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ENOTURISMO POR LA RIBERA DEL DUERO.
Peñafiel 2007-05-12


Con este viaje se inicia un ciclo dentro de nuestra asociación de turismo enológico. El fin del mismo será aumentar nuestros conocimientos sobre el vino, tanto teóricos como prácticos. La continuidad del mismo dependerá, en todo caso, de todos vosotros.

El viernes 4 de mayo salimos del punto habitual con exquisita puntualidad hacia Mélida, vallisoletana pedanía de Peñafiel, donde nos alojamos.


Castillo de Peñafiel


La mayoría de nosotros ya nos sentimos impresionados por las diversas tonalidades de verde que nos ofrecía Castilla, al igual que el paisaje de vides saliendo del estado vegetativo del invierno. El paisaje entre Quintanilla de Onésimo y Mélida era un continuo desfilar por los viñedos de algunas bodegas míticas de nuestro país: Vega Sicilia, Abadía Retuerta, Arzuaga Navarro, Protos,...

En Mélida, Almudena y César nos esperaban en los alojamientos de turismo rural "Al Agrego Sol" y "Al Agrego Sombra". Hemos de recomendar estas casas rurales tanto por sus instalaciones como por la amabilidad y atención de sus dueños. Son casas acogedoras con mucho color y cuidada decoración, habitaciones amplias (sobre todo en el Sol) y una potente calefacción.


Habitación de Al Agrego sombra

Antes de la cena, mientras esperábamos a que la última viajera se incorporara al grupo, nos tomamos dos botellas del vino que César produce "Tierra 2005", cinco meses en barrica.

Con el ánimo bien dispuesto nos dispusimos a cenar: ensaladas mixtas, embutido y queso, todo ello regado con un "Emina 2003". Después del café nos fuimos a tomar unas copas al bar del pueblo donde había algunos parroquianos jugando la partida.

El sábado comenzó temprano, ya que nuestra agenda era muy completa. Hacia las 9:15 ya habíamos tomado un completo desayuno para ponernos media hora más tarde en ruta.

Nuestra primera parada fue Curiel del Duero, donde se ha rehabilitado el Castillo como hotel de lujo. Su amable dueño nos permitió visitarlo, mostrándonos algunas de las espectaculares habitaciones decoradas con un gusto exquisito y un mobiliario imponente. También nos mostró la pequeña capilla con que cuentan las instalaciones. Increíble labor de reconstrucción, ya que únicamente quedaban los lienzos en ruinas del castillo.


Vista aérea desde el Castillo de Curiel

Nuestra siguiente parada fue el "Centro de Interpretación Vitivinícola EMINA" del Grupo Matarromera. Teníamos concertado un curso de iniciación a la cata y una comida maridada. Nos recibió Cristina Salgado y nuestro profesor fue Carlos Alberte.

El curso consistió en una introducción a las D.O. de Ribera del Duero, Cigales y Rueda, en las cuales posee bodegas el grupo Matarromera, visitando el Jardín de las Variedades que rodea las instalaciones.

A continuación llevamos a cabo una detallada visita por todas las instalaciones de la moderna bodega Emina: sala de fermentación con cubas de acero inoxidable, sala de crianza con un impresionante parque de barricas (un templo para los amantes del vino), el laboratorio, ...


En la bodega de Emina recibiendo explicaciones del enólogo.


Posteriormente, en la sala de catas, llevamos a cabo la cata de varios vinos del grupo: EMINA VERDEJO 2006, VALDELOSFRAILES ROSADO 2006, VALDELOSFRAILES JOVEN 2006, MATARROMERA CRIANZA 2004, MATARROMERA RESERVA 2003. Opiniones variadas: doce personas, doce puntos de vista.

A destacar la labor de Carlos Alberte, ingeniero agrónomo y enólogo, que consiguió hacer un curso muy ameno, donde el rigor técnico no estuvo exento de una capacidad didáctica accesible a viajeros amantes del vino con conocimientos muy heterogéneos.

Tras la cata, la comida maridada tuvo lugar en el restaurante "La Espadaña de San Bernardo". El menú consistió en: Ibéricos-Valdelosfrailes rosado 2006, Salteado de setas con gambas-Valdelosfrailes tinto joven 2006, Bacalao con pisto-Emina Tinto 2003, Rabo de toro-Tinto Reserva y un postre con OXTO (vino dulce tipo Oporto).

El menú sufrió significativos cambios respecto al que nos habían propuesto: no se correspondía con ninguno de los dos menús que nos habían enviado, y el postre sufrió modificaciones incluso sobre el que al inicio de la comida se propuso. (¡no quedaban 13 raciones!). Aún comprendiendo que el mercado manda, nos parecieron demasiados cambios y lo del postre, una falta de previsión.

Aún con este fallo, la atención y profesionalidad de todos los que nos atendieron merece ser reconocida, y tanto la comida como el curso son altamente recomendables.

El paisaje desde los amplísimos ventanales del comedor de La Espadaña es impresionante: vides y el monasterio de Santa María de Valbuena al fondo. Durante nuestra larga sobremesa pudimos apreciarlo bajo la lluvia. El día había comenzado soleado y las nubes de evolución descargaron un gran chaparrón, que a las 4:30 de la tarde ya había parado.

Nos aprovisionamos con diversos vinos del grupo Matarromera y aceite (picual) e la tienda de la bodega, dando así por finalizada nuestra visita.

Nuestra siguiente parada fue la visita guiada al Monasterio de Valbuena, en buena originen de la enología de la zona allá por el s. XII. Visitamos el claustro, tres de las dependencias de la planta baja (cocina, refrectorio y sala de trabajos) y la iglesia, donde disfrutamos de unas magníficas pinturas murales.


Monasterio de Valbuena

Siguiente parada: Peñafiel. Visita guiada al Aula de Arqueología, que recrea el poblado Vacceo de Pintia, situada en la Plaza del Coso de la localidad. Fue un poco decepcionante, instalaciones muy básicas.

Tiempo libre para pasear por la localidad y apreciar el rico patrimonio artístico que posee. La Iglesia de San Pablo de estilo gótico-mudejar, edificada sobre el primitivo alcázar posee una preciosa capilla funeraria de la familia Manuel de estilo plateresco (s.XVI). La anteriormente mencionada Plaza del Coso, lugar de fiestas y festejos taurinos desde la Edad Media, tiene planta rectangular con viviendas con arabescos de madera en los balcones.

Los puentes sobre el río Duratón, la antigua judería, el convento de Las Claras,... Todo el paseo con la atronadora música de diversas charangas que se dieron cita ese día en la localidad.


Plaza del Coso

La cena tuvo lugar en los Agregos: unas suculentas chuletillas de lechazo asadas al sarmiento que José Luis y César nos prepararon para que, literalmente, nos chupásemos los dedos. El vino para la cena fue el tinto de César, al cual nos estábamos aficionando. Almudena, muy amablemente, nos hizo las compras para preparar las ensaladas, para acabar con un pacharán casero de César, del que obviamente no dejamos ni una gota.


José Luis en la parrilla (foto de Mariló).

El domingo también tenía una mañana cargada de actividades: visita guiada al Castillo de Peñafiel y al Museo del Vino. El castillo es un edificio impresionante en cuanto a su estado de conservación y localización. Lo que es lamentable es que la visita guiada se haga, como fue en nuestro caso, en grupos de unas 200 personas.


Foto del grupo en el castillo de Peñafiel.

En el interior se encuentra el museo, en el que se puede hacer una visita autoguiada por las dos plantas del que consta. También es mejorable y la atención del personal deja mucho que desear.

Nos trasladamos a Campaspero, situado a 15 Km. de Peñafiel, donde teníamos una reserva para comer en el restaurante Mannix, que nos había recomendado César. Este restaurante tiene fama de ser uno de los que mejor prepara el lechazo churro asado en horno de leña de toda la región. Mientras esperábamos, tomamos un vino joven de la casa de Ribera del Duero, con el que luego seguiríamos en la comida. El menú consistió en unas morcillas con piñones, ensaladas, patatas, lechazo asado, postres y cafés.

Hemos de mencionar la poca profesionalidad tanto de la persona encargada de la barra como del responsable del asador (Marco Antonio García). Fueron muy reacios a darnos la factura de las consumiciones hechas en la barra, que tras reiteradas peticiones y una queja por su importe, con demanda del libro de reclamaciones incluida, conseguimos a la vez que recuperar el importe indebidamente cobrado. Por si esto no hubiese sido suficiente, el encargado nos hizo el siguiente ofrecimiento, palabras textuales: "Podéis escribir (la queja) en mis cojones", ofrecimiento que no aceptamos y decidimos utilizar este medio que nos parece más adecuado y educado.

Por lo tanto, no recomendamos el restaurante Mannix, exceptuando a aquellos masoquistas a los que les guste ser timados y tratados sin ninguna educación.

Esto no empañó en absoluto el viaje. Es una de esas anécdotas que no modificará la magnífica impresión que nos causó la ribera del Duero: sus paisajes primaverales, sus castillos y monasterios, su gastronomía y la buena atención, en general, que recibimos de todos aquellos con los que tuvimos contacto.


Monasterio de la Armedilla

La vuelta incluyó una parada para contemplar las ruinas del Monasterio de la Armedilla (s. XV-XIX), antes de continuar nuestro viaje a Oviedo y Orense. Un viaje que requirió en mayor medida que otros de la colaboración de todos en tareas de preparación de alimentos, limpieza de la vajilla y conducción de vehículos.

Un saludo a todos/as y si queréis nos vemos en Toro.

Texto y fotos, salvo la indicada de otra autora):

María José Llaneza Freije.

También te ofrcemos un vídeo con imágenes del panorama que se divisa desde la torre del homenaje del Castillo de Peñafiel y de la plaza del Coso con actuación de charangas:

 

 

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