Reportaje del viaje de AVIMUN
a Indonesia (Java, Islas Célebes y Bali) 2007
Séptima exta entrega: Islas Célebes:
Tana Toraja tras los funerales
Acabados los funerales el difunto es enterrado, pero también
en esto del destino final de los cuerpos tienen sus peculiaridades
los toraja.
La tradición toraja marca que el cadáver repose
para el resto de sus días en oquedades excavadas en las rocas
volcánicas que hay por doquier. Unos artesanos especializados
horadan las rocas y allí introducen los ataúdes y
algunos objetos del difunto.
Tumbas en Lomo
Al lado de la puerta de acceso a los nichos se colocan unas figuras
de madera tallada que representan al difunto llamadas tau-tau. Para
tener derecho a una de estas efigies ha de haberse sido propietario
al menos de 24 búfalos.
Tau-tau
También se entierra a otros en cuevas o grutas en las que
los huesos y calaveras van quedando a la vista al pudrirse los ataúdes.
Enterramiento
en cueva
Si el muerto es un bebé (mientras no tenga dientes tiene
esa condición) tradicionalmente se les enterraba en unos
árboles especiales aprovechando hendiduras naturales que
se ampliaban y espacios huecos que tienen los troncos en su interior.
Hoy esta práctica está en desuso.
Tumbas infantiles en árbol.
Aunque sigue habiendo multitud de enterramientos tradicionales
activos hoy se utilizan cada vez más los mausoleos que se
erigen en cualquier lugar, ya que no hay noción de cementerio
como lugar público de enterramiento, pues cada cual se entierra
en terrenos de su propiedad, en terrenos de nadie o en terrenos
privados cuyos propietarios han consentido el entierro. Los mausoleos,
influencia de los misioneros colonizadores, sirven para dar otra
muestra de grandeza y poder económico de la familia del muerto,
no se hacen nunca en vida sino que hasta después del fallecimiento
no se inician. Aunque también se mezclan los elementos autóctonos
en la decoración de los mausoleos, generalmente mediante
la colocación de un "tongkan", o casa típica,
encima del mausoleo.
Por lo demás los toraja son un pueblo de agricultores y
ganaderos diseminado por multitud de pequeñas aldeas, a muchas
de las cuales no se puede acceder más que a pie. Tuvimos
oportunidad de visitar unas cuantas así como multitud de
lugares de enterramiento tanto tradicionales como en forma de mausoleo.
No dejamos tampoco de probar la carne de búfalo, bastante
dura y no especialmente sabrosa y otros dos platos típicos
toraja: la carne de cerdo en salsa negra, hecha con un fruto local,
que estaba francamente rica, y el pollo cocido en caña verde
de bambú, plato que requiere varias horas de preparación
y que ha de encargarse por ello con antelación.
Aunque la vida nocturna no se puede decir que sea brillante sí
pudimos también disfrutar por las noches de algunas veladas
musicales más o menos improvisadas en los restaurantes a
los que fuimos en Rantepao.
Nuestro guía, Johan, también resultó ser
un estupendo cantante y hasta poeta y nos recitó una de sus
composiciones hecha en nuestra propia lengua y en la que canta las
virtudes de su pueblo. La lengua toraja tiene gran similitud fonética
con la nuestra y hasta acabamos cantando canciones en ella con la
ayuda de un libro de letras.
Las excursiones por el territorio toraja nos llevan a contemplar
bonitos panoramas con terrazas de arroz, pequeñas aldeas,
búfalos y gente cultivando el campo. Un grupo incluso aprovechó
para hacer una jornada de rafting por el río Maulu, que no
llevaba mucho agua pero que hizo disfrutar a los participantes,
a pesar del pequeño susto que llevó una compañera
que cayó al agua en uno de los rápidos.
Terrazas de arroz
La casualidad hizo que nos encontráramos también
con una boda, que siendo un acontecimiento importante no es tan
relevante como un funeral, pero que también, a pesar de la
occidentalización, tiene algún toque de color local.
Boda
Visitamos también el mercado de Rantepao en el que se dan
cita multitud de compradores y vendedores de muchos lugares del
país toraja. Más de quinientos búfalos y cientos
de cerdos componen lo principal del mercado de animales, que luego
serán empleados en los ritos funerarios como los que describimos.
Mercado de Rantepao
Una profusión de verduras y arroces de distintos colores
junto con café, que también se produce en esta tierra
y se muele a la vista del comprador en unas toscas y ruidosas máquinas,
algunos peces vivos, pues no hay otra forma de conservar el pescadofresco,
y diversos utensilios de uso cotidiano completan, junto con los
puestos de comida este extenso mercado.
Distintos tipos de arroz de colores.
No dejamos tampoco de visitar la turística aldea de Kete
Kesu en la que podemos entrar incluso en uno de los tongkans, aunque
ya abandonado para un uso real de habitación a favor de viviendas
menos típicas pero más útiles que se ocultan
discretamente en la parte trasera del pueblo, pues sus tres pequeños
espacios son poco prácticos para las actuales exigencias
de las familias que los habitaron.
Kete Kesu
Estas casas de Kete Kesu tienen la particularidad de mantener todas
las cubiertas vegetales de los techos, costumbre que se está
perdiendo a favor de laminados plásticos o metálicos
que no requieren el trabajo de reposición que los tradicionales
exigen cada dos o tres años.
Y los magníficos días que pasamos en estas tierras
toraja llegan a su fin y tenemos que emprender el camino de vuelta
a Makasar, esta vez por la costa oeste. Una pequeña parada
para comer en la apropiadamente llamada localidad de Pare pare,
¡como para seguir de largo! y en el aeropuerto a las tres
y media del martes día 16 nos despedimos de esta maravillosa
isla de Sulawesi camino de la más conocida isla de Bali.