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VIAJE A ORENSE 2008 (TERRAS DE CELANOVA Y BAIXA LIMIA)


Nuevamente en AVIMUN hemos decidido recorrer tierras orensanas durante el ajetreado periodo de Semana Santa. En nuestro afán por disfrutar de viajes tranquilos sin hordas de gente y a unos precios razonables nuevamente las por fortuna para nosotros poco transitadas aún tierras de Orense nos han ofrecido un espacio idóneo para nuestros propósitos.

Sin amilanarnos por los malos pronósticos meteorológicos salimos de Oviedo y de Oporto, pues un importante grupo de socios portugueses participaría en este viaje, el jueves 20 de marzo de 2008 por la mañana para encontrarnos a las 14.30 en Celanova para comer ya juntos e iniciar nuestra ruta. Como por fortuna el pronóstico del tiempo no se cumplió estuvimos acompañados todo el día de un hermoso sol.

La comida (ver datos del restaurante en la sección exclusiva para socios de "Datos prácticos y enlaces") resultó un digno anticipo de lo que gastronómicamente nos depararía el viaje: abundante, deliciosa y económica. En un entorno encantador, a la orilla del río, comimos en un antiguo molino restaurado con esmero los 21 viajeros convenidos más otros dos de nuestros amigos portugueses que se acercaron a pasar el día con nosotros y darnos la grata sorpresa de reencontrarnos con ellos. Unos embutidos y quesos abrieron el menú al que siguieron unos delicados pimientos rellenos y unos calamares fritos, para continuar con unas inmensas parrilladas de carnes varias acompañadas de las correspondientes patatas fritas y rematadas con los correspondientes postres. Todo ello regado con vinos tintos Mencía de producción propia y cerrado con cafés y orujos. El precio del menú: 15 (sí, quince) euros.


Comiendo en Celanova

Tras la pitanza nos dirigimos a visitar el Monasterio de San Salvador o San Rosendo, su fundador, en Celanova (entrada de grupo 1,5 euros por cabeza con visita guiada) con la interesante, por lo escaso de las muestras que quedan de tal arte, capilla visigótica de San Miguel, que se encuentra en el entorno del actual monasterio y se visita conjuntamente con él.


Monasterio de San Salvador.

Monasterio de San Salvador.

Tras la visita dimos un pequeño paseo por la localidad que tiene varias plazas muy interesantes, además de la casa del poeta Curros Enríquez, convertida hoy en museo (aunque a la hora de nuestro paseo estaba ya cerrada).

La pequeña capilla de San Miguel

La pequeña capilla de San Miguel en la parte posterior del monasterio.

Después nos despedimos de Aida y Agostinho, los amigos portugueses que nos habían acompañado, y nos fuimos hasta el concejo de Lobios (unos 40 minutos de coche) en el que nos alojamos las tres noches de nuestro viaje. Tras acomodarnos en nuestras amplias, limpias y cómodas habitaciones nos dio tiempo a dar un paseo por el pueblo antes de dar cuenta, en el mismo restaurante del hotel, de una abundante y sabrosa cena compuesta de una contundente empanada, unos enormes pimientos rellenos y un arroz con corzo, especialidad local, que fuimos incapaces de acabar aunque todavía dimos buena cuenta de una variedad de distintos dulces que nos sirvieron de postre antes del café. El precio de la cena, como las demás que haríamos allí mismo: 12 euros con bebidas incluidas.

Y después de cenar todavía quedaron a unos cuantos ganas de tomarse unas copas y hasta bailar unos merengues en uno de los varios y animados bares del pueblo antes de acostarse.

Iglesia y alrededores de Lobios

Iglesia y alrededores de Lobios,

El viernes amaneció con sol, nos decían en el hotel que la zona tiene un microclima especial, que nos acompañó aunque con nubes incluso fuera del concejo. Tras el desayuno fuimos a ver la localidad de Vilanova de los Infantes, a unos dos kilómetros de Celanova. Es un bonito pueblo de aire medieval presidido por una torre que hoy alberga el centro comarcal de turismo en el que hay una exposición sobre la comarca y se pueden obtener informaciones turísticas. Además la torre ofrece en lo alto un excelente mirador.

Torre del Homenaje

Torre del Homenaje (Centro comarcal de turismo) de Vilanova dos Infantes

Fuimos después a ver la llamada "Virgen del Cristal", que es una pequeña imagen de una virgen, de unos dos centímetros de alto, encerrada en una especie de huevo de cristal encerrada en un relicario de plata sobredorada que dice la leyenda que fue encontrada por un pastor en 1560. Supuestamente no pudo haber sido puesta allí en aquella época por medios conocidos, aunque no se ha hecho ningún análisis desde que el rey Felipe IV la hizo examinar. La tal imagen la guarda el anciano cura del pueblo al que se visita en su casa y sale con la imagen a la puerta para que allí mismo se la vea y fotografíe y luego entrega unas estampitas (donativo sugerido por la oficina de turismo).

El cura muestra la Virgen del Cristal
El cura muestra la Virgen del Cristal

A continuación nos dirigimos, pertrechados con las indicaciones que nos habían dado en la ofician de turismo de Vilanova al cercano castro de Castromao. porque si alguien quiere acceder a este interesante lugar se encontrará con la falta de señalización más absoluta, cosa que ha sido una constante a lo largo de todo el viaje, junto con la no menos irritante señalización confusa o simplemente errónea. Vaya desde aquí nuestra petición a quein corresponda para que se señalicen debidamente los múltiples lugares de interés y las meras direcciones, ya que es corrientísimo encontrar un indicador que conduce, por ejemplo, a un cruce y en éste no haber literalmente indicación alguna de dirección, con lo que o se cuenta con un excelente y detallado mapa o con un buen GPS que nos ayude, ya que puede resultar difícil encontrar gente en las inmediaciones.

Castromao
Castromao

Como nos quedaba tiempo antes de comer decidimos cambiar el aperitivo matinal por la cultura y nos fuimos a buscar el puente romano de Freixo, cosa que tras la ya comentada ausencia de señalización, conseguimos no sin dar unas cuantas vueltas e interrogar a cuantos nos topamos en el camino.

El puente romano

El puente romano

Tras tanta "piedra" llegó la hora de comer, nuevamente Celanova fue la población elegida y allí dimos cuenta del menú compuesto de croquetas, excelso pulpo, bacalao, lacón con grelos, chorizos y cachelos y un surtido de postres bien regado todo ello con los vinos de rigor, y cervezas sin alcohol y agua para los sufridos conductores. Los cafés hubimos de saltarlos porque aunque llegamos al restaurante a las 14.30,m hora convenida, eran las 16.50 cuando acabamos con los postres, y queríamos visitar el centro de interpretación del antiguo acuartelamiento romano de Aquae Querquennae que cerraba a las 18.00.

El grupo en Celanova

El grupo en Celanova

Este centro de interpretación ofrece una amplia explicación del significado de la llamada Via Nova, calzada romana que unía las localidades de las actuales Braga y Astorga en tiempos de los romanos. A orillas del embalse se ven los restos, con reconstrucciones parciales, de lo que fue un antiguo campamento romano y que cuenta con paneles explicativos de las distintas dependencias.

Campamento romano

Campamento romano

Muy cerca de este campamento, al otro lado de la carretera, y con los ya tópicos problemas de señalización, se encuentra la muy atractiva iglesia de visigótica de Santa Comba de Bande (hay que llamar a los teléfonos que hay en la puerta para que una vecina venga a abrir la iglesia para la visita. No hay más indicación horaria que la de que la llamada ha de hacerse después de las 10.00 de la mañana, pero nos informaron que a las 18.00 hace la última apertura). Pasadas ya las 18.00 horas conseguimos, gracias a que éramos un grupo numeroso, que la encargada nos abriese este bonita iglesia en la que se mezcla la traza visigótica con añadidos mozárabes muy apreciables.

Iglesia de Santa Comba de Bande
Iglesia de Santa Comba de Bande

Y tras esta visita aún nos quedó tiempo para volver a orillas del embalse y que algunas de las viajeras se dieran unos pediluvios en las pozas de agua calientes que allí mismo hay, quedando con ganas de bañarse enteras incluso como algunos otros visitantes hacían.

Pediluvio al atardecer.

Pediluvio al atardecer.

Tras tanta cultura castreña, romana, visigótica y mozárabe en tan reducido espacio, nos habíamos ganado unos vinillos y unas partidas de futbolín al regreso a nuestra base de Lobios antes de dar cuenta de la cena, que hoy estaba compuesta por pastel de grelos y gambas, tabla de fiambres, redondo de ternera y arroz con leche de postre.

Y más tertulia y unas copas antes de irnos a dormir.

El sábado los malos presagios del tiempo acabaron por cumplirse y amaneció lloviendo. Desgraciadamente nuestro plan inicial era visitar la localidad próxima de Padreado para dar un pequeño paseo por una ruta que recorre la aldea en la que hay un conjunto de hórreos, un antiguo pajar que expone aperos de labranza , unas antiguas bodegas y hasta un molino que aún funciona, pero la lluvia nos hizo desistir y visitamos solamente unos miliarios romanos de la Vía Nova.

Miliarios de la Via Nova

Miliarios de la Via Nova

A continuación decidimos acercarnos hasta la vecina localidad portuguesa de Gerés atravesando el hermosísimo bosque del Parque Natural de Xurés (territorio orensano)- Parque Nacional de Peneda Gerés (territorio portugués). El recorrido es por una carretera serpenteante que asciende hasta la antigua frontera, con sus edificios aduaneros cerrados y olvidados, para descender por el lado portugués, más hermoso y virgen. En el recorrido por el lado portugués no se puede detener siquiera el vehículo hasta la cercanía de la Vila de Gerés por sensatas razones de protección ambiental.

Cascada en el parque de Peneda-Geres
Cascada en el parque de Peneda-Geres

Una vez en la localidad balnearia portuguesa tuvimos tiempo para tomarnos un tentempié, dar un paseo y hasta hacer algunas compras, no es un lugar como los más concurridos y mercantiles de Miranda do Douro o Viana do Castelo, pero hay dos o tres tiendas que ofrecen algunos de los famosos productos textiles portugueses así como algo de artesanía y productos de la zona.

Vila do Geres

Vila do Geres

Después de esta imprevista excursión portuguesa volvimos a Riocaldo para comer en el balneario. En esta ocasión se trataba de una comida en el restaurante de tres tenedores del hotel del balneario. Un establecimiento de reciente apertura en el que además de comer pasaríamos la lluviosa tarde dedicados al relax de un pequeño programa balneario que habíamos reservado también previamente.

El balneario

El balneario

Como en esta asociación nos gusta comer bien, hay quien dice incluso, empleando un juego de palabras con término asturiano "fartarse" (hartarse), que en vez de AVIMUN nos deberíamos llamar FARTIMUN, el menú de hoy, ligero, para no tener una digestión pesada ya que íbamos a pasar la tarde en el agua, pero de calidad consistió en un empedrado de pulpo (unas alubias blancas pequeñas en suave vinagreta rodeadas de pulpo), plato frío pero consistente, y en un delicioso lomo de merluza con vieras acompañado de patata cocida, de postre una manzana asada con su sorbete y los infaltables vinos gallegos y cafetitos para terminar.

Tras esta frugal colación, comenzó el programa balneario que consistía en un masaje parcial, un hidromasaje y disfrute de la piscina termal mientras veíamos caer la lluvia sobre los montes circundantes.

Y al finalizar la sesión aún tuvimos tiempo de encontrar los restos de la oculta aunque cercanísima villa romana que disponía de un hipocausto como sistema calefactor.

Villa romana con hipocausto.
Villa romana con hipocausto.

De vuelta a Lobios hubo torneo hispanoluso de futbolín/matraquinhos que resultó de gran emoción dada la calidad de ambos equipos, que para algo tenían que haber servido tantas horas pasadas en los futbolines en nuestras respectivas adolescencias. Después la cena (ensalada, chipirones y pescado en salsa verde y el rico surtido de postres), hoy fue el día del agua en todos los conceptos, las últimas copas y tertulia antes de irnos a la cama.

El domingo amaneció sin lluvia y hasta nos acompañó el sol por la mañana, aunque las temperaturas habían bajado. La despedida tras el desayuno de nuestros amigos portugueses con el propósito de hacer el viaje de estas vacaciones el año próximo por la zona de Oporto/Porto y de vuelta a casa.

Decidimos desviarnos un poco para ir a comer a Valderas, provincia de León, a un restaurante sin nombre ni más rótulo en el exterior que una placa con un tenedor, dicen que no les hace falta más porque es de sobra conocido, como así parece, ya que había cola para entrar antes de las 13.30, hora de apertura, ya que no hay reservas y el que primero llega primero come. El lugar lo único que sirve es bacalao (al horno con pimentón y ajo), conejo y como excepción un filete, sin patatas, y un huevo, vino clarete de la tierra y un delicioso pan bregado. La fama del lugar no nos pareció a ninguno de los presentes que fuera para tanto, ya que el bacalao, el plato estrella, aunque no estaba mal, no nos pareció nada del otro jueves, el precio, eso sí moderado (13,50 euros por cabeza).

Restaurante de Valderas

Restaurante de Valderas

Y tras la comida cada mochuelo a su olivo y a preparar el siguiente viaje.

Accidente en la autopista A-66.

Accidente en la autopista A-66.

Texto y fotos: Enrique Quirós

 

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