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CRUCERO POR EL MEDITERRÁNEO (I)

Siento no tener ninguna nueva experiencia que contar de esta ultima Semana Santa, ya que no tenemos por costumbre desde hace muchos años salir de nuestra ciudad durante ese periodo vacacional, y lo más cercano se remonta al mes de octubre del año 2.003 que pasamos una semana navegando por el mar Adriático en nuestro segundo crucero.


Realmente la segunda vez, el primero fue por el Mediterráneo, pero me refiero al crucero en si, es cuando empiezas a aprovechar el tiempo. En la primera experiencia, el despiste es la forma diaria de convivir en el barco, ya que estás continuamente prestando atención a las llamadas y advertencias de los altavoces de a bordo, excursiones, actividades, horas de salida de llegada etc. es decir que vas un tanto rígido cumpliendo la normativa a rajatabla, ¡¡ es normal!! no quieres pasar por un pardillo.


Nuestro primer crucero por el Mediterráneo como os he dicho, fue la toma de contacto con este tipo de vacaciones que, a bordo de un barco te facilita enormemente los días de relax (solo tienes que abrir las maletas una sola vez y visitas cinco o seis destinos) a veces en diferentes países; también es cierto que esta vez, lo hicimos con nuestro hijo de 12 años y que se lo pasó bomba.


El siguiente, el pasado año y durante el mes de Octubre nos embarcamos mi mujer y yo y también nos divertimos enormemente.


El primer día, tomamos un avión en Madrid con destino al aeropuerto Marco Polo de Venecia donde nos recogieron y nos trasladaron al transatlántico de nombre Blue Dream R-5 que era una auténtica mole, yo que sé la de cubiertas que tenía, el camarote era más amplio que en el primero y bastante más cómodo; ¡ el baño igual de diminuto !; pero en ambos casos todo muy limpio y algo más coqueto el segundo, además teníamos ventana con vistas a babor. Comimos a bordo y aprovechamos la tarde para descansar y preparar en recepción las tarjetas de crédito interior que te permiten entrar y salir del barco, comprar a bordo y pagar toda clase de servicios que no entran en el bono de viaje, como son las bebidas, los servicios de peluquería, spa, etc. y recorrimos las diferentes partes del barco hasta la hora de la reunión que es algo obligado en esta clase de viajes, es decir: nos presentaron el staff con el capitán incluido y toda la programación que se va a desarrollar a bordo , nos invitaron a un cóctel y después todos a cenar en su turno, y acabada la cena cada mochuelo a su olivo.


Al día siguiente nos levantamos temprano para desayunar y a aprovechar la mañana visitando Venecia. Desde el mismo atraque Bacino Estazione Marítima nos embarcamos en un vaporetto que por 5 euros cada uno y a través del Canale della Guidecca, nos dejó en la misma plaza de San Marcos.


El paseo matutino fue el presagio de un buen día, a nuestra derecha contemplábamos los palazzos de la isla de Guidecca, todos al nivel del agua y a la izquierda desde la zona portuaria desde el terminal de San Basilio y siguiendo la fondamenta Della Zattere hasta punta della Dogana.


En un ambiente magnifico y con un cielo maravilloso, visitamos la catedral (hay que hacer cola) es bonita pero muy mal conservada, dentro nos encontramos en una capilla lateral una reunión de cocineros que vestidos con sus gorros y traje de faena (el de lujo) estaban celebrando algún ritual, pero no pudimos enterarnos de que se trataba por que era una reunión privada y no era posible el acceso. También rodeamos el Palazzo Ducale hacia la Riva degli Schiavoni donde el espectáculo de las góndolas invitándote a conocer Murano o Burano es espectacular. Desistimos de alquilar un vaporetto y visitar las islas, más bien a comprar los artículos que te ofrecen los diferentes artesanos del cristal y preferimos dirigir nuestros pasos hacia la zona antigua de la ciudad.


Tomamos dos cortados en un cafetería de la Plaza San Marcos que nos costaron 12 €, por cierto para ir al baño es un poco complicado por que el acceso está restringido y tienes que pedir una llave para poder entrar. Es preferible utilizar los baños públicos por que están muy limpios y solo cuestan 0,50 €.


Nos sumergimos en zona antigua de la ciudad por las calles estrechas y llenas de sabor, con sus comercios nuevos y los de toda la vida, paseando llegamos hasta el Rialto.
Es casi imposible hacer una fotografía en las escaleras del puente del Rialto sin que alguien se cruce entre la modelo y tú, toda la zona está llena de tenderetes y bares y para más INRI están las principales paradas de los vaporettos. Cruzamos el puente y nos dirigimos hacia la Fondamenta del Vin, toda llena de restaurantes casi al borde del agua y nos dirigimos hacia la Chiesa di S. Polo que no pudimos entrar por que estaba cerrada, pero la plaza del mismo nombre es muy recoleta y tranquila.


Volvimos sobre nuestros pasos para dirigirnos hacia Cà d´Oro pero desde la orilla de enfrente, ¡era un vista excepcional! había una luz que capturamos en unas fotografías, que parecía de atrezzo. Nos dirigimos hacia el Campo della Pescheria, que como su nombre dice era una lonja de pescado, cubierta, pero toda diáfana. Como ya se acercaba la hora de comer, preguntamos por algún restaurante y no supieron indicarnos, así que volvimos por la calle San Giovanni y la R. Vecchia y entramos en una tasca muy bien ambientada donde tomamos un buen vino tinto, unas excelentes tapas y no fue caro.


Cerca de la Plaza Sole a la calle Arco, vimos un restaurante que tenia expuestos pescados y mariscos en su escaparate y entramos. El salpicón, la lubina y el rape era fresco pero soso, el propietario nos recomendó un cava de Venecia que no estuvo mal, pero como el pescado. La cuenta ascendió a 120 € sin postre.


Regresamos al Rialto y mientras mi mujer daba una vuelta por los puestos yo me aposenté en una mesa a los pies del puente para saborear un helado y un expresso.


A media tarde, tomamos un vaporetto que nos dejó en el embarcadero de la Piazza Roma y andando (el último esfuerzo) llegamos al barco.


Para ser la primera jornada, me he extendido una barbaridad y deseo no haber aburrido a nadie, si desean una segunda entrega del crucero, con mucho gusto intentaré ser más ameno.


Un saludo.

 

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