequeña parada de 15 minutos.


El templo es como una tarta rosa con montón de adornos horteras. Esta religión pretende ser un sincretismo de todas las demás (cristianismo, confucionismo, budismo, hinduismo, taoísmo e islamismo). El templo por dentro es una gran sala con tres naves, con los techos cóncavos y adornados como si fueran el cielo lleno de estrellas, en el lugar del altar hay una gran bola del mundo con un inmenso ojo, su símbolo, el ojo izquierdo por ser el lado del corazón.


Tienen cuatro oficios al día, nosotros vamos al de las 12. Nos tenemos que descalzar para entrar en el templo. Está lleno de guardias, son los mismos fieles que van todos de blanco, algunas mujeres llevan un pañuelo en la cabeza, que nos dirigen, no nos dejan pasar de una raya hacia el centro de la nave y tampoco dejan que saquemos fotos a personas, incluso si somos nosotros mismos. En el templo hay nueve niveles (que se reflejan en nueve escalones), que son los niveles que los fieles tienen en esta religión. Somos muchos los turistas que nos paseamos y sacamos fotos. A las 12 nos mandan a todos para el piso de arriba porque empieza su ceremonia. Entran como en procesión al son de música de cuerda y coro, se arrodillan, se colocan cada uno en su nivel, solamente hay uno en el nivel más alto, luego tres en el siguiente y así hasta la cantidad mayor que está en el último y penúltimo. Sólo hacen que agacharse, subir y bajar las manos y la música más o menos se repite. Al rato los turistas nos aburrimos y empezamos a irnos.

templo Cao Dai.
Devotos en el templo Cao Dai.


El templo tiene una gran explanada delante, hay un gran monolito y parece que las edificaciones de los alrededores también son del templo, se ven escuelas, guarderías, sitios de ocio…


De aquí volvemos al bus y 2 horas después estamos en Cu Chi. Según llegamos nos pasan a una sala con un video y maquetas de los túneles. Nos ponen un video de unos 15 minutos en castellano (con gran acento cubano), las imágenes son bastante malas y en blanco y negro. Fue rodado en plena guerra por un equipo que vino de Vietnam del Norte expresamente para eso.

túneles de Cu Chi.
Fragmento del diorama de los túneles de Cu Chi.


Nos explican que tardaron 20 años en hacer los túneles, los empezaron a hacer para refugiarse, al final eran para vivir, refugiarse y luchar. Había tres niveles, desde los 2-3 metros hasta los 8 metros de profundidad. Simplemente excavaron la tierra, sin postear o nada parecido.


Luego nos llevan a un trozo de selva casi recién repoblada, porque en su día quedó todo esquilmado. Allí vemos los cráteres de las bombas, trincheras, puestos de vigías, la entrada original a los túneles camuflada, trampas muy diversas (excavaban en el suelo y ponían pinchos, artefactos que daban la vuelta con pinchos…), tienen toda una colección de trampas artesanales. También tenían talleres donde reciclaban armas fuera de uso y bombas sin explotar para hacer minas y bombas caseras. Al parecer los americanos tardaron mucho tiempo en saber lo que ocurría, encontraron el primer tunel por casualidad. Hay un tanque original, tal y como quedó después de una bomba.

Soldado vietnamita
Soldado vietnamita entrando en uno de los túneles.


Se visitan dos túneles, uno de 100 metros y otro de 25. En el de 100 se puede salir a los 20 metros. Son realmente angustiosos, hay que ir de rodillas o en cuclillas, corre poco aire, se suda mucho (a esto también ayudan los nervios de la situación, muy claustrofóbica), hay zonas un poco más estrechas donde realmente hay que gatear y si llevas una mochila atrás se puede atascar. Dentro tienen una habitación como las que usaban ellos. El túnel más pequeño dicen que es original, es un poco más estrecho que el más largo que, al parecer, se hizo para turistear porque muchos occidentales con ceben en los túneles originales que están hechos para las medidas habituales de los vietnamitas. Fuera ya de los túneles tienen varias salas medio enterradas, reproducciones de las que tenían dentro de los túneles: sala de reuniones, cocina, hospital. Al final de la visita nos invitan a té con mandioca cruda y cacahuetes molidos con azúcar.

dentro de uno de los túneles
Ana dentro de uno de los túneles de Cu Chi.


El guía nos cuenta que cuando lleva a americanos que estuvieron aquí se emocionan y lloran. En su día tenían cuatro palabras que, en inglés, empiezan por "f", para describir la guerra: encuéntralos, combátelos, jódelos y olvídalos (find them, fight them, fuck them and forget them).


Tenemos dos horas de bus hasta el hotel. En ese tiempo cae un buen chaparrón. En el camino vemos como han replantado caucho y otros árboles, también vemos campos de arroz y muchas aldeas.
El guía le cuenta a Kike que es fotógrafo y amenaza con traer mañana su "book". Está un poco extrañado con nosotros, piensa que trabajamos en turismo y que este es un viaje de incentivo. Hoy lleva una camiseta que ponía "USA", es bastante proamericano, al parecer, al menos eso dice, estudió en San Diego.

Hoy Kike nos lleva a cenar a un sitio que sacó de Internet y es de obligada visita por su decoración, está en lo que era una pagoda o templo, el "Club Temple" (calle Ton That Thies). Es un lugar en un primer piso (en el bajo hay una heladería y en la terraza una barbacoa). La decoración es preciosa, tipo colonial francés, el servicio exquisito y la comida muy buena: yo tomé un pescado a la salsa de tamarindo que estaba muy rico, otros tomaron arroz aromatizado con canela…, cenamos por 150.000 D (las cervezas costaban 30.000 D).

tallarines crujientes
Plato tallarines crujientes con verduras y gambas en el Temple.


Día 17, 21/10/05, viernes. Ho Chi Min


Después de la conversación de ayer con el guía, que nos contaba que era muy buen fotógrafo, Kike le propone que hoy nos lleve a hacer un recorrido fotográfico por algún barrio de la ciudad fuera del centro y de los circuitos turísticos normales. El hombre acepta y nos lleva a una zona aledaña al centro, pasando un puente sobre el río. En uno de los márgenes está lleno de barcas que traen frutas a un embarcadero, allí están desembarcando. Por el otro lado del puente hay barcas mayores, están en una zona más industrial. En la otra orilla hay una zona de chamizos sobre pivotes que están medio metidos en el río. Aquí la gente nos mira mucho y se ríen. El guía nos cuenta que esto fue en su día un barrio de ladrones y asesinos, pero que hoy ya no lo es, así que podemos andar tranquilos, imagino que el hombre habrá leído muchas novelas, aunque es evidente que el ambiente del barrio es un poco más fuerte que lo que estábamos acostumbrados a ver, hay casas más pobres y todo en general está más deteriorado, nada distinto de lo que pueda ocurrir en cualquiera de nuestras barriadas, pero allí. Mucha gente nos pide fotos, que les sacamos rápidamente, a otras personas les pedimos nosotros sacárselas.

Vietnamitas
Vietnamitas de un barrio popular.


Después de estar una hora en este sitio nos lleva a una zona con mercado, un barrio de casas bajas que por la parte de atrás dan a un canal fanganoso que es más una cloaca que otra cosa.
De camino el guía le pregunta algo a Kike sobre Jimi (no sé si ya lo dije, pero Jimi es una persona muy abierta, que le encanta estar parte del día diciendo y haciendo cosas más o menos divertidas, tiene poco sentido del ridículo y actúa bastante) y le cuenta que es un famoso showman en España, luego Ana continúa la historia diciendo que tiene un programa de televisión propio, donde canta y actúa, pero que es una persona muy normal que le gusta viajar sin lujos, de incógnito con sus amigos de siempre. Esta historia obra milagros, el guía ya lo mira de otra forma.


Unos pocos nos metemos por una callejuela adyacente al mercado y que va paralela al mismo, es muy estrecha, apenas dos metros y bastante larga. El guía se apunta a venir con nosotros y no para de observar la actuación estelar de Jimi. Vamos viendo cómo la gente vive en sus casas, todo el mundo es muy amable, se dejan sacar fotos y los niños nos rodean, acaban acompañándonos toda la visita, a ratos casi no nos podemos mover porque nos rodean totalmente. Jimi la monta varias veces, se sienta con ellos a jugar a las cartas y a una especie de parchís, todo el mundo se ríe mucho y se asombra de ver a un turista por allí y además que se siente con ellos a jugar y se ría con ellos, el guía va detrás alucinado, a veces habla con alguien del barrio, no sabemos qué les contará de nosotros. Nuestra visita es todo un acontecimiento festivo. Lo que podemos ver de las casas desde la puerta es muy sencillo, hay sobre todo mujeres y niños, también algún joven y alguno de ellos con pinta de chulitos que van sobrados de casi todo. Mucha gente está tirada por el suelo viendo la TV o hablando, otros juegan a las cartas, otros cocinan o preparan la comida, otros comen… Todas estas casas por la parte de atrás dan a la cloaca, allí tiran de todo, huele fatal y está lleno de ratas, en época de lluvias si sube el nivel tiene que entrar toda la mierda en las casas. La calle por donde vamos está limpia y las casas y los balcones se agolpan de cualquier forma. En una de las casas hay una decoración en la entrada de una boda, incluso salen los novios para fotografiarse.

Chabolas
Chabolas plagadas de anteneas de televisión.


Cuando salimos a la calle principal nos siguen los niños, unos 10 ó 12. En un lugar hay una orquesta tipo pachanga tocando por la boda. Allí se para Jimi, que le gusta mucho la música, y se pone a bailar con ellos como un loco, se monta una de cuidado, todo el mundo ríe, se agolpa mucha gente. Seguimos por el mercado y ya todo el mundo debe de saber de nosotros, la gente se deja hacer fotos, nos las pide incluso. En un tenderete donde venden sujetadores Jimi tontea con las mujeres que hay allí, acaba tirado encima de todos los sujetadores que del tenderete y a su alrededor las chicas que lo atienden están muertas de risa.

puesto de lencería.
Jimi en el puesto de lencería.


Por la tarde, después de un gran chaparrón, vamos a que nos den unos masajes en el salón de belleza que nos dijo Kike, por 100.000 D nos damos el masaje con aceite. Es un masaje bastante agradable, dura cerca de una hora. Las chicas que dan el masaje a la par estudian inglés, la que estaba dando el masaje a María Ángeles no paraba de preguntarle cosas a las otras dos masajistas, le quería decir a Marái Ángeles que era muy bonita, les gustan los cuerpos de mujeres occidentales más rellenas y con más curvas que ellas, a nosotros no nos dijeron nada. Este masaje es mejor que el que nos dieron en el instituto de los ciegos. Algunas de nuestras compañeras de grupo montaron un poco de bronca porque les daban los masajes en la misma sala que a los chicos, tienen cuerpos de misterio que no es posible entrever, ni siquiera a través de unas cortinas… Al salir aprovechamos para hacer alguna compra en el mercado que está al lado. Por esta zona, hasta el hotel, hay muchas tiendas de artesanía y otras cosas propias para turistas, también están las tiendas de ropa que deben de ser las más caras de Saigón.

Pedaleando bajo la lluvia.
Pedaleando bajo la lluvia.


Para cenar hoy Carmen nos sugiere "El Mandarín", no está muy lejos de la zona. Llueve, así cuando llegamos estamos empapados, pero nada más entrar nos recogen los paraguas e impermeables y nos dan una toalla para secarnos, un detalle estupendo. Cuando pedimos unas cervezas mientras esperamos nos damos cuenta que el detalle va incluido en la cuenta, por una caña nos cobran 40.000 D, lo más caro que pagamos en todo el viaje. El sitio está muy bien puesto, tienen una sala como de espera para pasar a cenar (también la tenía el de ayer), con una decoración muy escogida, tipo colonial. La carta tiene los precios en dólares, cosa que nos desconcierta, pensamos que es carísimo, y lo es, pero no tanto como puede serlo en nuestro país, los precios oscilaban entre 5 y 34 dólares. Hay un momento de desconcierto en que parte del grupo no tiene muy claro si quedarse, hasta que al final todos nos quedamos. En este tiempo de espera Jimi, Coque y Domingo, tres especialistas en el inglés por señas, ligan con dos japonesas muy guapas que también esperan, por desgracia todo su ligue quedó en una conversación antes de la cena. Una vez que entramos en el comedor todo son atenciones, casi hay tantos camareros como comensales: un camarero te acerca la silla, otro te pone la servilleta en la rodilla… Todos los platos que pedimos están muy buenos, con estupendas presentaciones. Un plato sale por unos 140.000 D, no está nada mal para ser el restaurante más caro de Saigón. Cuando llegamos al hotel miro en mi guía, me sonaba algo el nombre del Mandarín, decía que era el mejor restaurante de Saigón, ¡como para que nos pareciera barato!


 

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