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ENOTURISMO EN TORO


Continuando con los viajes de turismo enológico de la asociación, el último fin de semana de septiembre nos dirigimos a Toro, mítica tierra de vinos y viñedos, que ya suministraba a la Corte y a las carabelas en su viaje al Nuevo Mundo. Posteriormente denostada, gracias a la labor comenzada en los años 70 del pasado siglo por gentes emprendedoras del sector, volvió a renacer cuando en el año 1977 se creó la D.O.

Plantación en vaso

Plantación en vaso


Actualmente, dentro del sector se habla de milagro o renacimiento de la tinta de Toro. Aunque a pie de viña y bodega, más que milagro lo que se observa es mucho trabajo y una inversión muy elevada.

Tinta de Toro a punto de ser recolectada

Tinta de Toro a punto de ser recolectada

Con esas inquietudes y expectativas comenzamos nuestro viaje, que como descubriréis a lo largo de estas páginas, no se vieron defraudadas.

Camino de Toro, nos detuvimos en Villardefrades, cuya iglesia barroca, descomunal e inconclusa, anima al viajero a detenerse en su contemplación. Parte de esta historia nuestra, que habla de obispos y otros personajes más o menos ilustres, que enviaban dinero desde América para sufragar enormes proyectos en sus pueblos, se puede observar en la riqueza de materiales, trazado, detalles decorativos (a destacar dos relojes de sol de la fachada de 1763), dinteles, hornacinas,...

Iglesia inconclusa de Villardefrades

Iglesia inconclusa de Villardefrades

A las 19,30 ya nos encontrábamos en Toro con el primer vino en la mano: un Gran Colegiata que no defraudó.

Allí esperábamos a Josefa González, responsable de la casa rural El Bahuero, que nos acompañaría hasta la casa situada a 5 kilómetros de Toro.

Respecto a la casa, mencionar que las habitaciones son en exceso heterogéneas, siendo dos de ellas francamente penosas: la doble de las Garzas, que a duras penas era sencilla, y la sencilla de Maíces, que no poseía ni puerta. Algo muy lamentable que ya se comentó a la responsable. Además, la decoración era austera y el equipamiento en menaje escaso. Mención aparte merece el servicio de Josefa, que amablemente nos recogió el vino en la bodega y nos compró el lechazo.

Nuestra primera cena de confraternización tuvo lugar el viernes en la casa rural. Éramos quince: mayoritariamente asturianos, pero con presencia de una orensana, una vallisoletana y un madrileño.

Los productos de la pitanza: empanada de bacalao y pasas, queso del país, ensaladas,... regados con vino de la tierra, un Marqués de Olivara Crianza 2004. Cafés, infusiones y bebidas, más o menos espirituosas, hicieron que la sobremesa se alargara. Nuestra viajera Mariló se encargó de proporcionarnos la mayor parte de los alimentos, y además nos obsequió con un delicioso licor café de su elaboración.

El sábado madrugamos, y a las 8,30 ya teníamos el desayuno listo: fruta, jamón cocido, queso, bizcocho de manzana y pasas, bizcochos, café,...

Bodega Estancia Piedra
Bodega Estancia Piedra

A las 9:30 en ruta hacia la bodega Estancia Piedra, donde pasaríamos 5 horas. A la llegada nos recibió Inma Cañibano, directora gerente de la bodega, que supo transmitirnos parte de sus conocimientos y su gran amor por el mundo del vino . Una auténtica gozada seguir sus explicaciones a pie de viñedo y por las distintas estancias de la bodega, para acabar en la sala de catas.

El grupo en la sala de barricas

El grupo en la sala de barricas

Sus explicaciones sobre el tipo de suelo, la orientación de las parcelas, el tipo de plantación del viñedo, la vendimia, las variedades de uva,....fueron una lección magistral, que no dejo de recomendar a aquellos a los que os guste el vino.

Cata y comida en la bodega E.P.

Pudimos ver algunos vendimiadores en la parcela de Bocarraje, la recogida manual en cajas de 20 Kg., el transporte a la mesa de selección,...

En la cata Inma nos presentó 6 de sus vinos: Cantadal blanco (verdejo 2006); Cantadal rosado (tinta de Toro 2006); Cantadal tinto (tinta de Toro, cabernet sauvignon, merlot y garnacha 2004); Estancia Piedra Crianza (tinta de Toro y garnacha 2002); Lagarona (tinta de toro y garnacha 2001); Estancia Piedra Paredinas (tinta de Toro 2000). Una magnífica cata con el tinto Paredinas como joya de la corona, aunque también fue elogiado el crianza.

En la comida se produjo uno de esos errores que fastidian y dejan un mal sabor de boca cuando todo estaba transcurriendo perfectamente. El menú consistía en cuatro grupos de productos de calidad de Castilla-León: quesos, empanadas, embutidos y postres tradicionales. Nuestra sorpresa fue cuando el cuarto grupo no apareció: ¡nos quedamos sin postres!.

He de mencionar que, ante la comunicación por e-mail a Inma de lo ocurrido, nos reiteró sus disculpas y nos confirmó que los postres estaban a nuestra disposición, pero que la persona encargada no había realizado correctamente su labor, y ya no pertenecía al equipo de la bodega por sus reiterados errores en la recepción de las visitas.

Paso obligado por la tienda, para que la mayoría del grupo se aprovisionase de los magníficos vinos, que más que catado, habíamos degustado. También he de mencionar que nos regalaron dos botellas para el grupo.

Regresamos a Toro para tomarnos un café y patearnos la ciudad durante más de dos horas: torre del reloj, alcázar, iglesia de San Lorenzo el Real, vistas del río Duero desde el espolón,...

Vista de Toro

Vista de Toro

A las 18,00 tenías concertada la visita al Monasterios de Sancti Spiritus, una auténtica joya de Toro. Durante más de una hora la guía nos condujo por la iglesia en la que destaca el coro y el sepulcro de la reina Beatriz de Portugal, en alabastro ricamente labrado, la sala capitular, la sacristía, el claustro. A destacar la interesante colección de sargas, única en su género.

Siguiente parada: la ermita de Nuestra Señora del Canto, con una imagen de la Virgen con el Niño en brazos del s. XIII, labrada en piedra de arenisca y policromada.

Grupo en Toro

Grupo en Toro

A continuación, teníamos concertada la visita a la bodega Reja Dorada, pero debido a un fallo eléctrico no fue posible. Como desagravio, Ana María nos invitó a probar su vino joven. Para variar, marchamos surtidos de todo tipo de productos de la zona, incluyendo, como no, sus vinos.

Vuelta a la casa rural para la cena. Habría que dedicarle casi un relato completo a la odisea de José Luis para darnos de cenar. Lo primero, el viaje hacia la oscuridad en busca de las sarmientos podados con los que, en un principio, pensaba alimentar la barbacoa. Peregrinaje infructuoso para volver a la casa rural y con ayuda de Josefa dirigirse de nuevo, por no veáis que "caleyes", a la búsqueda de la deseada madera. Tras un nuevo fracaso, Josefa indico donde se podían encontrar restos de poda de frutales, esta vez con resultados positivos.

De vuelta a la casa, José Luis se las ingenió para convertir esas maderas en brasas para la barbacoa, que me rió yo del milagro del pan y del vino. Para mas inri, a nuestro agu errido cocinero no hacían más que lloverle ofrecimientos para poner en marcha las sartenes y freír nuestro lechazo. Inasequible al desaliento, consiguió hacer en la barbacoa más de siete Kg. de lechazo, que estaba para chuparse los dedos.

Muchísimas gracias por alimentar a esta pandilla de descreídos y no azotarnos la parrilla y la carne.

Carmen nos obsequió con unos "carballones" que nos supieron a gloria. Cafés, infusiones y orujos varios nos acompañaron en otra sobremesa, mirando al cielo castellano y disfrutando del porche de la casa.

El domingo nos levantamos más tarde, y también dimos cuenta de un opíparo desayuno, con los deliciosos bizcochos de Ana.

Recogimos todo, le presentamos las quejas oportunas y ya mencionadas a Josefa y nos dirigimos a Toro.

Colegiata de Toro

Colegiata de Toro

Como no solo de vino vive el hombre, visitamos la fantástica Colegiata de Santa María la Mayor, joya del románico s. XII. La puerta del mediodía contiene el Pórtico de la Majestad, un impresionante conjunto esculpido en piedra que conserva su policromía original. En él se narra la vida de la Virgen, de Cristo y el Juicio Final. A destacar este último muy expresivo, con un infierno de lo más aterrador y un cielo muy aburrido. En la sacristía se encuentra un pequeño museo, donde lo más destacable es el Calvario de marfil, donde con una minuciosidad digna de elogio se narra "La Pasión" de Mel Gibson (cinéfila que es una).

Bajo una especie de diluvio universal, nos dirigimos a la bodega Marques de Olivara. Coro Blanco, la enóloga, que fue tan amable de recibirnos en domingo. Nos realizo una amplia visita a las enormes instalaciones con que cuenta la bodega, comentándonos todo el proceso.

A destacar los enormes depósito de cemento que aún posee la bodega y la impresionante sala de barricas. Todo ello con los comentarios de Coro que sirvieron para profundizar aún más en nuestro conocimiento del mundo del vino, hablándonos de procesos como la microoxigenación, el añadido de partículas de madera para evitar el costoso paso por barrica (técnica muy extendida fuera de Europa),...

Depósitos de cemento en la bodega Marqués de Olivara

Depósitos de cemento en la bodega Marqués de Olivara

La cata de tres vinos de la bodega la realizamos en una acogedora sala abovedada que se encuentra en el interior de la bodega. Los vinos fueron Marqués de Olivara joven, crianza 2004 y reserva 2001. Como siempre el reserva recibió más elogios. Dada la hora, las 2 de la tarde, y el hecho de que Coro nos hubiese puesto para picar unos quesos y embutidos, consideramos conveniente sacar nuestra empanada de bacalao y pasas y las pastas de las monjas del Monasterio de Sancti Spiritus para acabar el almuerzo.

Paso de nuevo por la tienda para aprovisionarnos, de nuevo, con los vinos crianza y reserva. En este punto del viaje, los maleteros estaban a reventar y nuestras provisiones vinícolas eran promesas de largas sobremesas con familiares y amigos.

Muchas gracias a Coro por las explicaciones, la atención y profesionalidad, y por permitirnos esa confianza que nos hizo comer relajadamente en su bodega.

Tras el café, finalizó el viaje conjunto, dirigiéndose tres coches a Oviedo, uno a Orense y otro a Málaga.

Obviamente la filosofía de las dos bodegas visitadas en el viaje son distintas, aunque más que opuestas yo diría que complementarias. En un mundo tan complejo y competitivo como el del vino, las estrategias a seguir son muchas y las opciones como pudimos apreciar a pie de viñedo varias: tener o no tener viñedo propio; contar con barricas francesas o americanas, nuevas o viejas; hacer o no vinos de pago, encaminar la producción hacia un sector u otro del mercado;... Pero si hemos de destacar tanto la profesionalidad de Inma Cañibano como la de Coro Blando, gracias a ambas por transmitirnos parte de sus amplios conocimientos y su amor por el vino. Ha sido un placer conoceros.

Y a todos os emplazo al nuevo viaje que ya está en marcha, esta vez a Rueda. La idea es seguir el ciclo vegetativo de la uva, por lo que haremos los viajes en distintos meses del año.

M. José Llaneza.


 

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