Desde hacía tiempo tenía ganas de
conocer Polonia, uno de los poquísimos países de Europa
que me faltaba por visitar, y además quería hacerlo
en invierno para experimentar unas condiciones climáticas
que esperaba fueran de nieve y frío intenso, así que
aprovechando una oferta de Ryanair me allí con otros tres
amigos y miembros de AVIMUN del 13 al 20 de enero de 2007.
Wroclaw. Iglesia de la Santa Cruz y Catedral.
El vuelo salía de Valladolid, aeropuerto
llamado "Villanubla", el que avisa no es traidor, y a
nuestra llegada nos encontramos con la relativa sorpresa, pues desde
León era todo niebla espesa en la carretera, de que todos
los vuelos de la mañana habían sido cancelados a causa
de la niebla, así que casi dábamos por perdido el
vuelo, salvo las chicas que siempre confiaron en que saldría,
y esperamos acontecimientos. A la hora prevista se abrió
el mostrador de facturación y el avión salió
con toda puntualidad. ¡Qué suerte!
Íbamos vía a Londres (Stansatead)
arriesgándonos a algo que la propia compañía
recomienda no hacer: enlazar dos vuelos de la propia compañía.
Teníamos tres horas entre nuestra llegada, puntual, a Londres
y la salida de nuestro siguiente vuelo a Wroclaw (Polonia) y fue
más que suficiente a pesar de los rigidísimos controles
británicos de seguridad. Aviso para viajeros: vueles con
quien vueles sólo se puede pasar UN bulto de mano, y eso
quiere decir exactamente eso, nada de bolso de señora y trolley
de cabina, por ejemplo, todo tiene que caber en el único
bulto, que debe cumplir además con rigor las medidas máximas
permitidas (a uno de nosotros, por ejemplo, le hicieron meter su
bolsa, que cumplía justo las normas, en el receptáculo
que tienen a tal efecto) y a la entrada del control de seguridad
había básculas para controlar de nuevo el peso en
caso de que pensaran que llevabas de más.
A nuestra llegada a Polonia, 21.30 hora
local (la misma que en España y una más que en Londres)
el banco para cambio de divisas estaba cerrado (cierran a las 20.00
decía el cartel), pero afortunadamente, y en previsión
de esa situación, habíamos concertado nuestro traslado
al hotel con el mismo, así que allí estaban esperándonos
el conductor y el recepcionista con lo que en menos de una hora
estábamos ya alojados en el hotel, que decidió participar
en el programa AVIMUN de mejores precios garantizados y que recomendamos
sin dudarlo tanto por la relación calidad/precio como por
la eficiencia de su personal y la excelente ubicación que
nos permitió ir a pie a todas partes, salvo a la estación
de tren, igualmente próxima, a nuestra partida por mera comodidad
y dado lo razonable de los precios.
Panorama del Rynek de Wroclaw.
La ciudad de Wroclaw está muy
bien conservada y cuenta con multitud de atractivos para la visita.
Su impresionante plaza del mercado, o Rynek en polaco, la catedral
y numerosas iglesias entre los elementos arquitectónicos,
y una buena cantidad de cafés, restaurantes y lugares de
diversión propiciados tanto por el turismo, inexistente en
la práctica en esta época del año, como sobre
todo, por su ambiente universitario. El río Odra, que atraviesa
la ciudad le da un encanto especial añadido.
Vídeo de fuegos artificiales en
la plaza del mercado (Rynek) de Wroclaw.
Por tratarse de una ciudad llana se pasea fácil
y cómodamente y todo lo interesante es fácilmente
accesible a pie, siempre que el alojamiento lo tengas, como era
nuestro caso, en un lugar cercano al Rynek.
Patinando sobre hielo en el Rynek de Wroclaw.
Si cuando compramos los billetes, a mediados de
noviembre, esperábamos nieve y frío, antes de nuestra
salida los pronósticos del tiempo eran bastante distintos,
y en todo el país no había una gota de nieve y durante
nuestra estancia las temperaturas no bajaron más allá
de 4 bajo cero y el cielo estuvo azul la mayor parte del tiempo
y con un agradable sol invernal. Esto del cambio climático
va en serio. No es normal que haya hasta margaritas en los jardines
de Polonia en enero.
De Wroclaw nos fuimos en tren directo a Cracovia,
atravesando zonas campesinas, industriales y mineras. Tren limpio,
cómodo, puntualísimo, como todo en el país,
y con buena calefacción, al menos en primera clase, que elegimos
por lo económico del precio (61,50 zlotis por persona, unos
15,86 euros por cuatro horas de trayecto). Revisiones frecuentes
de billetes y paradas breves en las estaciones intermedias. Comemos
en el tren algunas cosas que adquirimos en la misma estación
(fruta, pasteles, etc.).
A la llegada a Cracovia vamos en taxi hasta el hotel,
por las maletas sobre todo, ya que estaba también muy bien
ubicado cerca de la estación y del centro.
En Cracovia, ciudad más grande que Wroclaw,
pero muy similar, nuevamente la plaza del mercado o Rynek que es
el centro neurálgico de la ciudad y todo muy al alcance del
paseo.
Mercado de Paños en el Rynek de Cracovia.
Visitamos todos los lugares de interés, numerosas
iglesias, siempre con gente orando, muchos jóvenes incluidos,
lo que nos lleva a pensar que debe ser el país más
católico del mundo en la actualidad, la catedral, el castillo,
el barrio judío, con sus sinagogas, uno de los cementerios
judíos más grandes y antiguos de Europa, algunos museos,
especialmente recomendable el etnográfico para quienes gusten
de la cultura popular. Todo inmaculadamente limpio, nada de confundir
el tipismo con la guarrería como en tantos otros sitios que
no han visto un paño de limpieza pasar por las piezas expuestas
desde su fundación.
Cracovia. Catedral y entrada a Castillo Wawel.
El río Vístula sirve como en Wroclaw
el Odra, para añadir encanto a la ciudad. Igual que Wroclaw
también el pasear es una delicia y la orientación
muy fácil.
Reloj del Collegium Maius de Cracovia.
La animación es aún mayor en Cracovia,
que cuenta también con una prestigiosa universidad, cuyo
Collegium Maius es digno de visita, en la que estudió, entre
otros, Copérnico.
Basílica de Santa María. Cracovia.
La ciudad cuenta también con numerosísimos
restaurantes, cafés y pastelerías. La oferta gastronómica
es variadísima, y así nosotros, además de comida
polaca (pierogi, una especie de ravioli grandes con rellenos diversos,
cerdo en distintas preparaciones y salchichas de varios tipos) aprovechamos
la ocasión para comer en restaurantes indios, mejicanos,
georgianos, vegetarianos e italianos. Todos ellos muy agradablemente
decorados y con comida, siempre abundante en las raciones, y cerveza,
en vasos de medio litro, a precios muy asequibles. Una comida a
la carta con cerveza incluida nos solía salir por no más
de 9,00 euros por persona en restaurantes excelentes. Eso sí,
los cafés y los postres nos parecieron muy caros para el
ingreso medio local (de 796,00 euros por persona en 2006, frente
a los 1.538,00 euros de los españoles para el mismo año,
casi el doble pues).
Pierogi
Los precios en general nos parecieron caros para
el nivel de sueldos y parece que hay muchas diferencias ya entre
grupos sociales que tienen acceso a artículos de lujo de
las conocidas marcas internacionales, y la mayoría de la
población que de contentarse con mirar. Las cosas están
más o menos como en España, salvo la comida en los
restaurantes y el transporte público que son más baratos,
y algunas otras algo más caras incluso.
Panorama del Rynek e Cracovia.
También hicimos una visita dura pero que
pensamos que no podíamos dejar de hacer al campo de exterminio
de Auschwitz, o de Oswiecim en polaco. Hasta allí fuimos
en autobús local atravesando pueblos con edificaciones grandes
y de buen aspecto y rodeados de campesinas que iban o venían
de comprar y vender en algún mercado local. Parece que en
los pueblos hay aún grandes diferencias con las ciudades
y se ve escaso o nulo comercio y otros servicios, sólo casas,
instalaciones agrícolas e industriales. Los restos del antiguo
régimen, para bien o para mal, son más evidentes en
estas pequeñas poblaciones.
Auschwitz
El antiguo campo de exterminio, en el que además
de judíos fueron encerrados y asesinados miles de gitanos,
polacos, rusos y hasta españoles, es hoy un museo en el que
se han reconstruido las condiciones de "vida" de las distintas
épocas por las que atravesó el campo. El horror salta
por todos los lados. La crueldad sistemática y perfectamente
organizada queda expuesta sin alardes innecesarios pero de forma
clara e inequívoca.
Vídeo del campo de concentración de Auschwitz
La tarde anterior a nuestra marcha nos sorprende
con un poco de lluvia, que arreciaría más tarde y
con un fuerte viento que duró toda la noche, y que más
tarde nos enteraríamos que fue el conocido como temporal
Kirill y que causó varias docenas de muertos en distintos
países de Europa. Afortunadamente de nuevo por la mañana
había cesado y pudimos despegar sin novedad rumbo a Santander
vía Londres nuevamente, donde tendríamos ocasión
hasta de tomar un poco el sol mientras comíamos unos bocadillos
al aire libre en pleno enero.