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ASTURIAS-ESLOVENIA-CROACIA : AVENTURA MOTERA

(PRIMERA PARTE)

Queridos amigos de AVIMUN:

Ante todo he de deciros que viajé pensando en vosotros: hice un montón de anotaciones para no olvidar ningún detalle que pudiera ayudaros a conocer unos lugares que, os advierto ya de antemano, merecen la pena.
Decidimos hacerlo en moto porque es una de nuestras mayores aficiones, porque tenemos que estrujar lo que nos queda de juventud (realmente fue una paliza) y porque era un factor de aventura que añadir al viaje. Y es que un viaje sin un poco de aventura es casi un contrasentido, ¿no os parece?.
Elegimos estos países por el consejo de un amigo que ha estado allí en varias ocasiones en autocaravana, y nos habló maravillas que ahora pasaré a concretaros. Espero ser yo también un acicate para que os animéis a visitarlos y por supuesto, ¡que os divirtáis leyendo este relato!.

___________________________

A las 10,15 de la mañana, con puntualidad cuasi-británica, nos dispusimos a hacer la inevitable foto de salida (¡qué guapos y descansados estábamos aún!).


salida
Salida


Iniciamos el viaje con una temperatura maravillosa que no volveríamos a catar en muchos días. Tras la parada inexcusable en Unquera para dar cuenta de alguna que otra "corbata", seguimos rumbo al País Vasco, mientras el termómetro iba subiendo grado a grado más que peligrosamente: Bilbao 30º, Vitoria 34º...¡Asturias, patria queridaaaaaaa!.
Llegamos a buena hora al precioso pueblo de Laguardia, en la Rioja alavesa, buen lugar para descansar a mitad de camino hacia Barcelona, pues el sitio merece una visita. Pronto empezamos a degustar las noches achicharrantes ya que el presupuesto no daba para hoteles de cuatro estrellas. La habitación triple con la impedimenta motera colgada hasta de las lámparas empezó a ser algo habitual. Estas estrecheces pusieron a prueba las virtudes de la convivencia y hay que decir que aprobamos con nota: podemos ir a cualquier parte juntos, ¡olé!. Después de ducha y descanso, callejeamos el pueblo. Precioso. Impresionante la Iglesia de Santa María de los Reyes.
Después de una noche con alto riesgo de deshidratación (28º en la habitación) en la que elegimos el concierto perruno antes que amanecer momificados, y aún así acabamos drogándonos a modo de comuna ibicenca, amanecimos dispuestos a enfrentar otro día de calor rumbo a Barcelona.

Salimos a las 10 de la mañana por eso de evitar las horas tórridas del día en lo que fuera posible. Paradas reglamentarias y mucho mucho calor. Llegando a Barcelona a las 4 de la tarde, el termómetro de las motos alcanzaba el pico de 38º. Prácticamente deshidratados llegamos a casa de unos parientes, propietarios de una maravillosa piscina a la que nos tiramos con más fervor que si estuviéramos en Lourdes. Allí descansamos para cruzar al día siguiente todo el sur de Francia y parte de Italia.
Aunque todo buen motero evita las autopistas, no nos quedaba más remedio que hacer los muchos kilómetros que nos esperaban, de ese modo. Nos abrasaron a peajes, pero no había otra. Los elementos se confabularon para hacernos el trayecto bastante durillo: el calor a ratos insufrible, y el viento soplando con una fuerza digna de película de miedo. El tráfico de camiones, increíble. A veces ocupaban enteramente dos carriles de la carretera durante kilómetros y kilómetros.
Pernoctamos en Savona, ya en Italia. Dormimos en un hotel recomendado por un motero italiano que conocimos ese día, ya que en Italia combinar bueno, bonito, barato, es misión más imposible que la de Tom Cruise. Según él, allí no se puede bajar nunca de 3 estrellas si se quieren asegurar unos mínimos. El Hotel Miró, de la cadena Agip, realmente no estaba mal, salvo por el ruido (está pegado a una gasolinera) y por encontrarse muy lejos del centro. Eso sí, allí sí pagábamos el aire acondicionado, pero estaba estropeado y "si tienes calor, te aguantas". Ante nuestra queja, nos confirmaron que estaba estropeado y ni se inmutaron: poned vosotros las estrellas...

A las 10 de la mañana, desayunados y con 300 cc. menos de líquido en los cuerpos serranos (otra noche de 28º), salimos pitando para hacer los 700 kms. que nos separaban de nuestro primer destino: el Lago Bled, en Eslovenia.
Las motos se portaron de maravilla a pesar de las temperaturas y adversidades. Nuestras Aprilia Caponord han resultado ser maravillosas para viajar, cómodas, duras y con una buena dosis de caballos para afrontar tantos kilómetros. Ibamos cargados hasta los dientes, sobre todo Fernando y yo: 3 maletas hasta los topes. Y, a pesar de ello, sin ningún problema.
Las autopistas italianas, por lo general, son peores que las francesas ya que sólo tienen dos carriles, entre otras cosas, pero no así las áreas de servicio, mucho mejores; y además indican a cuántos kilómetros está la siguiente para que puedas calcular los repostajes y otras necesidades imperiosas. Día de mucho calor también pero ya un poco menos. Sin incidencias reseñables llegamos a la frontera de Eslovenia a las 5 de la tarde, la cual nos recibió con un chaparrón que refrescó nuestros recocidos trajes moteros. Y nuestro amigo Carlos protagonizando anécdotas. El chico, tan ceremonioso él, llegado a la primera aduana, comenzó a quitarse guantes y casco para dar fe de nuestra voluntad meramente turístico-festiva, cuando se vió despachado sin más contemplaciones en los dos sucesivos garitos. En la frontera italiana incluso con un gesto de manos fácilmente traducible...

Frontera eslovena
Frontera eslovena

Con no poca emoción por haber llegado al fin, sanos y salvos, a nuestro destino, hicimos las consabidas fotos de frontera "para que conste". El chaparrón se convirtió en tormenta y aprovechamos para tomar nuestra primera coca-cola eslovena y cambiar algo de moneda, aunque luego comprobamos que fue el cambio menos ventajoso de todos los que hicimos en el país (¡vaya tarjeta de presentación!). Aunque en algunos sitios aceptan la moneda europea, es absolutamente necesario cambiar moneda eslovena. En los supermercados (hay una única cadena: ¡la famosa Merkator!) sólo aceptan la moneda patria (léase "sit", abreviación internacional del "tólar", moneda oficial del país hasta ser colonizados por el euro el año que viene).
Una vez descargada la tormenta, nos adentramos en el país. Como si hubiéramos traspasado el Negrón, la temperatura cayó en picado: bajamos de repente a 22º . No fue el único cambio. El paisaje se transformó también de una manera asombrosa. Eslovenia es el decorado de Heidi, no se me ocurre mejor descripción. Prados verde esmeralda, bosques y bosques, montañas, lagos, todo salpicado de casitas de estilo alpino abarrotadas de flores. Se nota cómo cuidan el medio ambiente, la naturaleza, cómo la disfrutan. Es habitual ver familias enteras en bicicleta, haciendo deporte, relajados al aire libre... Lo dicho, de cuento. Casi da grima lo sanos que son...
Llegamos a Bled, pequeña localidad turística situada junto al lago homónimo, en una llanura al sur de los Alpes Julianos, donde habíamos alquilado una casa rural por internet. Y comenzaron nuestras luchas con el idioma. Haciendo honor a su fama de políglotas, los indígenas hablan fluidamente inglés, alemán e italiano, además de esloveno. Y nosotros, haciendo honor a la fama contraria, cuatro palabras de inglés y dos de italiano por las canciones (voláre, oh, oh...). Aún así nos lanzamos sin complejos a ver qué pasaba. Resultado: llegar, se llega a todas partes aunque sea con lenguaje gestual y un mapa; eso sí, dando más vueltas.
El parcial de la moto (Asturias-Bled) señalaba 2.400 kms.
Por fin encontramos la famosa casa, en Zasip, a 3 kms. de Bled: "Pri Biscu".
( www.slovenia-tourism.si/touristfarms ). Absolutamente recomendable. Tiene mucho encanto. El apartamento para cuatro personas era enorme y bien equipado, por 60 € diarios. Los dueños, una gente encantadora, y las reservas funcionan perfectamente. Dan desayunos y cena si se desea, pero ésta última dejaba bastante que desear la única vez que la probamos.

Pri Biscu
Pri Biscu, en Zasip

Como después de 4 días de moto nuestras fuerzas estaban al límite, decidimos concedernos un día de descanso conociendo el maravilloso Lago Bled, dando un paseíto y poco más. El lago es de origen glaciar y tiene un perímetro de 6 km. que puede y debe hacerse a pie, pues es una paseo precioso: de noche, con el castillo y la isla iluminados, y sonando la música en las terrazas, de cine. Si se prefiere, se puede hacer en unos carros de caballos (fijaker) para turistas. En la parte oeste tiene una minúscula isla a la que se puede llegar en una de las numerosas barcas que pueblan los embarcaderos. El lago está rodeado de hermosas playas aptas para el baño. También un club naútico accesible para cualquiera que pague la entrada, con todo tipo de servicios. Yo no pude ni siquiera con eso. Tenía tal cansancio que me hice llevar a mis aposentos y, una vez en el sobre, dormí hasta bien entrada la tarde. Los chicos disfrutaron de un relajante día, se bañaron en el lago por primera vez, constatando que la temperatura de sus aguas es de 22º debido a dos fuentes termales que lo templan, ¡qué maravilla!.

Lago Bled
Lago Bled

Al día siguiente por la mañana fuimos de excursión a la Garganta de Vintgar, a 5 kms. de Bled. Muy bonita pero, siendo de donde somos, no nos impresionó.
Sí lo hizo el que nos cobrasen por entrar 600 sits (3 €). No dejábamos de pensar lo que podríamos sufragar en Asturias cobrando entrada a los extranjeros que nos cobran en sus países y nos pisan gratis el Cares, Covadonga, etc, etc... La verdad es que a veces nos infravaloramos. En este aspecto les damos mil vueltas a media Europa: la naturaleza es un bien común, coño, no se puede cobrar por disfrutarla y admirarla (perdón por el desahogo...)

Garganta de Vintgar
Garganta de Vintgar

De ahí nos fuimos a conocer el otro gran lago esloveno: el Lago Bohijn. También de origen glaciar, es más salvaje y más grande que el de Bled: tiene unos 12 kms. de perímetro Casi no hay infraestructura turística alrededor, sólo playitas, praos y bosque. La temperatura del agua ya más fresquita, pero muy agradable. En él se realizan todo tipo de actividades deportivas y recreativas: remo, bicicleta, parapente... Dimos un paseo, comprobando cómo saben disfrutar los eslovenos de la naturaleza tan privilegiada que tienen, sin voces, respetuosos con el entorno, relajados...Mucho tenemos que aprender: ahí sí. Me llamó la atención también lo cuidados que están siempre los baños públicos, limpios, con papel y jabón, sin pintadas...y sin vigilante (sin comentarios, ¿verdad?). Otra cosa que me sorprendió: las casas no tienen rejas en las ventanas, ni siquiera muros para proteger sus propiedades, ni perros para defenderlas, ni agresivos carteles donde te pronostican todo tipo de desgracias si traspasas sus límites...tiene que ser por algo, ¿no?. Aquí un minuto de reflexión, por favor...
De vuelta a Bled buscamos otro apartamento donde poder quedarnos tres días más de lo previsto inicialmente y seguir conociendo Eslovenia. No fue difícil, pues hay un montón de particulares que alquilan parte de su vivienda a los turistas. En cualquier pueblo las ves anunciadas por todas partes por medio de un letrero con la palabra "SOBE" (¿de sobar?).

A 100 kms. de Bled la Cueva de Postojnska, una de las más grandes del mundo, era una visita inexcusable. Tiene más de 20 kms. de pasadizos y salas. Allí nos dirijimos en un día de mucho calor (31º), menos mal que íbamos a pasar unas horas dentro de un frigorífico de la edad de piedra.

Cueva de Postojnska
Cueva de Postojnska

Cuando llegamos nos sorprendió el montaje cutre-americano en torno a la gruta: una señorita disfrazada de mujer de las cavernas cobrando por hacerte una foto recuerdo en compañía de su lamentable disfraz, todo tipo de tenderetes de recuerdos horteras...en fin, lamentable. Los baños públicos con una cola kilométrica en los que cobraban 1 € por aliviarse, a pesar de haber pagado religiosamente nuestras entradas.
Pero a pesar de todo esto, la excursión merece la pena. La visita, con guía, dura hora y media. Comienza con un recorrido en un trenecillo como de parque de atracciones. A los que no hubieran sido tan previsores como nosotros, bien enfundados en nuestros trajes de moto, se les facilitaba una capa verde de paño para no morir en el intento, ya que la temperatura en el interior es de 8ºC con una humedad del 100%.
Ahí protagonicé una anécdota pardilla. Sin tener en cuenta el temperamento centroeuropeo, me lancé a ayudar a un mocetón del vagón anterior al nuestro que no atinaba a estirarse el jersey por la espalda. No puedo describir lo atónito de su cara ni la sarta de apelativos que me dedicaron los chicos por tamaña osadía, ¡sólo a mí se me ocurre...!
Por eso de los símiles literarios, la cueva parece salida de Harry Potter y la cámara secreta (la capa verde también ayuda a meterse en el colegio Hogwarts): verdaderamente alucinante, con una iluminación que aún la hace más misteriosa. Lo dicho, imprescindible. Un aviso: el recorrido del tren es suicida para los que sobrepasen los 1,90 de altura...
De regreso, paramos en un pueblo absolutamente peculiar por sus edificios renacentistas y barrocos: Radovljica. Ha sido colonizado por artistas y artesanos, como puede verse por la cantidad de galerías de arte, tiendas pintorescas y saborcillo cultural. Muy bonito, con muchísimo encanto y sobre todo, diferente.

Radovljika
Radovljika


Al día siguiente tocaba excursión de montaña y ¡qué excursión!...Camino de Kranska Gora, la célebre estación de esquí de los campeonatos del mundo, recuerdo perfectamente la impresión al ver las primeras moles de piedra. Paramos en el borde de la carretera y estuvimos por un momento pasmados contemplando aquello: Pirineos y Picos de Europa juntos...majestuoso.

Alpes Julianos
Alpes Julianos

Ascendimos el Paso Vrsic (1.611 m.), cogiendo las curvas de 180º con muchísimo tiento, por un firme adoquinado que debió de idear un enemigo de las dos ruedas, a ratos en primera por el desnivel...y aún así, nunca vimos tantas motos de tantas nacionalidades, de tantos modelos: fue como una pasarela de novedades del ciclomotor. Hay que decir que, al menos ese día, éramos los únicos representantes de los moteros patrios, todo un honor.
Una vez salvado el puerto, nos internamos en un valle glaciar precioso con unos pueblos verdaderamente de cuento: Trenta, Soca, Bovec...En esa última localidad arranca el camino a la cascada de Boka que tiene una caída de 100 m. Hicimos el trayecto con un calor de espanto (31º), pero pudimos al menos refrescarnos con las gélidas aguas. La vista era más bonita desde arriba, por otro camino, pero no estuvo mal la excursión.
A la vuelta paramos en lo alto del puerto para disfrutar de las vistas y nos encontramos con un impuesto muy curioso: sólo al que para, ahí está lo curioso, le cobran por contaminar su fantástica naturaleza (700 sits las dos motos). Por lo visto contamina sólo el que para...Además no nos dieron ningún tipo de tiquet, lo cual generó mosqueo a Carlos, que fotografió al "cobrador" para denunciarlo en el primer pueblo, pero por lo visto era todo legal. Así que el sujeto, a poca ética que tuviera, sacaría un sobresueldo interesante...¡y luego decimos de España!. Cuando bajamos, paramos también para conocer una capilla ortodoxa construída en memoria de un batallón de soldados rusos que murieron allí durante la segunda Guerra Mundial. La capilla es una monada, y transmite mucha emoción. Así lo reflejamos en el libro de firmas.

Paso Vrsic
Capilla ortodoxa en el Paso Vrsic

Después de cenar nos dimos un paseíto andando hasta Bled para contemplar el lago iluminado. Lo hicimos varias noches y siempre mereció la pena.

Haciendo gala de nuestra independencia por más apretada que haya sido la convivencia en tantos momentos de este viaje, el siguiente día realizamos por primera vez planes separados.
Carlos decidió disfrutar de los encantos del lago tranquilamente todo el día; y Fer y yo, nos dispusimos a conocer la capital eslovena: Ljubliana.
Nos sorprendió muy agradablemente por cierto, en contra de lo que nos habían dicho. Merece la pena una visita, por supuesto.
Después de un via crucis a 32º buscando un parking para dejar la moto, nos internamos en un mercadillo al aire libre lleno de puestos de antigüedades y objetos curiosos. Compré algunos pequeños recuerdos siempre teniendo muy en cuenta el tamaño y la consistencia del material. La verdad es que disfruté de lo lindo y hubiera comprado un montón de cosas de haber viajado como la gente sensata: en coche por lo menos.
Callejeamos toda la zona antigua, comimos en una terracita a la sombra y subimos hasta el castillo con la lengua en el suelo, y la verdad es que esto último no merecía la pena: no es más que un pastiche de mil estilos completamente restaurado.
Mientras comíamos nos sorprendió el desparpajo de un pajarín esloveno que en su afán de hacerse con las migas, acabó comiendo de nuestro plato sin asustarse lo más mínimo (¿será el resultado del respeto por la naturaleza que hay en este país?...¡alucinante!).

Ljubliana
Ljubliana


Cuando volvimos a Zasip, nos encontramos con la casa rural cerrada: no habíamos caído en que era domingo. Así que tuvimos que esperar pacientemente a que llegara nuestra ansiada ducha fresquita. Yo me uní a una celebración de cantos regionales y esas cosas que tenían montada en el pueblo por algún acontecimiento relacionado con la capillita de la Virgen que teníamos al lado de nuestra casa. Luego se unieron los demás y pasamos un rato muy agradable confraternizando con la población. Fueron muy simpáticos con nosotros y, a pesar de la incomunicación impuesta por la torre esa de Babel, acabamos brindando por España y Eslovenia. Eso sí, el vino era putrefacto. Que no debe ser un país de vinos lo comprobamos cuando, harta de la ley seca, me lancé a comprar en el famoso Merkator una botella de vino: gran reserva, 7 €. Cuando fui a abrirlo y comprobé que tenía tapón de plástico, me eché a temblar; pero cuando por fin lo probé, tuve verdadera querencia del tetra brik de Don Simón: no tengo nada más que decir.
De todos modos cumple la función desinhibitoria igual, porque pudimos escuchar signos inequívocos de unas mangadas impresionantes el resto del día.


La siguiente jornada nos la concedimos de descanso en el lago salvaje. Alquilamos bicis y nos recorrimos los 12 kms. que lo bordean, más a pie que sobre las dos ruedas, dado el estado del camino. Nos bañamos varias veces en un agua mucho más fresquita, hicimos fotos colonizando un islote que bautizamos "Perejil" y disfrutamos del entorno.

Bohijn
Islote "Perejil" en Bohijn

Por la tarde, afortunadamente ya en casa, se desató una tormenta de campeonato. Pocas veces hemos oído semejantes truenos.
Como habíamos decidido quedarnos en el país unos días más para descansar y hacer alguna otra excursión, nos trasladamos a otra casa más cerca de Bled. Ganamos en cercanía con el lago y en tranquilidad; todo tiene su lado bueno. La casa, que era particular pero costaba igual que la otra, tenía menos encanto pero no estaba mal. Una vez instalados, nos fuimos a dar un bañito al lago y compartimos césped con un montón de moteros que nos hicieron recordar nuestras salidas astur-leonesas. Estos venían de la vecina Austria en su mayoría: tampoco están mal sus excursiones...
Después de una tranquila comida en nuestro nuevo apartamento y una siesta reparadora, nos fuimos a remar al lago. Unos con más pericia que otros, pero todos con buena voluntad, hicimos brazo; eso sí, el desembarco en la isla que está en medio, por poco acaba con Fer a remojo: una pierna en la barca y la otra en el embarcadero, mientras la corriente la separaba de la orilla...Y eso que somos de puerto de mar. Conocimos al pintor del lago: misma instantánea en distintas tonalidades, dedicadas y con certificado de autenticidad. Le compramos dos como recuerdo y charlamos un rato con él en ya no me acuerdo qué idioma, pero nos reímos un montón. Vivía en Radovljica, ¡cómo no!.

Como nos había dicho nuestro guía espiritual (un recuerdo aquí para nuestro amigo Juan Ramón, que con sus consejos e información nos ayudó tanto a aprovechar el viaje), el Parque Nacional de Logarsca Dolina es una belleza casi ausente de turismo masivo. Allí nos dirijimos muy descansados después de la jornada de asueto. Comimos en una estación de esquí (sin nieve, claro) que era realmente un paraíso natural, aunque no debería darles pista sobre nuestro emblema regional... La pena es que la carretera discurre por bosques continuamente y, parafraseando al poeta, los árboles no te dejan ver los montes. Atisbábamos unas posibilidades de excursiones montañeras de lujo, pero tendría que ser en otra ocasión; este viaje no daba para más. Los chicos caminaron hasta una cascada muy anunciada sin tener en cuenta que en esas fechas y en dichos saltos, cae menos agua que en Almería, y vinieron un poco decepcionados. No así yo, que me eché una siestecilla encima de un banco-tronco que me supo a gloria.

Logarska Dolina
Parque Nacional Logarska Dolina

A la vuelta consideramos que sería conveniente evitar la carretera por la que habíamos venido (¡terrible!) y decidimos hacer el camino entrando y saliendo de Austria, por otro lado. Ya estábamos entonando grititos tiroleses, cuando al volver a entrar a Eslovenia (¡milagro!) nos piden la documentación. No quisiera escribir esto, la verdad, pero la armé: no llevaba el pasaporte. Me puse nerviosa y comencé a explicar a aquel aduanero con cara de pasmo, por supuesto en español, que no pensábamos haber cruzado fronteras, que íbamos de excursión, etc, etc...Él agitaba los brazos diciendo algo así como ¡document! ¡document!..No sabía tampoco la dirección de la casa donde nos alojábamos, ni el teléfono, ni el nombre de nadie del país...Juro que me ví en chirona. Creo que me salvó el tiquet de entrada al parque nacional para avalar mi historia y sobre todo, que me dejaron por imposible. Cuando corrí a la moto porque me hizo la señal de que me fuera de una p...... vez, me temblaban las piernas como enchufadas a la corriente.
Esa noche nos despedimos del maravilloso lago Bled con un paseo a la luz de la luna, ¡adiós!.

 

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