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VIAJE AVIMUN A ORENSE (Abril
de 2006)
Como en AVIMUN no nos gusta viajar en épocas
en las que hay desplazamientos masivos, sino que preferimos viajar
cuando menos gente lo hace, tanto porque se disfruta más
de los lugares como porque se obtienen unas condiciones habitualmente
mejores en cuanto a precios y atención, en Semana Santa,
excepción que venimos haciendo a lo antedicho, buscamos lugares
que nos parezcan suficientemente atractivos pero en los que previsiblemente
no haya mucha gente. Si el año pasado fue la portuguesa región
de Tras-os-Montes la que cumplió plenamente nuestros objetivos,
este año también lo ha hecho la zona de Orense que
elegimos para nuestro viaje.
El 13 de Abril, jueves festivo, salimos de Oviedo
sobre las 9.30 de la mañana camino de Orense capital en los
coches particulares que como de costumbre aportamos los socios y
optimizamos en cuanto a su ocupación, tratando así
de procurar reducir en lo posible la contaminación y demás
perjuicios que produce el automóvil y a la vez de economizar.
Decidimos ir por el interior usando autovías
y autopistas lo más del tiempo dadas las previsibles condiciones
del tráfico en ese día. Precisamente el año
pasado, en esa misma fecha habíamos hecho parte del mismo
trayecto y este año la cantidad de vehículos era considerablemente
mayor. Afortunadamente para nosotros no se detuvieron luego en los
lugares de nuestra elección.

Foto de familia en la fuente de As Burgas de Orense.
A media tarde, tras comer en ruta, llegamos a Orense
donde nos alojamos en un hostal muy céntrico y correcto (los
datos práctico, como de costumbre, están en la sección
exclusiva para socios) y dedicamos la tarde unos a descansar, otros
a hacer fotos por la zona monumental de la ciudad y los más
a disfrutar de los baños termales de inspiración japonesa,
sí has leído bien, japonesa, de las termas de A Chavasqueira
sitas a la orilla del Río Miño. En este lugar, bañado
por el sol y con una temperatura agradabilísima esa tarde,
hay una poza pública y gratuita pegada al río y a
pocos metros han edificado una especie de templo japonés
en el que, previo pago de 3,5 euros por persona, se puede disfrutar
de 90 minutos de u conjunto de instalaciones que incluyen baños
calientes, o mejor dicho MUY calientes (tan es así que algunas
personas sufrieron incluso desvanecimientos o lipotimias por tal
razón), templados y fríos tanto al aire libre como
cubiertos. También es posible recibir masajes, cuyos precios
no dan ni en la página web ni siquiera por teléfono,
por cierto. Siguiendo fielmente las indicaciones recibidas los viajeros
de AVIMUN llevábamos el equipo preceptivo: traje de baño,
toalla, chanclas y albornoz, pero in situ comprobamos que la mayoría
de los usuarios, obviamente locales y más avisados que nosotros,
no llevaba albornoz e incluso alguno de nosotros se encontró
con la desagradable sorpresa de que el suyo desapareciera, cosa
que se nos dijo que era relativamente frecuente, así que
atentos. También se produjo otro pequeño problema
con el acceso, pues al ser el aforo limitado hay que reservar turno,
pero esto se hace dando simplemente un nombre y algún listo
se cuela diciendo que es él o ella cuando llaman para entrar
a alguien que no responde a la primera. No estaría de más
de se arbitrara un sistema de más garantía para evitar
la molestia y el enfado producidos por este detalle. Por lo demás
fue una experiencia interesante.

Puente romano a orillas el Miño.
Al oscurecer, tras un agradable paseo de vuelta
bordeando el río y sus numerosos puentes, que van de lo romano,
más bien medieval, al ultramoderno Puente del Milenio, volvimos
al centro para dedicarnos a tapear siguiendo las magníficas
indicaciones que nuestra socia Mariló, nativa de la ciudad,
nos había proporcionado. Y entre vinos, tapas, cafés,
copas, bailes y amistades con gente del lugar nos dieron las diez
y las once y para muchos las doce y la una y las dos y las tres.

Puente del Milenio.
A la mañana siguiente, tras conseguir ponernos
todos en pie, cosa que llevó su tiempo, nos fuimos a desayunar
a un lugar maravilloso que también nos había sugerido
Mariló y tras ir despertando dedicamos la mañana a
recorrer la hermosa y apacible capital orensana que disfruta del
encanto añadido de tener el casco antiguo peatonalizado y
hacer más agradable es paseo por sus tranquilas calles.
Mención especial para los fotógrafos:
en todos los lugares pudimos hacer fotos sin problemas, por lo que
habremos de conceder la mención a la ciudad de "Amiga
del fotógrafo", cosa cada vez más inusual.

Interior de una capilla de la Catedral de Orense.
Las fuentes termales de las Burgas, con agua también
a alta temperatura pero que en este caso sólo se bebe o recoge,
gratis, en recipientes para un uso posterior, la Plaza Mayor, la
Plaza del Trigo, la de la Magdalena, la Catedral, la iglesia de
Santa Eufemia y otros varios puntos de interés como el parque
de la Alameda y sus edificaciones modernistas fueron los lugares
visitados paseando tranquilamente en una mañana de "huevo
frito", o sol y nubes. Una pausa para la tertulia y el vermú
antes de ir a comer.
A la hora de la comida un pequeño contratiempo,
pues en el restaurante en el que previamente habíamos reservado
mesa para los 19 viajeros, se habían confundido ya anotado
14 personas para el día 19 en vez e 19 personas para el día
14. Si bien uno de los camareros trató de arreglar el problema
otro, a lo que se ve con más autoridad, no consintió
en la solución alternativa que su compañero proponía,
comer en las mesas del exterior (que deberían acondicionar,
con el consiguiente esfuerzo adicional), fuera puesta en práctica,
por lo que nos vimos en la necesidad de buscar otro restaurante
en el que poder comer los 19, tarea que felizmente, y gracias a
que habíamos llegado a las 14 horas al restaurante inicialmente
previsto y a que la ciudad no estaba "invadida" de visitantes,
llamado por cierto "Casa María Andrea" , en el
que parece que la comida es buena y el local incluso es monumento,
pero que la gestión no estuvo en esta ocasión a la
altura, pudimos resolver razonablemente bien en otro establecimiento
de las inmediaciones.
Tras la comida y unos cafés en un agradable
café próximo a la catedral nos fuimos en coche a nuestro
siguiente destino: la localidad balnearia de O Carballiño,
que está a media hora en coche de la capital. Allí
nos alojamos en el Hotel Lorenzo, que citamos públicamente
y recomendamos tanto por lo adecuado de sus instalaciones (habitaciones
inmaculadamente limpias, bastante nuevas y en buen estado) como
por la amabilidad y excelente disposición de su propietario,
el Sr. Lorenzo, como su equipo, fundamentalmente familiar, que nos
trataron maravillosamente.
Un paseo por esta localidad orensana y unos vinitos
precedieron a la cena, tras la cual fuimos a tomarnos unos cafés
continuando nuestras permanentes tertulias y luego de copas y más
baile en varios de los animados locales del lugar acompañados
por una lluvia intermitente y a ratos intensa.
El sábado por la mañana, día
de feria en la localidad, aprovechamos para hacer algunas compras
de quesos y otros productos de la zona en los puestos de la feria
y para degustar el famoso "pulpo a feira" que tiene fama
de ser el mejor de toda Galicia, lo que ya es decir. También
nos ocupamos de acudir al balneario a recibir unas sesiones de balneoterapia
que habíamos concertado en un paquete conjunto con el alojamiento
y la manutención con el hotel. En el balneario, instalado
en un hermoso bosque a la orilla del río, tomamos primero
un vasito de las aguas termales, que se aconsejan beber sin respirar
debido al fuerte olor de las mismas a ácido sulfhídrico,
o "huevo podre", y luego tomamos un relajante baño
en una moderna bañera con hidromasaje instalada en cada una
de las cabinas individuales de las que dispone el balneario. Tras
estar a remojo una media hora, se puede descansar un rato en una
tranquila sala que da al jardín antes de reintegrarse al
mundanal ruido.

Balneario de O Carballiño.
Después de comer aprovechamos la mejora del tiempo, que por
la mañana se había presentado gris y con algo de lluvia,
para irnos a conocer el magnífico monasterio de Oseira, el
"Escorial gallego", que está en las inmediaciones
de San Cristovo de Cea a menos de una hora en coche de O Carballiño.
Tras la visita, necesaria, pero relajadamente, guiada de este excelente
monasterio visitamos el no menos interesante museo etnográfico
que está enfrente del monasterio en el que se pueden observar
multitud de piezas de uso diario popular de tiempo más o
menos pasados, la mayoría de las cuales nos eran muy familiares
a los asturianos y nos recordaban los estrechos lazos culturales
que compartimos. Esta visita es igualmente guiada, cosa imprescindible
para entenderlo debidamente, de forma muy amena por la chica encargada
de ello. En ambos lugares anotamos también la facilidad para
hacer fotos, otra mención de lugares "Amigos del fotógrafo".

Sala de las palmeras del Monasterio de Oseira.
Tras una breve para en Cea para comprar unas hogazas
de su famoso pan, que goza de indicación geográfica
protegida, y está muy rico para su consumo inmediato pero
no tanto para el día siguiente o posteriores, nos volvimos
a O Carballiño para descansar un rato, dar otro paseo por
el lugar, comernos unas deliciosas "cañas fritas"
rellenas de crema, y tomar los pertinentes vinitos antes de cenar.
Y después de cenar más cafés, más tertulia,
más copas y más baile.

Parte de los viajeros de AVIMUN visitando el Museo etnográfico
de Oseira.
El domingo por la mañana amaneció
lloviendo con cierta intensidad por lo que la actividad balnearia
fue nuestra principal ocupación de la mañana junto
con algunas compras de más productos de la zona en alguno
de los pocos establecimientos abiertos ese día y la visita
al curioso templo de la Vera Cruz, edificado en los años
cincuenta y que es una amalgama de estilos arquitectónicos
variopintos, completada por la visita del "Muiño das
Lousas", un conjunto etnográfico compuesto por un viejo
molino, la vivienda de su último propietario y otras dependencias
anejas que es guiada con enorme simpatía gallega y entusiasmo
por Remi que nos ilustró tanto sobre el conjunto museístico
como sobre otros no menos interesantes aspectos de la cultura y
costumbres de su tierra. Una visita, y una guía, muy recomendables.

Remi, con pañuelo verde a la derecha, ofreciendo sus explicaciones
a los visitantes.
Nuevamente hemos de otorgar otra mención
de "Amiga del fotógrafo" a la localidad de O Carballiño.
A ver si aprenden en tantos sitios de postín y de medio pelo
que los viajeros agradecen y valoran muy favorablemente la facilidad
para fotografiar los lugares que visitan.

Templo de la Vera Cruz de O Carballiño.
Y tras comer nos volvimos por donde vinimos de
nuevo a Asturias en un viaje en el que tuvimos que ser testigos
de la sangría humana que se produce en nuestras carreteras
ya que en las inmediaciones de Pola de Lena volcó un autocar
y fallecieron varios jóvenes y monitores que regresaban de
un campamento scout. Nosotros, afortunadamente, sólo tuvimos
que lamentar un retraso, otros desgraciadamente no volvieron. Es
la nota triste de un viaje que por otra parte satisfizo a los viajeros
que nos habíamos planteado descansar y viajar relajadamente
estos días haciendo algo poco usual para nosotros, como la
actividad balnearia, y disfrutando de los numerosos atractivos de
una tierra no muy frecuentada.
Información práctica y enlaces para preparar el viaje
en la sección exclusiva para
socios.
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