Logo

 

 

AVIMUN Página de la Asociación de Viajeros del Mundo (AVIMUN) www.avimun.org
MENÚ
DEFENSA
INFORMACIÓN
RELACIÓN
VIAJES
 
AYUDA
NOVEDADES
REGISTRARSE
ASOCIARSE
CONTACTAR
UTILIDADES
RADIO
BLOG

Reportaje del viaje de AVIMUN a Indonesia (Java, Islas Célebes y Bali) 2007

Sexta entrega: Islas Célebes: Tana Toraja o vivir para el funeral


Llegamos al país toraja y una puerta a modo de arco triunfal con un "tongkonan", o casa tradicional toraja en forma de embarcación, sobre ella. Los toraja parece que proceden de tierras de Mongolia interior y vinieron en barcos a estas tierras en las que se asentaron, pero para recordar su procedencia decidieron construir su casas, y graneros, llamados "alang", con formas de barco y orientadas aquellas siempre al norte y al sur los graneros.

Entrada a Tana Toraja
Entrada a Tana Toraja

En tierra toraja la religión mayoritaria es la cristiana, mitad católicos, mitad protestantes de distintas iglesias, pero también hay una pequeña comunidad musulmana. Al igual que en el resto del país que conocimos las mezquitas, casi todas invariablemente en proceso de ampliación o mejora, cuando no de alzado de nueva planta, se encuentran por doquier y muy activas. Los toraja son unos 350.000 y ocupan una extensión de unos 3.000 kilómetros cuadrados de la isla de Sulawesi. Hasta fines del s XIX los europeos no penetraron en las tierras altas del sur de Sulawesi que constituyen el territorio toraja.

En Makale, capital administrativa del país toraja, vemos las primeras iglesias cristianas, las católicas rematadas en una cruz y las protestantes con un gallo. Comemos cerca ya de Rantepao en el adecuadamente llamado "Open Air Panorama Restaurant", pues la terraza cubierta da a unos bonitos arrozales con un fondo de montañas. La dieta es la habitual, aunque aquí se hace algo más variada sabrosa y disfrutamos hasta de patatas cocidas. Volveremos a visitar esta casa para probar unos platos típicos torajas que han de encargarse con horas de antelación debido a lo que lleva su elaboración.

Makale

Makale

Finalmente llegamos a Rantepao, base para nuestra estancia durante los próximos días y nos alegramos de asentarnos un poco sin tener que andar diariamente con el trasiego del equipaje de aquí para allá. Nos alojamos en el magnífico hotel Heritage Toraja, antiguamente del grupo Novotel, como los de Yagyakarta y Solo, en unas habitaciones que imitan los tradicionales tongkans torajas. A nuestra llegada, junto con el habitual cóctel de bienvenida nos ofrecen una pequeña demostración de los masajes de los que podemos disfrutar, a precios promocionales gracias al descuento que solicitamos e inmediatamente obtenemos, en el "spa", balneario en román paladino, del hotel. El regateo está a la orden del día como ya hemos comentado y no se escapan de él ni los hoteles de lujo.

Recibiendo masajes
Recibiendo masajes

Lo que queda de la tarde lo empleamos en descansar un poco, hacer las tareas del hogar, o sea lavar y tender la ropa y organizar un poco nuestros revueltos equipajes y, sobre todo, en recibir unos buenos masajes que nos dejan como nuevos.

Como el hotel está alejado del pueblo decidimos declarar "día del turista" y cenar en él pagando los "elevados" precios que piden por unos platos de pasta y pizzas que aquí se convierten en un lujo exótico, aunque inferiores a los aproximadamente nueve euros, descuento incluído, ¡faltaría más!, que cuesta el bufé que tratan de colocarnos primero. Cuando estás acostumbrado a comer por cuatro euros por comer el pagar ocho resulta todo un exceso.

Cuando más felices nos las prometíamos para el descanso, por lo "apartado" del hotel, descubrimos que la amplificación de la lejana mezquita del pueblo no tiene nada que envidiar a la de cualquier concierto de heavy metal y con el añadido de los gallos de pelea, que no dejan de cantar tampoco en toda la noche, pasamos la última noche del Ramadán de la forma que es fácil imaginar.

A la mañana siguiente, despertados, que no despiertos, mucho antes de la hora convenida, nos consolamos con el estupendo desayuno que es norma en hoteles de este nivel y comenzamos las visitas de este país toraja.

Heritage Hotel en Rantepao

Heritage Hotel en Rantepao

Para tratar de explicar mejor lo que pudimos captar la cultura local me aparto momentáneamente del formato cronológico del relato de nuestro viaje y adopto el que considero más apropiado para la exposición del universo cultural toraja.

Para poder entender la forma de vida de los toraja hay que empezar hablando precisamente de la muerte, pues es ésta la que articula toda la actividad de este pueblo. Más exacta y propiamente no la muerte misma sino el rito funerario.

Los toraja son, como hemos dicho, cristianos, pero como en tantos lugares del mundo su cristianismo está fundido con creencias animistas ancestrales que en este caso dominan lo fundamental de sus vidas. Al parecer, cuando con la invasión holandesa llegaron los misioneros, entre los toraja se celebraban ciertos ritos, que no gustaron lo más mínimo a los clérigos y por ello apoyaron los ritos funerarios como contrapeso.

Para tratar de entender mejor las cosas hay que notar que los toraja no poseen una cultura escrita hasta la época colonial, y que antes de ella la estructura social toraja no seguía los modelos de poder más estructurados de las sociedades vecinas sino que la organización social se articulaba en base a unidades flexibles de convivencia llamadas "tondok" que podían ir desde dos o tres casas hasta aldeas mayores en las que el liderazgo recaía en personajes importantes pero sin formalización y que era a través de los rituales, articulados básicamente en torno al matrimonio y la interacción ritual. Los hombres importantes "to kapua", que disponían de riquezas en forma de tierra y esclavos, mantenían o modificaban su condición a través de rituales basados en el sacrificio de búfalos y cerdos y en la distribución de su carne, algo que llega hasta nuestros días en los actuales funerales toraja.

La muerte para los toraja requiere un complejo ritual funerario que implica el gasto de sumas cuantiosas y la participación de toda la familia, tan es así que lo normal es que el difunto deba tardar hasta años en ser enterrado, siendo mientras tanto mantenido en casa fuertemente vendado y lleno de litros de formol. Durante ese tiempo se le ofrece comida y se le trata como si estuviera vivo, la palabra con la que se le designa en esa fase es "to makula", el ardiente. Cuando ya se celebra el funeral pasa a ser "to mate" o muerto propiamente dicho.

La condición social del finado y su familia se pone en juego con ocasión de la muerte, las relaciones sociales, estructuradas en torno al sistema de pago de deudas en forma de búfalos y/o cerdos que se anotan cuidadosamente y se pasan de generación en generación, se presentan ante los ojos de la sociedad toraja con la mayor visibilidad en los funerales, y en menor medida, por la falta de comprensión de lo que está en juego, ante el viajero, aunque el mismo sea una parte no despreciable del juego mismo, pues su presencia hace aumentar en importancia el funeral y por ello el prestigio de la familia, dejando aparte la mera contribución material, generalmente en forma de unos cartones de tabaco o de una modesta suma de dinero.

Los días siguientes nos dedicamos a recorrer varios poblados locales y tuvimos la suerte de poder asistir a dos entierros, ambos además de personajes importantes, a pesar de que la "temporada fúnebre" ya había pasado, los entierros se hacen generalmente después de la época de cosechas y durante las vacaciones para que pueda asistir la mayor cantidad de gente posible, pudiendo así conocer muchos de los aspectos de una ceremonia que se extiende generalmente durante varios días, normalmente una semana, aunque en uno de los que tuvimos la suerte de presenciar duraría once días, pues el muerto era de gran alcurnia y la capacidad económica sus familiares lo permitía.

 

Vídeo: ritual funerario toraja

Uno de los funerales a los que asistimos estaba en su primer día de ritos. En primer lugar el muerto es llevado desde su casa al lugar de la celebración en una procesión en la que participan diferentes grupos de personas y también algunos de los animales que luego se sacrificarán.

Cortejo fúnebre

Cortejo fúnebre

Los porteadores del catafalco con el ataúd hacen extraños movimientos con él y arman gran alboroto. Tratan de confundir al espíritu del muerto para que no pueda encontrar su camino de regreso a la tierra.

Moviendo al muerto
Moviendo al muerto

Algunos participantes lanzan agua, con envase incluido, a los porteadores y todos los asistentes profieren gritos y desfilan sonrientes a pesar del luto de sus ropas.

Miembro del cortejo
Miembro del cortejo con camiseta con inscripción "Nene mula".

Una vez llegados al lugar de la celebración se coloca el ataúd en un lugar relevante y comienzan los rituales.

Colocando el ataud para el ritual
Colocando el ataud para el ritual

Los distintos invitados ocupan palcos adjudicados en función de la importancia de cada cual y de su relación el muerto.

Hay un sacrificio inicial de un búfalo, que despide un olor hediondo, especialmente cuando le abren el estómago y salen al exterior los restos de la hierba que ha comido recientemente. Se trocea su carne allí mismo y se sube a una especie de torreta desde la que se reparte en pedazos a distintas personas. Más tarde se sacrificarán una buena cantidad de búfalos cuyas cornamentas adornarán la entrada del tongkang familiar y servirán de exhibición de riqueza, pues cuantos más cuernos haya más importante socialmente será la familia.

Sacrificio de un búfalo

Sacrificio de un búfalo

En un lugar más apartado se realiza la matanza de unos cuantos cerdos que servirán de alimento durante las celebraciones y cuya carne será también repartida entre los asistentes.

A los invitados, incluidos nosotros mismos, se les sirve café y dulces en los palcos que ocupan.

También tienen lugar peleas de búfalos que se sueltan en medio de un corro de parte de los asistentes y que además de pelearse, cosa más bien escasa, se dedican a perseguir por el recinto a los asistentes como si de un encierro de toros en San Fermín se tratara.

Peleas de búfalos

Peleas de búfalos

En el otro funeral al que asistimos estaba en proceso de recepción de los distintos grupos de invitados que se acercaban en cortejo hasta el lugar de la recepción, bajo el catafalco con el difunto, precedidos de guerreros y maestros de ceremonias ataviados con ropas de vivos colores que contrastaban con el negro del luto riguroso de los asistentes. Las señoras iban muy maquilladas y adornadas con sus mejores joyas y el traje sería de luto pero de lo más elegante, como en las bodas más postineras de nuestros lares.

Asistente a funeral
Asistente a funeral

Una vez recibido cada grupo en el pabellón principal departía unos minutos con los familiares y fumaban el tabaco de clavo a que tan aficionados son en el país y discutían de los asuntos familiares que les concernían.

Grupo que viene a presentar sus condolencias
Grupo que viene a presentar sus condolencias

A la vez otros grupos esperaban en los palcos asignados el momento de ser recibidos y eran obsequiados con los cafés y dulces de rigor además de un librito con una guía de los actos y la biografía del finado.

Un maestro de ceremonias, que cobraba una cantidad elevadísima por cada día de trabajo, según nos explicaron, iba dando cuenta por megafonía de la ceremonia.

En distintos momentos del ritual grupos de mujeres entonaban cantos acompañándose de la percusión de grandes mazos de madera sobre troncos ahuecados y otros grupos con camisetas con la foto del muerto cantaban y bailaban.

En medio de todo aquello cientos de cerdos estaban tendidos por el suelo esperando la hora del sacrificio mientras los asistentes pagaban las deudas contraídas en anteriores funerales o establecían unas nuevas según un complejo sistema del que no podemos detallar sus entresijos.

No éramos los varios extranjeros presentes los únicos que sacábamos fotos y vídeos del acontecimiento, pues también la familia había contratado a varios profesionales locales muy bien equipados para tales menesteres. La última tecnología se mezclaba así con lo más primitivo sin muchos chirridos.

El espectáculo asaltaba literalmente todos nuestros sentidos y ponía a prueba nuestra capacidad de percibir, pues la de entender ni siquiera nos la planteábamos en medio de algo que habíamos visto en documentales pero de lo que ahora éramos a la vez espectadores y participantes. Una cosa son las explicaciones socioantropológicas, que antes y después de los acontecimientos nos iluminarían intelectualmente, y otra el verse metido en medio de unos sanfermines que se celebraran dentro de la boda de una folclórica de tronío con un difunto de cuerpo presente.

 

Vídeo: otro ritual funerario

En el capítulo siguiente veremos que sucede después de los funerales.


Texto, fotos y vídeo: Enrique Quriós






 

Subir