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VIAJE DE AVIMUN A ROMA

Los días 14 a 17 de mayo de 2005 realizamos un viaje a Roma promovido por AVIMUN aprovechando que un "puente" local en la ciudad de Oviedo, al que se sumaron socios de Gijón que disponían también de ese tiempo libre. Los puentes locales son un momento excelente para viajar tanto por razones económicas como de saturación de viajeros en los destinos.

Partimos de Oviedo los 16 viajeros que formábamos el grupo en cuatro coches particulares a las 10.10 de la mañana del sábado 14 con destino al aeropuerto de Santander, al que llegamos, sin paradas, a las 12.15. El aparcamiento del aeropuerto se ha quedado pequeño debido a los nuevos vuelos de compañías de bajo precio y está siendo ampliado en la actualidad, pero recomendamos ir con tiempo pues no resulta fácil aparcar. De momento el aparcamiento es gratis, pero ya vimos que estaban instalando máquinas para el cobro, así que es un dato importante a tener en cuenta si se va a dejar un coche varios días a efectos de presupuesto.

Habíamos adquirido con meses de antelación los billetes de avión a Ryanair por un precio inferior a los 60,00 (sesenta) euros. Ojo a la tarjeta empleada para la compra, pues sólo está exenta de recargo la Visa electrón, de débito, y el resto llevan recargos variables, que en cantidades pequeñas suponen un porcentaje nada desdeñable. El día antes de la partida los mismos billetes estaban a 229,27 euros en adquisición individual y a 369,27 si se adquirían en grupo de 10 (no había ya plazas para 16), así que nuestra recomendación de comprar con la mayor antelación posible se justifica más que sobradamente.

La facturación no presentó ningún problema y los billetes electrónicos, esta clase de compañías, como casi todas están haciendo ya al menos en algunos trayectos, no usa billetes convencionales de papel, funcionaron correctamente, a pesar del cambio de horario que exigió una confirmación sólo posible para la mayoría por correo electrónico, ya que los teléfono que ofrece Ryanair en su página no funcionaron adecuadamente (uno simplemente no existe según mensaje que se recibe del operador telefónico, y el otro sólo le funcionó, tras varios intentos a una persona) así que atención a la comunicación telefónica con ellos. Los precios bajos de los billetes son producto, entre otras cosas, de unos servicios de atención al cliente muy limitados.

El vuelo fue puntual tanto a la salida, 14.30 (recuerda que la bebida y comida a bordo es de pago, y cara) como a la llegada, a las 16.20. Dos furgonetas de transporte de viajeros que habíamos concertado (10,00 euros por persona y trayecto) estaban esperándonos y en unos 30 minutos llegamos a nuestro hotel del centro (dato que junto con los enlaces y otras informaciones prácticas está en la sección reservada para socios y amigos registrados), con lo que a las 18.15 estábamos saliendo por la puerta del hotel, tras acomodarnos y refrescarnos, dispuestos a patear, cosa que hicimos a fondo, esta hermosa ciudad.

Como el tiempo era excelente, cosa que sucedió en todo el viaje, salvo la mañana de nuestra partida que amaneció lloviendo, a pesar de algunos pronósticos que habíamos consultado, pudimos caminar y disfrutar del callejeo a la ciudad. Roma es un lugar que tanto por los problemas de transporte público (metro sólo con dos líneas y, salvo para el Vaticano, más bien poco práctico, y autobuses atestados y problemáticos, y taxis caros) como por ser en lo esencial llana, se presta a ser caminada y a disfrutar así de los múltiples rincones que ofrece al viajero curioso, tanto los propiamente monumentales como los no menos atractivos espacios vitales.

Un paseo de unos 90 minutos, con paradas para ver tranquilamente cuanto nos interesó, nos llevó, atravesando la zona de los foros imperiales y el omnipresente monumento a Víctor Enmanuel, el de más grande tamaño de toda Italia, y el teatro de Marcelo, que es un ejemplo del sentido práctico de los romanos que con el paso del tiempo lo han convertido en viviendas, hasta el encantador barrio del Trastévere, que como su nombre indica es el que se encuentra al cruzar el río Tíber, al oeste de la ciudad, junto al cual hay numerosos lugares de interés, templos, arcos e iglesias. Barrio popular desde la antigüedad clásica conserva un entramado de callejuelas delicioso y lleno aún, a pesar de la "invasión" del barrio por nuevas élites adineradas aunque con un aire artístico, de cierto sabor popular.

Templo de Hércules
Templo de Hércules, popularmente conocdo como de las vestales, a orillas del Tíber.

La visita de Santa María de Transtévere, en la que se celebraba un acto religioso con música y coros en directo, fue especialmente apreciada por los viajeros. Cenamos correctamente en una de las muchas pizzerías de la zona por unos 14,00 euros por cabeza y volvimos al hotel por una ruta distinta parte del grupo para admirar los foros y el Coliseo aprovechando la iluminación nocturna que les presta un encanto especial. Sobre la una de la madrugada nos retiramos a descansar.

Coliseo
Vista nocturna del Coliseo.

El día siguiente dedicamos la mañana los más del grupo, a visitar, nuevamente a pie, Santa María la Mayor, el Palatino, el Coliseo (por fuera algunos de nosotros, ya que entre el relativo poco interés debido al estado calamitoso del interior, sobre todo cuando se han visto otros ejemplos en magnífico estado de conservación, como el del Djem en Túnez, y la espantosa cola que había que soportar, la visita al interior no fue unánime) los foros imperiales y el Campidoglio. Nos dimos el lujo de comer al aire libre, teniendo por mesa y asiento restos de nobles capiteles y columnas romanos, en un pequeño a cuyos pies está el Coliseo. Y tras una reparadora siesta a la sombra nos pusimos de nuevo en marcha para recorrer la zona del Quirinal, la fontana de Trevi, y la Plaza de España, con algún alto para tomarnos unos deliciosos helados y alguna cervecita, bastante carilla por cierto.

fontana de Trevi.
La fontana de Trevi.

Un alto para cenar, de nuevo aceptablemente, en otra pizzería, a unos 14,00 euros por cabeza, y disfrutar un rato de la fontana de Trevi con la iluminación nocturna, y menos gente que de día. Un nuevo paseo hasta el hotel y una cervecita en una terraza próxima y nos vamos a la cama pasada la medianoche.

El lunes dedicamos la mañana a visitar el Vaticano, a donde llegar en metro a primera hora no nos libró de tener que soportar una larga cola, casi dos horas, para poder acceder, previo pago de 12,00 euros por cabeza, los estudiantes menos, a los museos vaticanos, en los que el lujo, que alguien calificaba de obsceno, rebosa por doquier. Alguno entretuvo las horas de cola en hacer las cuentas de los ingresos que los museos vaticanos, con la Capilla Sixtina como atracción principal, suponen para la iglesia católica, las cifras son multimillonarias, un gran negocio sin duda. Sorprendentemente está permitido hacer fotos, sin flash, en el interior de los museos, salvo en la Capilla Sixtina.

Archivos secretos del Vaticano
Acceso a los Archivos secretos del Vaticano.

Tras la visita museística vino la de la plaza y basílica de San Pedro, donde algunos que prendieron subir a la cúpula acabaron renunciando por la nueva cola que había. Un refrigerio a la sombra de las columnas de la inmensa plaza nos permite también contemplar el espectáculo de esta especie de Parque Temático en que consiste el Vaticano. Muchos comentaron que, tanto siendo ésta su primera visita a la ciudad como la segunda o tercera, si volvían a Roma el Vaticano no figuraría entre los lugares a visitar.

Parte del grupo de AVIMUN
Parte del grupo de AVIMUN en la Plaza de San Pedro.

La tarde se nos fue en visitar, entre otros lugares, el Castillo y puente de San Ángel, el bellísimo Panteón, la jesuita iglesia de Jesús y la Plaza Navona, en cuyas cercanías acabamos cenando, con mejor fortuna en lo servido que en el trato de su propietaria o gerente.

El cansancio se apoderó de una parte de los viajeros que optó por volver al hotel en autobús mientras otros les despidieron diciendo, con aplomo pero sin convicción, que les esperarían tomándose una cerveza en una terraza próxima, La "profecía", gracias al mal servicio de autobuses, se cumplió, y quienes llegamos andando de nuevo al hotel nos vimos sorprendidos al ver que no habían llegado aún. Les acabamos sacando media cerveza de ventaja cuando entre risas nos reencontramos poco antes de irnos a dormir bien entrada la noche.

El lunes amaneció fresco, plomizo y lloviendo con cierta fuerza. Mientras nos compadecíamos de los nuevos viajeros que llegaban a la ciudad bajo la lluvia pensamos en la suerte que habíamos tenido con el tiempo que nos permitió recorrer a pie, que es la manera de ver algo más que los monumentos y de sentir el pálpito de una ciudad, Roma.

La vuelta al aeropuerto nos ofreció el único contratiempo de un viaje breve pero intensamente disfrutado cuando a la hora acordada, las 9,30, no aparece más que uno de los dos vehículos que habría supuestamente de llevarnos al aeropuerto. Llamadas y gestiones diversas no conseguían que apareciese el segundo vehículo y los minutos iban pasando mientras el nerviosismo aumentaba ante la cada vez más probable pérdida del vuelo. Al final acabamos los 16, con nuestros respectivos equipajes, metidos en una furgoneta concebida en teoría para 9 personas, contando al conductor, que aprovechaba sus conversaciones por el móvil mientras desayunaba un trozo de pizza al tiempo que conducía para informar a sus interlocutores de lo que estaba haciendo. El tintado de las lunas y una adecuada ocultación ante los ojos de los carabinieri que custodiaban las inmediaciones del aeropuerto nos permitió pasar sin más contratiempos y llegar al aeropuerto para tomar el avión de vuelta a las 11.45. Moraleja: si vuelves por tu cuenta al aeropuerto asegúrate de tener tiempo de sobra para conseguir un transporte alternativo en caso de problemas.

A la llegada a las 13.50 a Santander unos volvieron directamente a Oviedo y otros aprovechamos para comer, sin pena ni gloria, en la hermosa Santillana del Mar y darnos un agradable paseo antes de regresar a casa poniendo fin a un viaje breve pero intenso.

Texto y fotos de Enrique Quirós

 

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