Reportaje del viaje de AVIMUN
a Indonesia (Java, Islas Célebes y Bali) 2007
Octava entrega: Bali
Al llegar a Bali al atardecer nos recoge nuestro nuevo guía,
Nyoman, y nos lleva hasta Ubud, en el corazón de esta excesivamente
famosa isla.
El aeropuerto está situado cerca de Denpasar, la capital,
al sur de la isla, y aunque la distancia hasta Ubud es escasa y
la carretera está en buen estado, el tráfico es densísimo
y la velocidad muy baja. Viniendo de una isla tan tranquila como
Sulawesi en la que tan pocos coches se veían, el impacto
es mayor. Ingentes cantidades de coches, motos y otros vehículos
colapsan las carreteras de esta superpoblada isla, que es hoy hogar
de unos tres millones de habitantes, tanto balineses como inmigrantes
sobre todo javaneses, en 5.561 kilómetros cuadrados (unos
140 km de este a oeste y unos 90 km de norte a sur) lo que supone
poco más de la mitad de la de Asturias y el triple de habitantes.
A nuestra llegada al hotel nos apuramos en asearnos un poco y
dejar las maletas para salir pitando a cenar. A las nueve de la
noche nos resulta difícil encontrar donde hacerlo, porque
la mayoría de los restaurantes tiene ya la cocina cerrada,
al fin encontramos un sitio que se ofrece a darnos de cenar, lo
usual nuevamente, y nos vamos a la cama.
A la mañana siguiente vamos a ver un espectáculo
de danza y teatro clásico balinés acompañado
por una orquesta de gamelán en el que se representa la lucha
entre el bien y el mal.
Bailarina balinesa
Camino del volcán y lago Batur vemos unas de las pocas
terrazas de arroz que quedan en la isla, ya que la mayor parte de
ella está literalmente llena de tiendas y casas, desde Ubud
hasta el sur sobre todo.
Terrazas de arroz
Después visitamos el más importante templo hinduista
de la isla: el Pura Besakih. Los balineses, profundamente religiosos
a lo que parece, son mayoritariamente hinduistas aunque con matices
específicos.
Pura Besakih
Luego hacemos una parada para visitar a unos artesanos de la madera,
en esta isla hay una gran profusión de artistas y artesanos
que producen y venden sus mercancías por todas partes.
A continuación vemos, desde el mirador del restaurante
donde comemos en Kintamani, el panorama del volcán Batur
y el contiguo lago del mismo nombre. La vista es bonita a pesar
de la mala calidad de la luz aunque nada comparable al excepcional
volcán de Bromo.
Lago Batur
Por la tarde visitamos el palacio de Klungkung y nos queda un poco
de tiempo para descansar, llamar por teléfono o consultar
el correo electrónico en un cibercafé.
Klungkung
Esta noche vamos a cenar a las ocho de la tarde y conseguimos mesa
sin problema en un agradable restaurante, el Wardani's, en Ubud
en el que cenamos estupendamente y con inusitada variedad para lo
que estábamos acostumbrados. Ubud tiene fama de disponer
de buenos, y caros, restaurantes, pero no hace falta tampoco gastarse
una fortuna para poder comer agradablemente.
Aún se lee en muchas "guías" que esta
localidad de Ubud está relativamente poco afectada por el
turismo de masas y que hasta se pueden ver terrazas de arroz. Como
decían otros viajeros que encontramos en el avión
de regreso "será que no dimos con ellas y que fuimos
por los sitios equivocados", porque por todas partes las tiendas,
hoteles, bares y demás negocios lo llenan todo, y eso que
nuestro hotel daba a un pequeño campo de arroz, sin terrazas,
eso sí, literalmente acosado por construcciones por todas
partes.
Al día siguiente, jueves 18, un pequeño madrugón
me permite ir a un parque cercano en el que monos en libertad están
despiojándose y se aventuran por las calles aún desiertas
de la ciudad.
Monos en Ubud
Algunos aprovechan las horas de la mañana que nos quedan
libres antes de partir para hacer algunas compras en las atractivas
tiendas de la localidad, mucho mejores que en Kuta-Legian como luego
veremos, otros disfrutan de la piscina del hotel y algún
otro para recibir un excelente masaje matutino de una hora por 70.000
rupias, poco menos de 6 euros.
De camino a Kuta paramos en el templo llamado Goa Gajah, la cueva
del elefante, en el que gracias a los buenos oficios de Julio, nuestro
eterno relaciones públicas, acabamos haciéndonos fotos
con un grupo de simpáticas jovencitas japonesas que parecen
sacadas de un manga.
Julio con las japonesas
A nuestra llegada a Kuta nos alojamos en un hotel al borde de la
playa misma, ya que nuestra intención era aprovechar los
últimos días del viaje para descansar un poco, aunque
entre nuestra constitutiva inquietud y lo poco atractivo que incluso
resultó Bali en general hasta para los más playeros,
poco acabaríamos descansando en el hotel, que por otra parta
era excelente.
Playa de Kuta
Nos vamos a comer a un restaurante italiano, Il Cielo, casi frente
a nuestro hotel, y disfrutamos de una estupenda y muy auténtica
comida italiana en un marco muy agradable y sin que nuestro presupuesto
se resintiera. Hasta los cafés, que hasta entonces habían
dejado mucho que desear a juicio de los entendidos, eran excelentes,
aunque éstos sí, a precios occidentales.
En estos días cada cual fue haciendo lo que más
le apeteció y a la hora de cenar nos reuníamos de
nuevo todos y aprovechábamos para comentar las experiencias
de cada cual.
Paseo por las calles de Kuta
Los playeros decían que la playa de Kuta, y la contigua
de Legian, no les parecieron las mejores para el baño a causa
de las piedras que había nada más entrar en el agua.
Una exploración de otras playas cercanas les llevó
a conocer las de Jimbarán, famosa por sus restaurantes en
los que sirven, sobre todo para cenar, marisco a precios muy económicos,
pero problemática para el baño por las fuertes corrientes;
Nusa Dua, donde están los hoteles de más lujo de la
zona y Sanur, quizás la más bonita y apta para el
baño en una zona bastante tranquila.
Playa de Jimbarán
Kuta, y su continuación indistinguible, Legian, son sitios
en los que recalan sobre todo australianos y neozelandeses, que
les queda bastante a mano, más bien jóvenes y, al
parecer, señoras a las que se dedican los llamados kuta cowboys,
en temporada alta. Durante nuestra estancia, por el contrario, lo
que predominaba eran familias con niños en plan vacaciones,
gente mayor y alguna, muy escasa, pareja de luna de miel. También
se podía apreciar un número pequeño, pero muy
evidente, de occidentales con señoritas nativas muy jóvenes.
Ambos lugares están llenos, pero llenos, de tiendas, restaurantes,
bares y discotecas. No es, ni mucho menos, el lugar paradisíaco
que venden los folletos turísticos, y para quienes se tienen
por viajeros no será el lugar más idóneo del
país, pero dicho esto, también hay la posibilidad
de pasar algunos días de relax y aprovechar la oferta gastronómica
tan variada y a buen precio. Respecto a las compras la mayoría
son chucherías y objetos de dudoso gusto, además los
precios de partida, ridículamente abusivos hacen que incluso
sea mejor comprar en alguno de los grandes almacenes a precio fijo,
que tienen lo mismo que en los puestos callejeros u otras tiendas
a precios sensatos, y no perder el tiempo con el regateo.
Tiendas y congestión de tráfico en Kuta
Un monumento recuerda a los muertos en el atentado que costó
la vida a muchos nativos y extranjeros y que tuvo el turismo en
Bali retraído durante bastante tiempo.
Monumento a las víctimas
Además de aprovechar para descansar y bañarse, algunos
nos dedicamos a recorrer otros lugares de la isla contratando transportes
particulares con los taxistas de la zona, que por cantidades razonables
nos llevaban durante seis u ocho horas a los lugares de la isla
que elegíamos. Así pudimos ver que aún en medio
de la sobreexplotación turística todavía late
por debajo algo de la tradición balinesa y sobre todo la
religiosidad de sus habitantes que llenan de pequeñas ofrendas
hasta las calles o instalan altares en las entradas mismas de las
tiendas u otros negocios.
Ofrenda matinal en las calles de Ubud
La capital, Denpasar, es un enorme conglomerado urbano muy contaminado
y con un tráfico congestionado, aunque curiosamente tan poco
visitada por extranjeros que incluso en el palacio real, habitado
y en uso, me dejan entrar sin problemas, y gratis, y además
no hay ningún extranjero. El mercado, bastante sucio no es
especialmente atractivo. En el templo de Agung Jagatnatha hay que
ponerse, como en otros templos, un sarong que alquilan a la entrada
por 20.000 rupias para poder visitarlo, simplemente otro templo
más. En las cercanías hay un jardín privado
con orquídeas y otras flores exóticas que puede interesar
a los muy aficionados, a pesar de lo caro, para los precios locales,
de la entrada.
Denpasar
Una visita muy recomendable, a pesar de lo muy turística,
es la del templo de Tanah Lot al atardecer. La puesta de sol, con
el templo a contraluz parece que es espectacular, y digo parece
porque la tarde en la que fuimos no tuvimos suerte con la climatología
ya que estuvo el cielo bastante cubierto de nubes y nos hubimos
de contentar con un atisbo de lo que suele ser más habitual.
Tanah Lot
Recibir unos buenos masajes, hay montones de sitios de todos los
precios además de las señoras que los dan en la misma
playa, es otra de las actividades que ocuparon nuestro tiempo. El
precio más alto no significa que sean mejores y hay bastantes
espabiladas que ofrecen unas condiciones de entrada y luego pretenden
cobrar precios superiores con excusas varias (ver nuestra sección
de consejos prácticos).
Un turista recibe un masaje en la playa de Legian
Y cuando nos quisimos dar cuenta se nos había acabado el
tiempo y hubimos emprender el largo camino de regreso a casa, salvo
a nuestro compañero Julio que disponía de una semana
más y aprovechó para volver hasta Yakarta por mar
y tierra, en vez de en avión como hicimos el resto. El lunes
22 de octubre estábamos de vuelta y ya comenzábamos
a pensar en el próximo viaje, ¡no tenemos remedio!.