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VIAJE A BERLIN DE AVIMUN

26 a 29 de mayo de 2007

Texto, fotos y vídeo de Enrique Quirós


El viernes 25 de mayo salimos para Madrid los quince viajeros de AVIMUN que nos disponíamos a pasar unos días en Berlín aprovechando un puente local de la ciudad de Oviedo, el único en el que solemos viajar precisamente por ser solamente fiesta local y no tener que sufrir los muchos inconvenientes de los viajes en puentes de ámbito mayor (altos precios, llenos en los sitios, etc.).

Algunos optaron por pasar parte de la noche, ya que el vuelo salía a las 06.45 de la madrugada del sábado, en Madrid viajando con antelación y la mayoría, encima los de la "tercera edad", nos decidimos a volver a nuestros mejores tiempos de mochileros paupérrimos y pasamos unas horas en el aeropuerto mismo. Hay que avisar que en la Terminal 1 de Barajas no había ni siquiera sillas, al menos en la zona de facturación, por lo que hubimos de pasar las horas en el puro suelo, al igual que otros viajeros en nuestra misma situación.

Durmiendo en el aeropuerto.
Durmiendo en el aeropuerto.

El vuelo, de bajo coste (desde 64 euros ida y vuelta con todos los cargos incluidos, gracias a sacar los billetes con la máxima antelación, en enero) con easyJet salió razonablemente bien y a las 09.30 estábamos en el aeropuerto de Schöenfeld de Berlín, uno de los tres de los que dispone la ciudad, y que se encuentra al sureste. Allí nos estaban esperando los dos minibases que habíamos contratado para el traslado por comodidad (se puede ir al centro en tren desde casi el mismo aeropuerto, pero al ser un grupo la diferencia de precio era pequeña y por ocho euros por cabeza hicimos los traslados de ida y vuelta al hotel) y en poco más de media hora estábamos en el hotel, en la zona este de la ciudad y a poco más de veinte minutos andando de Alexanderplatz (uno de los centros de Berlín), así tras instalarnos y asearnos un poco a las 12.00 de la mañana comenzamos nuestro recorrido por esta muy atractiva ciudad, salvo nuestra compañera Belén, que por un problema en la rodilla no pudo alejarse mucho del hotel durante el viaje.

El grupo cerca del hotel con la torre de la TV al fondo.
El grupo cerca del hotel con la torre de la TV al fondo.

Como nuestro hotel estaba muy bien situado, con una estación de metro y otra de ferrocarril metropolitano (un metro de superficie) a menos de diez minutos andando, en un momento llegamos a nuestro primer destino: el Reichstag o Parlamento. Tanto por su valor simbólico como por la notable cúpula, obra de Norman Foster, que lo corona y desde la que se divisa una magnífica panorámica de la ciudad, que al ser totalmente llana y dotada de edificios de escasa altura en general es visualmente muy accesible desde cualquier punto medianamente elevado. Además el acceso es gratis, aunque hubimos de hacer casi una hora de cola al sol y con un bochorno que nos acompañaría casi todo el viaje, pero la vista es magnífica y la cúpula muy atractiva y no desentona en absoluto, a pesar de su modernidad de vidrio y acero, con el vetusto y restaurado edificio prusiano.

Cúpula del Reichstag.
Cúpula del Reichstag.

De allí nos dirigimos al segundo punto típico de una visita a Berlín: la Puerta de Brandemburgo, que a la sazón estaba tomada por los aficionados al fútbol, ya que esa misma tarde se disputaba en la ciudad la final del campeonato de liga de Alemania, así que un rápido vistazo y nos fuimos hasta Postdamer Platz, una zona que en los tiempos no tan lejanos de la división en dos de la ciudad era territorio abandonado y una especie de zona de nadie y en la que hoy se han levantado espectaculares rascacielos y edificios de vanguardia arquitectónica de miles de millones de euros. Nuestra primera comida, en una terraza de un restaurante italiano de la zona, por la que pagamos 7,50 euros (pizzas y ensaladas regadas con abundante cerveza) nos recordó nuevamente, como en nuestro anterior viaje a Alemania, que los precios de las comidas en este país son mucho más baratos que en España y que por ello tenemos la sensación de que alguien nos debe estar timando con los precios de la restauración, porque si en Alemania, con mayores salarios y camareros nativos que hacen jornadas razonables de trabajo, se pueden permitir unos precios más bajos que los de la de aquí, que tiene camareros inmigrantes por los bajos salarios y largas jornadas y que cobra precios más elevados por las comidas. Alguien debería dar alguna explicación sensata, si la hay.

Después de comer vemos los primeros restos del infame muro de Berlín en la Postdamer Platz y luego nos vamos a refugiar de una repentina y espectacular tormenta de lluvia primero y granizo de grandes dimensiones después, bajo los toldos de una terraza. La intensidad de la lluvia, que por fortuna duró apenas unos minutos, era tal que nos hizo visualizar literalmente la conocida expresión de "cuando llueva pa'rriba", pues las gotas saltaban del suelo como si de veras lloviera para arriba.

Postdamer Platz
Postdamer Platz.

Tomamos el metro del eficiente y económico transporte berlinés (habíamos sacado un pasa de un día para grupo de hasta cinco personas por 15,40 euros que nos permitía tomar sin limitaciones metros, autobuses, trenes suburbanos y los tranvías, éstos últimos circulan sólo por el este, con lo que por poco más de tres eurillos íbamos y veníamos raudos y veloces a nuestro aire) para volver al hotel a descansar un rato, recuérdese que estábamos "de doblete" ( o sea, sin dormir la noche anterior) y algunos todavía tuvimos ánimos para irnos a dar un paseo de noche por el cercano y famoso barrio alternativo de Kreuzberg, donde cenamos en la terraza de un agradable restaurante, turco, como la mayoría de los de la zona, abundante y ricamente por unos moderados 12 euros por cabeza (de nuevo volvemos a pensar en la hostelería patria) y algunos se toman después unos cafés en esta zona tradicional de marcha nocturna antes de volver al hotel a dormir a pierna suelta.

Ampelman
"Ampelman" (el dibujitio del caballero con sombrero de los semáforos de la parte oriental)

El sábado por la mañana desayunamos abundante y sabrosamente en el bufé del hotel, modesto, de dos estrellas, pero limpio, céntrico, tranquilo, a pesar de ser también albergue de juventud, bien comunicado y con todos los pequeños servicios que puede necesitar el viajero (desde venta de bebidas a cualquier hora del día o la noche hasta un cepillo de dientes o una tarjeta de memoria para la cámara fotográfica) y por el que pagamos unos 35 euros por cabeza y noche con desayuno y ducha en la habitación, lo que para los precios de los hoteles de Berlín resulta muy económico y dadas las prestaciones de excelente relación calidad precio.

A las 9 empezamos las visitas del día. El palacio de Charlottenburg y sus deliciosos jardines fueron nuestra primera etapa. Después comimos, y nos refugiamos de un nuevo chaparrón, convenientemente venido a la hora precisa para no molestar nuestros paseos, en otra terraza muy agradable en medio del bulevar que hay frente al palacio y que tenía hasta un cantante con su sintetizador que se alegró de tener un público hispano más animado que la concurrencia alemana, y que no paró de tocar todo su repertorio latino. Todo para que fuera la clásica trampa atrapaturistas, pero resultó que nos tomamos, entre otras cosas, las famosas y enormes salchichas Currywurst, especialidad berlinesa, con patatas fritas y salsa, ensaladas y las consabidas cervezas, y hasta unos postres y cafés. El lujo nos salió por 15,00 euros (nuevo recuerdo para la hostelería hispana).

El grupo en el palacio de Charlottenburg.
El grupo en el palacio de Charlottenburg.

Tras la comida, aunque habíamos pensado en ir a ver el desfile del Carnaval de las Culturas, una fiesta que celebra la presencia en la ciudad de más de 450.000 inmigrnates de más de 170 países, y debido a la lluvia caída a la hora precisamente de su inicio, decidimos ir a la isla de los museos a ver el primero de ellos: el Museo de Pérgamo, que alberga, entre otros tesoros, el altar de Pérgamo, del que toma obviamente el nombre el museo, y la puerta de Isthar, de Babilionia. Extaordinario, y además dejan, como en todos los museos estatales, sacar fotos, sin flash ni trípode. También nos hace recordar el saqueo que las potencias de cada momento hicieron sobre pueblos como el turco, el persa o el egipcio y de los que los museos franceses, británicos o estos alemanes se nutren hoy.

Altar de Pérgamo
Altar de Pérgamo

A las 18.00 horas en punto se cierran los museos y nos vamos hasta la cercana Alexanderplatz, que viene a ser centro actual de la ciudad, en la que se encuentra el ayuntamiento rojo, llamado así no por su orientación política, sino, como la plaza roja de Moscú, por el color de los ladrillos con los que se edificó. Vemos también el "pirulí" local, la torre de la televisión, orgullo de la ingeniería de la extinta RDA y varias bonitas iglesias, entre las que se encuentra la Mariankirche, que es la más antigua de la ciudad y a cuya vera han ido abriéndose unos cuantos restaurantes y cervecerías en una muy agradable zona peatonal en uno de los cuales aprovechamos para cenar. Se trata de una cervecería moderna, de 1992, pero con aire antiguo, que elabora sus propias cervezas (siempre servidas, al gusto local, no muy frías) y en la que aprovechamos para degustar otra de las especialidades berlinesas: los espárragos, que son de un considerable tamaño y se preparan cocidos y aderezados con diversas salsas, preferentemente holandesa, y se acompañan de patatas, ensalada y/o carnes diversas, como el tradicional Schintzel, o filete empanado de cerdo. Otros manjares que probamos fueron las truchas al vapor o las costillas. En esta ocasión 15,00 euros fueron el precio que pagamos por ponernos las botas (y otro recuerdito para los hosteleros de casa). Tras la cena un pequeño paseo hasta el S-bahn (el ferrocarril suburbano) y vuelta al hotel a dormir de nuevo a pierna suelta tras un día de mucho trajín.

Puerta de Isthar
Puerta de Isthar

El lunes, que resultó ser fiesta en Berlín, lunes de Pentecostés, amaneción gris pero sin lluvia y con temperaturas algo menos bochornosas que los días pasados, así que unos fuimos a ver Gendarmenmartkt, la que pasa por ser la plaza más bonita de la ciudad, con las gemelas y simétricas catedrales francesa y alemana y en medio el palacio de la música y de allí hasta el famoso antiguo paso entre los dos Berlines: el Checkpoint Charlie que hoy es una meca del turismo y un buen negocio para los avispados que se han instalado en la zona a vender los restos del naufragio, pedacitos del muro adheridos a postales, o disfrazados de soldados aliados o soviéticos estampar sellos de caucho en salvoconductos fingidos. Al lado una serie de paneles en alemán e inglés explican la historia y documentan el drama de los años de la división (1961 a 1989). Los escasos restos que quedan del muro hoy están en muchos casos protegidos por vallas para que no se derriben, son un buen negocio, no hay duda.

Checkpoint Charlie
Checkpoint Charlie

No muy lejos de allí se encuentra la exposición denominada "Topografía de los terrores", que documenta al aire libre en lo que fue cuartel general de GESTAPO los horrores anteriores del nazismo.

Topografía de los terrores
Topografía de los terrores

No es de extrañar que con semejante panorama la contestación tanto al comunismo como al capitalismo se haya asentado de manera importante en la ciudad y tenga un fuerte componente libertario que se refleja principalmente en el movimiento ocupa ampliamente extendido tanto por el oeste, desde bastante antes de la caída del muro, como del este tras la desaparición de aquel.

Casa ocupada.
Casa ocupada.La inscripción de fondo blanco dice: "Está saliendo del sector capitalista", al modo de lo que ponían en Checkpoint Charlie.

Volvemos a pasar por la Postdamer Platz a coger el tren que nos llevará hasta la Sinagoga Nueva. Allí, tras pasar rigurosos controles de seguridad y ser severamente advertido de la estricta prohibición de hacer fotos, sacamos una entrada para visitar la cúpula, que resulta ser una decepción total y un mero truco para sacar unos cuartos, ya que no hay literalmente nada en ella, si exceptuamos al vigilante con su mesa y su silla, y además hay que subir un buen trecho de escaleras empinadas para encontrarse con la nada y las escasas vistas de la ciudad a las que se tiene acceso. De la sinagoga propiamente dicha no queda nada, pues sólo se ha reconstruido lo que llaman la "exposición", y que afortunadamente no visitamos, previo pago de la correspondiente entrada, ya que desde fuera vemos que consiste en una pequeña sala con objetos de culto judío expuestos.

Sinagoga nueva.
Sinagoga nueva.

Una cervecita en uno de los muchos patios de vecindad que se abren por toda la ciudad y la posterior comida en un agradable restaurante en el que nos atiende una chica francesa que chapurrea algo de español también y que no deja de servirnos cestas de delicioso pan de baguette para acompañar una comida de lo que por aquí llamarían cocina de autor, como ejemplo: rissotto con filetes de lucioperca y ajos enteros con hojas de tomillo. Y como excepción, dados los buenos precios que aquí tenían los vinos, nos tomamos un par de botellas de un agradable blanco alemán, además de las infaltables cervezas. Y todo ello por 11,20 por cabeza (ya sebes lo que vendría aquí).

Alexanderplatz.
Alexanderplatz.

Después de comer volvemos andando hasta la isla de los museos para visitar especialmente el de antigüedades en el que se encuentra la que llaman la berlinesa más bella: el busto de Nefertiti que no ha sido restaurado jamás y que ciertamente es de una extraordinaria belleza, a pesar de la falta de un ojo por estar inconcluso al parecer. Todos los museos estatales, unos 50, se pueden visitar con un pase para tres días por 15 euros, pase que aunque para dos días habíamos comparado el día anterior pues la visita individual de cualquiera de ellos sale por 8 euros. Tras una pausada visita del museo algunos se fueron a ver pasar el mundo ante sus ojos a una terracita próxima y otros nos hicimos un recorrido maratoniano por los demás museos de la isla deteniéndonos exclusivamente en las piezas que más llamaban nuestra atención. Una inacabable sucesión de cuadros, esculturas, muebles y objetos diversos de todas las épocas y procedencias, según el museo de que se tratase, fueron desfilando antes nuestros ojos. La sola visita de estos museos justifica sobradamente el viaje, aunque lo suyo sería hacerlo de una manera más pausada para poder disfrutar como se merecen estas colecciones y hasta los propios edificios, que están, por cierto, siendo objeto de un proceso de reconversión que durará todavía unos años y que pretende hacer un paseo interior que los una física y temáticamente. Quizás cuando se complete la obra tengamos una buena exclusa, por si hiciera falta, para volver a Berlín.

Busto de Nefertiti.
Busto de Nefertiti.

Acabamos la tarde con un agradable paseo por la avenida bulevard Unter den Linden (Bajo los tilos) que conduce hasta la puerta de Brandemburgo y alberga a ambos lados un buen montón de edificios prusianos de gran interés. Al final de nuestro paseo volvemos a ver la puerta de Brandemburgo, esta vez sin el agobio futbolero y disfrutamos de un agradable atardecer contemplándola.

Puerta de Brandemburgo
Puerta de Brandemburgo

Otros viajeros se acercaron por la mañana hasta la vecina Postdam a ver sus notables palacios y recorrieron otros puntos de interés de la ciudad, ya que hay una buena cantidad de ellos.

El muro. La galería del lado este.
El muro. La galería del lado este.

El día se acaba y con él nuestro viaje, así que, después de visitar la llamada Galería del lado este en la que está el tramo más largo del muro que se conserva gracias a los murales que artistas anónimo pintaron en él, hacemos una cena de despedida en el barrio que sentimos casi como nuestro por estos días: Kreuzberg. Tras recorrer más ampliamente que en días pasados su principal arteria, Oranienstrasse, dimos al fin con un acogedor restaurante en el que servían platos berlineses y que sirvió para cambiar las últimas impresiones de este breve pero intenso viaje aprovechado al máximo.

Espárragos y escalope de cerdo con patatas para cenar.
Espárragos y escalope de cerdo con patatas para cenar.

Al día siguiente ya estaban, media hora antes de la hora indicada, a la puerta del hotel los dos minibases que nos llevarían de vuelta al aeropuerto y una vez allí embarcamos rumbo a casa y conseguimos enlazar incluso con el vuelo de Madrid a Asturias para el que teníamos poco más de una hora de margen quienes nos arriesgamos a ello. Otros compañeros volvieron, igualmente sin contratiempos en un avión posterior o en autocar.

Galería temporal com más de 200 fotos. (sólo durante un tiempo como su nombre indica)

Y para terminar os dejamos un vídeo con algunas imágenes de nuestro viaje:

 


La información práctica la encontrarás en la sección exclusiva para socios.

 

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