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VIAJE A SEGOVIA DE AVIMUN

Llegamos a Segovia con una tarde espléndida viendo la catedral desde lejos con su imponente torre. El paso por debajo del Acueducto no está permitido, por lo que tuvimos que dar unas vueltas e ir hasta la Puerta de Madrid para entrar en la ciudad, llegando a la plaza de Oriente con el Acueducto frente a nosotros; subimos por San Juan y tras acceder a la plaza Mayor, a nuestro Hostal, El Hidalgo, ubicado detrás de la Iglesia de San Martín, donde nos instalamos. El edificio que alberga el hostal es del siglo XIII con modificaciones posteriores, muy bonito en su parte baja, el comedor se encuentra en un patio renacentista que atravesamos para acceder al piso superior. Dos de las habitaciones están en el segundo piso y una de ellas, la individual, tiene una hermosas vistas sobre la iglesia de San Martín, por lo demás, el hostal es correcto, muy sencillo pero limpio y las camas buenas, lo que nos permite descansar las dos noches que estuvimos en él, pero la escalera interior por la que se accede directamente a la calle es un tránsito lúgubre y sucio, de madera, con una alfombra que no ha visto la escoba desde el tiempo de los romanos.

Dejamos el equipaje en el hostal e inmediatamente nos vamos a callejear, atravesamos la plaza de Medina del Campo o de las Sirenas, plaza renacentista preciosa, rodeada de palacios a cual más bonito, la Torre de los Lozoya, Iglesia de San Martín y con la estatua de Juan Bravo, célebre comunero. La iglesia está cerrada, como todas, pero ésta por restauración, ni siquiera se puede pasear por su atrio, exterior como en todas las iglesias de Segovia, con unos capiteles historiados preciosos que no podemos observar de cerca, así que nos encaminamos hacía la Alhóndiga, antiguo mercado de grano y de allí a la plaza del Platero Oquendo, donde se halla el Palacio del Conde Alpuente, gótico y como no, cerrado a esas horas. Calle Real abajo, pasamos por delante de la Casa de los Picos, el Teatro Cervantes y el mirador de la Canaleja, desde donde contemplamos la zona que rodea a Iglesia de San Millán y al fondo, el campo.

 

Acueducto
Acueducto

Como el personal anda contento con lo que esta viendo y para que sirva de introducción en tierras segovianas, nada mejor que un vinito en las Cuevas del Duque, donde junto al horno de asar tomamos unos aperitivos a base de chorizo y morcilla de la tierra para ir haciendo boca. Con el estomago ya templado y el animo contento nos dirigimos a la plaza del Azoguejo para contemplar el Acueducto, imponente y majestuoso, con su altura de casi 30 metros y sus bloques de granito que en dos hileras de arcos llevaban el agua desde la sierra hasta Segovia, entrando por el Postigo de la muralla para alcanzar después la Plaza Mayor y el Alcázar.

Cenamos en el "Desván", cervecería que se ubica en lo que fue una cafetería con amplios ventanales sobre el mirador de la Canaleja y que remozada, ha perdido el sabor antiguo para convertirse en uno de esos locales que podemos encontrar, iguales, en todas las ciudades.

Caminando por las calles posteriores a Fernández Ladreda llegamos a la Iglesia de San Millán, la mas grande, en el centro de una buena extensión de terreno que nos permite admirarla en su conjunto; más adelante, San Clemente, y callejeando llegamos a Santa Eulalia y los antiguos edificios que sobre columnas tiene frente a ella. De vuelta hacía el centro atravesamos lo que fue el mercado de Muerte y Vida, hoy desaparecido, para llegar a través de la calle San Francisco, a la Academia de Artillería y los edificios que como la Casa del Sello de Paños, se ubican en ella.

El grupo
El grupo

El sábado desayunamos en la Plaza del Ayuntamiento, sentados en la terraza de La Concepción, donde nos ponen unos churros y un croasant bastante malos, mientras aprovechamos para recoger algo de información en la Oficina de Turismo que se encuentra junto a la Iglesia de San Miguel. La primera visita que hacemos es a la Catedral, gótica, elegante, luminosa.... la "Dama de las Catedrales", construida tras la destrucción de la antigua catedral, románica, que se hallaba delante del Alcázar y que sufrió gravísimos daños en la guerra de las Comunidades. El claustro de Juan Guas y una bellísima portada plateresca se salvaron y fueron instalados en el actual templo, que tiene un verdadero bosque de pináculos en el exterior de la girola, y una torre renacentista altísima, la ultima obra que se realizó fue la portada herreriana de San Frutos. A pesar de las obras de restauración que se están realizando en el centro de la catedral realizamos la visita y disfrutamos del sol que penetra por las vidrieras, bellísimas y originales. Una suave música clásica nos acompaña.

Por la calle Daoiz accedemos al barrio de las Canonjías y la plaza de la Merced, adentrándonos en lo que constituye el mejor exponente del románico civil del país y que, un poco destartalado, nos lleva al Alcázar. Las hermosísimas vistas que hay desde los jardines sirven de prólogo a la visita, el Parral, la Vera Cruz, San Marcos, la Fuencisla y al fondo, Zamarramala, pueblo donde un día al año mandan las mujeres y se elige Alcaldesa; por el otro lado, la muralla que rodea la ciudad, la Catedral, la cuesta de los Hoyos y el cementerio judío, el antiguo matadero, etc.

Comiendo
Comiendo

Como es pronto aún no hay demasiada gente visitando el Alcázar, algún premio tiene que tener el madrugar... por lo que vamos recorriendo las salas abiertas al publico, patios y el museo de armas sin demasiados agobios, al igual que los sótanos y la torre, desde donde las vistas son magníficas. Al finalizar el recorrido y con un calor muy considerable, nos dirigimos hacía el centro por la calle de Velarde pasando por la Claustra y el jardín de Fromkes, pintor estadounidense que se enamoró de Segovia y allí se instaló; cuando llegamos a la plaza de San Esteban se impone refugiarnos del sol y refrescarnos los gaznates, cosa que hacemos en el Mesón "Casco Viejo" tomando unas tapas de queso y chorizo realmente exquisitos; se trata de un establecimiento con varios siglos de antigüedad, fresquito y acogedor.

Tras admirar la esbelta torre de San Esteban y su atrio, nos dirigimos a por los coches, pero como la ciudad es un entramado de calles que albergan antiguos palacios muchos de ellos reconvertidos en establecimientos hosteleros, es fácil encontrar alguno que llame nuestra atención, además claro, de admirar fachada tras fachada los elementos antiguos que conservan, un alfiz, una portada, ventanas, etc. La "Cueva de San Esteban" es uno de ellos, convertido en mesón y propiedad del que fuera premiado el año pasado como mejor "Nariz" de nuestra gastronomía, es donde tomamos un picoteo rápido y descansamos, además de contemplar el hermoso patio que con pozo incluido, tiene al fondo.

La visita a la ciudad queda aplazada para la tarde-noche, ya que tras recoger los coches en el garaje que el hostal tiene concertado (casualmente propiedad de una asturiana de Oviedo, casada con un segoviano y que lleva 33 años en la ciudad) ponemos rumbo a La Granja de San Ildefonso para aprovechar que los sábados de los meses de primavera y verano, funcionan las fuentes del Parque, siendo este un espectáculo que no se puede perder. Tras tomar café bajo los grandes árboles, abetos, cipreses y secuoyas que sirven de pórtico al Palacio realizamos la visita de este que fue residencia de Reyes y que alberga gran cantidad de obras de arte. Una buena colección de relojes, lámparas, cuadros y mobiliario, así como de esculturas, sirven de prólogo al recorrido que después hacemos por el Parque para ver las fuentes funcionando; lo hacen los sábados por la tarde de la primavera y verano, cuatro fuentes cada sábado, congregándose gran cantidad de visitantes que al menor descuido acaban empapados de agua, ya que alguna de las fuentes debido a la fuerte presión del agua y a la dirección del viento hacen que todo el que se encuentra a su alrededor acabe como en una ducha. Es un espectáculo magnífico que disfrutamos hasta el final. La pena es que la fuente "El baño de Diana" está en restauración, es sin lugar a dudas, la mejor de todas.

Al volver a Segovia y después de superar la caravana de vehículos que se forma (aquí también llegan los embotellamientos de tráfico), nos dirigimos al Barrio de San Lorenzo para contemplar su iglesia románica y la plaza que la circunda, una hermosa muestra de cómo fueron los barrios segovianos, la edificación de ladrillo con sus entramados de madera a la vista.

El grupo ha decidido cenar en Duque a la vista del éxito del aperitivo de la noche anterior, así que nos dirigimos al Hostal para ponernos "guapos" y descansar un poco. Ya frescos y mas bonitos que un San Luis salimos en dirección a otro de los puntos con mas encanto de la ciudad, la iglesia de San Juan de los Caballeros, iglesia románica que a principios de siglo fue adquirida por Zuloaga para instalar en ella su Taller de Cerámica y su vivienda y que actualmente alberga el Museo del artista. La zona fue en tiempos palenque donde los caballeros dirimían sus afrentas a caballo, espada o lanza en mano; actualmente es zona de botellón que algunos jóvenes nos invitaron a compartir.

Fuente
Fuente

De San Juan de los Caballeros a la plaza del Conde de Cheste para admirar cuanto palacio se ubica allí, así como la Casa de las Cadenas que sobre la muralla servía de puerta de entrada a la ciudad. Rodeando este edificio nos adentramos en la zona del Postigo, final de los arcos del Acueducto y desde donde hay una espléndida vista del Acueducto, Azoguejo y de la Mujer Muerta.

La cena, estupenda, como no podía ser menos en Duque, un cochinillo exquisito acompañado de ensalada y que alguno, para entrar en calor, tomó tras una sopa castellana..... de postre, Ponche segoviano, pero aquí falló la cosa.... el ponche que nos pusieron poco tiene que ver con el exquisito postre que se hace en los buenos obradores de pastelería, suave y sin colorantes industriales como el que tomamos. Una pena. A destacar la profesionalidad del camarero, un joven búlgaro que habla castellano a la perfección y que nos atendió correctamente.

Para bajar la cena no hay nada como un buen paseo, así que nos encaminamos al "Salón" que nos recibió con perfume a jazmín. Una pena no poder visitarlo de día ya que la vegetación es muy abundante y las vistas estupendas, pero todo no se puede hacer... lo recorrimos tranquilamente admirando las murallas que restauradas continúan una vez finalizado el paseo, contemplando las torres, algunas cuadradas, con arcos de ladrillo, que nos llevan hasta la Puerta de San Andrés desde donde nos internamos por las callejuelas de la judería hasta alcanzar la Catedral. Toda esta zona está siendo cuidada y recuperada, restaurándose sus edificios, sacando a la luz elementos arquitectónicos de interés y dejando el ladrillo a la vista, eliminando todas las capas que los años, la ignorancia y la desidia han ido añadiendo a la ciudad.

Alcanzamos la Catedral por la parte del Ábside contemplando el bosque de pináculos que lo adornan así como las gárgolas que eliminan el agua de sus tejados. La plaza mayor se encuentra a estas horas llena de gente que sentada en terrazas disfruta del frescor de la noche. La calle Escuderos se encuentra en obras, pero aún así bajamos por ella en busca de los palacios que tuvo, hoy perdidos en su mayor parte.

La noche segoviana esta francamente animada, gran cantidad de establecimientos, bares de copas sobre todo, están llenos a rebosar, pero el personal anda ya muy cansado y nos vamos todos a dormir, atravesando la plaza del Doctor Laguna y contemplando una vez mas la Torre de los Arias Dávila con sus esgrafiados.

El domingo amanece tan espléndido como era de esperar, a las 9 de la mañana un sol de justicia entra por la ventana del hostal y nos despierta, afortunadamente, ya que el despertador no sonó y ese día casi todos nos dormimos. El desayuno lo hacemos junto a la Sinagoga, con porras, churros y algún chocolate. La despedida es inminente, así que llega el momento de las compras, los recuerdos, se buscan objetos de cerámica y dulces; la pastelería El Alcázar, la mejor pastelería de Segovia (al menos en aquellos años...) se encuentra cerrada y aunque esperamos, casi nadie conseguirá comprar un Ponche de los de verdad!

Otra del grupo
Otra del grupo

Para despedirnos de Segovia aún nos queda visitar el Monasterio del Parral y la Vera Cruz. El Monasterio, de jerónimos, en el que solo 8 frailes viven actualmente, es uno de los mas bellos parajes de la ciudad, desde el que se pueden disfrutar unas vistas maravillosas del Alcázar además de disfrutar del agua de manantial que surge en uno de los patios del convento y contemplar su hermosísima iglesia. A las 12 del mediodía hay misa cantada en gregoriano pero no podemos quedarnos ya que nos dirigimos a la iglesia templaria de la Vera Cruz. Misteriosa y única en España, con sus doce lados y sus cámaras interiores donde realizar el proceso iniciático de los caballeros del Temple, contuvo el Lignun Crucis, actualmente en la iglesia de Zamarramala. La torre, posterior a la construcción del templo, se encuentra cerrada, por lo que nos vemos privados de las vistas que de la ciudad se tienen allí.

Para terminar nuestra visita a Segovia y tras refrescarnos en un mesón, visitamos el Sepulcro de San Juan de la Cruz, ofensivo en su magnificencia, y ubicado en la iglesia de los Carmelitas en la que el retablo que ocupaba el altar mayor hace ya muchos años fue sustituido por unas espantosas pinturas.

La alameda de la Fuencisla se encuentra cortada por unas vallas ya que se ha producido un desprendimiento en la roca bajo la que se halla el santuario, por lo que no solo éste ha sufrido daños sino que es peligroso acercarse. En este punto y subiendo por la cuesta de los Hoyos se tiene una de las mas hermosas vistas del Alcázar ofreciendo una imagen en la que asemeja la proa de un barco, con la que lo despedimos. Rodeamos la ciudad para salir por la carretera de Soria, lo que nos permite una última visión del Acueducto antes de dirigirnos hacía Pedraza.

Es este uno de los mas bonitos y mejor conservados pueblos de la provincia, con su sabor medieval; se accede atravesando la muralla por una puerta junto a la antigua cárcel que nos sumerge en un dédalo de callejuelas entre edificios antiguos, con elementos arquitectónicos muy interesantes, y por las que llegamos a la gran plaza mayor del pueblo, donde se ubican la iglesia, el Ayuntamiento, la Farmacia, el bar del Alcalde y unas elegantes casas sobre soportales. En el bar del Alcalde continúan sirviendo el vino directamente del odre, en un local con varios siglos de antigüedad, y con el que abrimos boca para el corderito asado que tenemos encargado en el Bodegón Manrique, un local de los de "toda la vida" con su horno de asar al fondo, y en el que no se puede comer nada mas que cordero y ensalada, y tampoco se necesita mas... exquisito cordero! Después de ponernos las botas comiendo y tras dar un paseo hasta el castillo decidimos que la vuelta a casa la haremos por Coca para visitar, aunque por fuera, su Castillo mozárabe, como así hacemos para poner punto y final a este fin de semana en tierras segovianas.

 

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