|
Una semana santa y redonda:
Extremadura
Hacía tiempo que queríamos volver a esa estupenda
tierra extremeña y, como merece unos cuantos días,
la ubicamos en una semana entera que resultó, además
de santa, redonda.
Como siempre, ofrecimos el plan a nuestros amigos más viajeros.
Y, como siempre, acabamos yendo mi Fernando y yo (menos mal que
nos tenemos el uno al otro), salvo una corta escapada los tres últimos
días de nuestro amigo Alberto.
El viaje empezó también como siempre con la alternativa
de vehículo: moto o coche. Los meteorólogos se empeñaban
en que fuésemos en este último. Pero nuestra Aprilia
debía estar cruzando los dedos en el garaje y, a última
hora, decidimos no renunciar a ese aliciente.
Salimos bien enfundados en nuestros trajes de agua y con la moto
más contenta que unas pascuas por no haberla dejado sola.
Después de unos primeros kilómetros con algo de lluvia
para sacar partido a la vestimenta, que en Pajares ya era más
bien agua nieve, seguimos ya todo el viaje completamente secos y
con una temperatura aceptable para la época.

Pajares
Como íbamos holgados de tiempo y nos apetecía disfrutar
del viaje en sí, lo hicimos tranquilitos y en dos fases.
Paramos a dormir en Arenas de San Pedro (Ávila), pensando
que merecía la pena. Y, siento decirlo, pero salvo el castillo,
es un pueblo sin el más mínimo encanto, ¡para
qué os voy a engañar! Dormimos en un hostal horrendo,
"de cuyo nombre no quiero acordarme" que diría
Cervantes, pero con un hostelero encantador: todo tiene afortunadamente
su contrapartida, como la vida misma.
Desayunamos y salimos pitando para destinos más recomendables.
A primera hora de la tarde llegamos a Feria, en el sur de Badajoz,
que sería nuestro campamento base. La estampa del pueblo
insultantemente blanco coronado por el castillo que construyó
el primer Duque de Feria en el siglo XV, es fantástica. Empezábamos
bien
Y mejor continuamos, porque nos alojamos en la que hasta
ahora es una de las mejores casas rurales que hemos visto. Por su
acierto en la rehabilitación, sus detalles, el mimo con el
que está puesta, realmente se distingue de las casas de alquiler
al uso. Es como si Consoli y Fermín, sus amabilísimos
dueños, nos hubieran dejado su casa unos días. Su
página web es: www.lafuentina.com

La Fuentina
La relación calidad/precio es estupenda si se llena un poco
más de lo que lo hicimos nosotros. Pero era tan bonita y
estuvimos tan a gusto en ella que no nos importó el desembolso.
Os recomiendo sobre todo ir con mejor tiempo del que tuvimos, para
poder disfrutar del precioso patio, con cenitas al aire libre, lectura
en la tumbona, etcétera. De verdad que se puede hacer una
cura antiestrés con canto de gallo mañanero incluído.
Una preciosidad. De hecho nos quedamos un día entero allí,
sin más excursión que una vuelta por el pueblo, para
poder disfrutarla.

Dormitorio en La Fuentina
Una noche tuvimos la visita inesperada de un Papá Nöel
gatuno que, en mitad de la cena, se nos descolgó por la chimenea
ante nuestra sorpresa, buscando de nuevo las magdalenas que había
descubierto horas antes con su pandilla de amigos y que nos hizo
a partir de entonces cerrar a cal y canto la puerta de la cocina
y recomendar a los dueños una rejilla que a estas horas ya
habrán puesto seguro.
Feria tiene rincones realmente bonitos y el encanto de los típicos
pueblos blancos del sur y de su gente, con la que da gusto charlar
a pie de café, en la carnicería donde compramos el
lomo ibérico más rico que he probado nunca
cualquier
excusa es buena para comprobar su amabilidad e integrarse en el
lugar.

Feria
Una anécdota se me quedó grabada por eso de que uno
siempre viaja con la vocación profesional a cuestas. Entramos
en la biblioteca del pueblo, como siempre suelo hacer, con el fin
de echar una ojeada y saludar si se diera el caso a mi colega extremeño.
Nos quedamos de piedra ante el espectáculo: la encargada
estaba tan inmersa en el programa televisivo vespertino que sonaba
a todo volumen en aquel recinto del saber, que ni se percató
de nuestra presencia
Ver para creer.
El aguacero que acompañó nuestro paseo por el pueblo
nos regaló una luz preciosa en aquel contraste de blancos
y cielo azul. Lástima que no sea buena fotógrafa.
Visitamos el castillo por dentro, ya casi totalmente rehabilitado
y contemplamos una impresionante vista desde el mirador de la torre:
sabían muy bien donde ponían esas edificaciones.

Feria desde le castillo
Después de un día de relajo y tranquilidad que nos
supo a gloria, dedicamos un día entero a Zafra. No os lo
perdáis, es un pueblo encantador. Además del valor
innegable de sus monumentos, como el Ayuntamiento, la Catedral,
el Palacio de nuestro ya recurrente Duque de Feria recuperado en
Parador Nacional, la Plaza Grande, la Plaza Chica
el pueblo
es de esos que merecen callejearlo: con verdadero encanto.

La autora en Zafra
Como anécdota graciosa comprobamos que alguien ha montado
una cadena de tiendas de ropa sospechosamente parecida a otra, incluso
en el logo. Juzgad vosotros mismos ante la prueba fotográfica
de picardía extremeña

Tienda "sospechosa".
Y como no todo es arte y espíritu, paso a recomendaros el
restaurante donde comimos, bien y barato: Mesón la Fea (Avenida
del Rosario, 12), en pleno casco antiguo y zona de tapeo típica.
No pude reprimir mi curiosidad y tuve que hacer la pregunta que
deben estar hartos de responder: el nombre se debe a la antigua
dueña que era conocida justamente por lo contrario. Ya pude
comer tranquila.

Feria desde la ermita
Pero el día que tuvimos un verdadero atragantón de
arte, ¡qué gozada!, fue el que dedicamos a Mérida.
Ambos recordábamos el impacto que nos causó el Teatro
Romano cuando fuimos de pequeños en algún viaje familiar,
y pudimos comprobar que no era cosa de la edad. Casi se te corta
la respiración cuando estás allí
No tuvimos
la suerte (salvando la que sí tuvimos climatológicamente)
de ir en temporada teatral, porque eso ya tiene que ser el acabóse.

Teatro romano de Mérida
Antes de seguir derrochando epítetos, debo advertiros que
se puede sacar una entrada conjunta para todos los monumentos importantes
de la ciudad, incluído el Museo de Arte Romano, por un precio
mucho más económico que sacando entradas sueltas para
cada uno. Ojo al dato.

Museo de Arte Romano de Mérida
Hay miles de cosas que ver en Mérida, toda ella es un museo,
pero es absolutamente imprescindible una visita al edificio que
alberga la colección de arte romano y que es ya en sí
mismo una obra de arte. Nos contaron allí que fue el arquitecto
Rafael Moneo el que diseñó hasta la colocación
de cada pieza, la iluminación
una maravilla. Podríamos
seguir con las excavaciones de casas romanas, la Alcazaba, el puente
romano, el Templo de Diana y concluiríais conmigo en que
no era fácil digerir tanta belleza.

Esculturas en el Museo de Arte Romano de Mérida
Comimos de maravilla y tirado de precio en el Mesón Serranito,
calle San Pedro, cerca del párking donde dejamos la moto.
Además de hacernos el favor de guardarnos cascos y chaquetas
para ir ligeros de equipaje en las andanzas artísticas, nos
dio de comer de vicio por dos duros. Me encanta poder recomendarlo
y devolverle el favor.
Volvimos a nuestro hogar rural con la sonrisa puesta después
de tanta belleza pero con la pena de tener que dejar nuestro hospedaje
al día siguiente.
Comenzaba la segunda etapa de este mini viaje extremeño:
Olivenza. Allí el alojamiento bajó de nivel y no es
recomendable más que para mochileros o gente que, como nosotros,
alternamos categorías alegremente. El Hostal "Los Amigos"
a las afueras del pueblo, es digno dado el precio tan reducido que
tiene. Y además son muy amables, nos dejaron guardar las
motos en el patio cerrado, en fin, esas cosas que algunos valoramos
mucho.

Iglesia de Santa María Magdalena en Olivenza
En cuanto al pueblo sólo puedo deciros que no os lo perdáis.
Precioso. Aún sin saber de su origen portugués, cualquiera
que conozca ese bello país podría haberlo deducido.
Es un pueblo para callejear tranquilamente, de día y de noche,
con el fin de ver también su castillo y muralla iluminados.
Mientras hacíamos tiempo para esperar la llegada de nuestro
único compañero de viaje que vino desde Asturias sin
parar de llover y granizar a lomos de su sufrida moto (tuvimos más
suerte que él), visitamos el Museo Etnográfico situado
en el castillo. Aparte de que es fruto de una meritoria labor de
la gente del pueblo por recuperar su pasado, donando desinteresadamente
las piezas que componen la colección, tiene la peculiaridad
de que está organizado por estancias que reconstruyen con
todo lujo de detalles: una consulta médica, una tienda de
ultramarinos, una zapatería, una casa burguesa, etcétera.
Entretenidísimo y muy ilustrativo. Un ejemplo.

Museo etnográfico de Olivenza
Para celebrar la llegada de nuestro compañero y compensar
su ardua travesía motera, buscamos dónde darnos un
homenaje gastronómico, y ¡vaya si lo conseguimos! Colgué
la ficha completa en la guía de restaurantes de esta web.
Se llama Casa Maila, en la plaza principal, calle Colón,
3. Antes era un lugar de tapas y desde hace un año se lanzaron
a hacer cocina de calidad, con precios razonables. Un lujazo, de
veras. Os recomiendo vivamente varias especialidades en la ficha
citada. A los amantes del queso os diré que a pocos kilómetros
de Olivenza hay un pueblecito, San Jorge de Alor, donde hacen un
queso de cabra artesano, de perder el sentido: haceros con él
por mí, ya que la moto es de los pocos inconvenientes que
tiene. El rulo de queso de cabra de Alor con cebolla confitada,
de Casa Maila
.a todos los "ratones" del mundo: ¡no
os lo perdáis! Además del goce gastronómico
tuvimos un tertulión con el dueño, que se escapaba
en cuanto podía a nuestra mesa, porque resultó ser
motero y esto de las dos ruedas crea un vínculo especial.
Prometí hacerle publicidad, bien merecida, y he cumplido.

Plaza de Olivenza
Después de presenciar alguna inevitable procesión,
dada la época, y de visitar alguno de los pasos en la Iglesia
de Santa María Magdalena que se nos resistía encontrar
abierta y que es una preciosidad de estilo manuelino con unas espectaculares
columnas, nos fuimos a descansar porque al día siguiente
haríamos una incursión en Portugal.

En Monsaraz
Fernando se había documentado muy bien, como siempre, ya
que Monsaraz sí que debe ser uno de los pueblos más
bonitos del país vecino. Mirando al Guadiana, amurallado
en su totalidad y con un coqueto castillo en el que han habilitado
(¡!) una plaza de toros, sí, como lo oís. El
ambiente me gustó mucho porque está lleno de tiendas
de verdadera artesanía portuguesa, sin un toque turístico
excesivo que tantas veces se carga el encanto de estos lugares:
hicimos el propósito de volver para quedarnos allí
unos días, ¡tiene que haber unos atardeceres y unos
paseítos nocturnos de lujo! Lucía un sol tan espléndido
que decidimos comprar unos bocadillos y hacer pic-nic a orillas
del río con siesta en la espléndida hierba. Gran acierto.

Monsaraz desde el castillo
Por la tarde nos acercamos a Elbas que, lejos del encanto rural
vivido, nos devolvió al merchandising y al todo a un euro,
puffffffffffffff, aunque tiene algunos rincones con mucho encanto
por supuesto.

Elbas
Y pusimos broche de oro a nuestra semana santa y redonda con otra
cenita en el restaurante de nuestro ya amigo motero: quien piense
que comer no es también cultura autóctona, que se
lo pierda.
Hasta pronto, Extremadura. Mereces muchos viajes
Texto y fotos: Rosa Rubio
Subir
|