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VIAJE DE AVIMUN A PORTUGAL (REGIÓN DE TRAS-OS-MONTES)

Salimos en tres coches los diez viajeros de AVIMUN de nuestro lugar habitual de partida en Oviedo a las 8.50 de la mañana del jueves 24 de marzo de 2005 rumbo a Braganza, en la región de Tras-Os-Montes, una de las zonas más recónditas y menos frecuentadas de Portugal. Decidimos recorrer una pequeña parte de esa región con la intención de poder disfrutar de un viaje razonablemente tranquilo en plena Semana Santa, uno de los momentos tradicionales de más aglomeraciones y viajes por carretera, pues es una parte de Portugal muy poco frecuentada tanto por los propios portugueses como por los españoles que por esas mismas fechas llenaban hasta la bandera otros lugares del país como Lisboa.

A las 13.30 cruzábamos la antigua frontera, hoy totalmente exenta de cualquier clase de fuerzas policiales de ambos países. Una frontera que aún presenta los viejos edificios aduaneros en estado de ruina y abandono en cuyas proximidades se inicia la hoy turística "Ruta de los contrabandistas" que sigue los pasos de quienes antaño se dedicaban a esos menesteres entre ambos países.

Una parada para reponer fuerzas a la vera de un río en plena sierra y Parque de la naturaleza de Montesinho nos permite llegar a Braganza a las 15.45, una hora menos en Portugal.

Montesinho
Comida campestre en el parque de Montesinho

Nos alojamos en el excelente hostal "Residencial Classis" que hemos de inscribir en nuestro Libro de honor de AVIMUN por una multitud de motivos: inmaculada limpieza, excelente relación calidad-precio, servicios propios de establecimientos de más pretensiones (mini bar con precios razonabilísimos, secador de cabello, etc.), una gran amabilidad y atención con los clientes y además una ubicación centriquísima.

Después de alojarnos y descansar brevemente iniciamos el callejeo por la localidad visitando especialmente la ciudadela, un recinto medieval amurallado pero aún habitado en su interior, y los monumentos que en ella se encuentran: el castillo (cerrado a nuestra llegada), la Domus Municipales, una singular obra de la arquitectura civil tardo medieval único en la Península Ibérica y la iglesia de Santa María.

Domus
Vista nocturna de la Domus municipalis de Braganza

Vuelta al centro de la ciudad y visita de la Sé o Catedral, el convento de San Francisco y diversas iglesias menores pero no por ello exentas de encanto.

Una paradita para reponer fuerzas en una céntrica "pastelaria", costumbre ésta agradablemente extendida por todo el país, donde es posible encontrar estas pastelerías en casi cualquier sitio y en las que se pueden tomar, además obviamente, de pasteles dulces, algunos tentempiés salados, cafés y otras bebidas.

Un nuevo paseo por diversas calles nos ocuparía el tiempo hasta la hora de la cena, que hacemos en un restaurante recomendado por nuestro socio portugués Fernando, buen conocedor de la zona, y que amablemente nos ofreció diversas pistas de las que más se agradecen pues no salen en las guías al uso.

Y tras la que sería la primera de nuestras "jornadas del bacalao", como luego serían bautizadas merecidamente, nos fuimos a la cama para descansar.

El viernes 25 amanece cubierto y con amenaza de lluvia, que en ocasiones hará su aparición a lo largo de los días, pero con la buena suerte de que casi siempre nos pillaba en momentos en los que no impedía el paseo a pie por los distintos lugares.

Tras desayunar y dejar listo el equipaje visitamos el interesante Museo del Abad de Bacial, que alberga una colección de objetos muy diversos, tanto artísticos de diversas épocas como más etnográficos. Como en tantos otros lugares de su clase "No foto".

Y camino de nuestra siguiente localidad principal, Vila Real, nos desviamos un poquito para visitar la aldea de Romeu, lugar encantador que alberga además un "Museo de Curiosidades" que hace honor a su nombre, pues en él se encuentran desde colecciones de antiguas gramolas a máquinas de coser, automóviles de época , artículos de escritorio y otras muchas "curiosidades". Aunque oficialmente es también un museo "No foto", al final de la visita su cuidadora nos autoriza a tomar algunas fotos de lo expuesto en el piso inferior.

Romeu
Decimonónica bicicleta del Museo de Curiosidades de Romeu.

Aprovechando que había una pequeña tiendecita de venta de productos regionales (vino, licores, miel y poco más eran los único productos disponibles en toda la aldea) nos hacemos con unas botellitas de unos deliciosos caldos locales (blancos y tintos) que nos sirven para improvisar una comida al aire libre en una placita con mesas de piedra que nos vienen al pelo. Descubrimos que hay un restaurante, único en el pueblo, en el que parece que se come muy bien dado el número de coches locales que llegaron a la hora del almuerzo.

Tras la comida viajamos bajo una intensa lluvia hasta Vila Real donde nos instalamos rápidamente y salimos a lo nuestro: a callejear. Dada la festividad de Viernes Santo se celebraba una procesión en la que desfilaron, además de las habituales autoridades, cuerpo eclesiástico y fieles, los boy scouts, el ejército y los bomberos, institución ésta de gran importancia a lo que se ve en toda la zona, como ya en viajes anteriores hemos tenido la ocasión de apreciar.

Vila Real
Procesión del Viernes Santo en Vila Real

En el callejeo de rigor visitamos diversas capillas e iglesias, la catedral, iglesia de Santo Domingo estaba cerrada por obras, y también algunas casonas señoriales y hasta le echamos un vistazo al cementerio entre los barrotes de sus rejas. Y no faltó tiempo para tomarnos unos vinitos y presenciar ensimismados como preparaban con la coordinación y gracilidad de un ballet una especie de emparedados de carne, tomate, jamón y queso cubiertos con una peculiar salsa de cerveza con licores en un Snack bar modesto pero concurridísimo, sobre todo por jóvenes, en un espacio reducido y sin necesidad de pronunciar palabra. Acordamos con otros viajeros, gallegos, de los pocos que encontramos por la zona, y contemplaban tan absortos como nosotros la operación, que nos repartiríamos el mercado de los emparedados en nuestras respectivas comunidades.

Por la noche nuevas jornadas del bacalao, acompañado en esta ocasión de algunas carnes y embutidos típicos de la región. También hubo tiempo para que los más noctámbulos nos pudiéramos tomar unas copas en un pub de la localidad antes de retirarnos.

A la mañana siguiente, sábado 26, tras la obligada visita a la decana de las "pastelarias" locales, casa fundada sobre 1.925 si la memoria no me falla, vamos a visitar el Palacio de Mateus, ese que ilustra las botellas del conocido vino rosé del mismo nombre, situado a pocos kilómetros de Vila Real en al carretera que la une a la población de Sabrosa. Es un palacio, todavía habitado parcialmente por los descendientes de los antiguos propietarios, del siglo XVIII atribuido a Nicolau Nasoni y que representa uno de los mejores ejemplos de la arquitectura barroca portuguesa. Además tiene unos bonitos jardines que recorremos a golpe de paraguas, pues llueve intermitentemente.

Palacio de Mateus
Palacio de Mateus

A continuación, camino de Chaves, nuestro último destino, nos detenemos en la localidad de Vidago a tomar un café en el otrora albergue de reyes del Gran Hotel, hoy un establecimiento quizás un poco venido a menos pero que conserva parte del encanto de antaño, que la fuerte lluvia que cae contribuye a realzar.

Gran Hotel de Vidago.
Comedor del Gran Hotel de Vidago.

Llegados a Chaves empleamos el resto de la lluviosa tarde en una primera visita a la ciudad unos y otros en las clásicas compras de los famosos "atoalhados" portugueses en los "Grandes Armazens" muy próximos a nuestro hostal. La posibilidad de pasar la tarde en sus conocidos baños termales se fue al traste pues estaban cerrados por obras.

Para resarcirnos de la lluvia cenamos opípara y auténticamente en otro de los establecimientos recomendados por nuestro buen amigo Fernando, un sitio difícil de encontrar pero que mereció sin duda el esfuerzo. Junto con las carnes, especialmente tiernas y sabrosas, el bacalao preparado con un par de las más de 365 recetas que se dice que los portugueses tienen para este sabroso pescado. Unas copas rápidas, pues el cansancio y el sueño hacían mella en algunos, ponen fin a la jornada.

La mañana del domingo 27 la dedicamos a recorrer el Castillo, los diversos fuertes y distintas iglesias locales, así como el puente romano y a callejear, esta vez sin lluvia y hasta con algunos rayitos de sol, por la ciudad.

Chaves
Canalón y cartel de una pastelería de Chaves.

Y al mediodía nos despedimos de esta región y sus gentes, que tan cordialmente nos acogieron, y tras una parada en Verín para comernos unas tapas de pulpo y carne de caldero continuamos viaje hasta llegar a Oviedo poco después de las nueve de la noche.

Unos días tranquilos y llenos de variados encantos en pleno bullico de la Semana Santa y además por menos de 200,00 euros todo incluido, como dicen las agencias de viajes, con la no pequeña diferencia de que estuvimos absolutamente a nuestro aire y entre amigos, en lo que es el estilo AVIMUN de viajar.

Enrique Quirós

 

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